viernes, 12 de octubre de 2012

La vida en sordina - David Lodge


Ya he hablado de David Lodge en otra ocasión. Entonces se trataba de El mundo es un pañuelo, un libro muy metalingüístico, cuyo tema era en realidad el lenguaje y la literatura. En esta ocasión, el lenguaje sigue siendo una parte importante del libro, pero la historia tiene muchísimo más peso y está mucho mejor construida.


El protagonista de la historia es el catedrático de lingüística Desmond Bates. Este hombre tiene tres problemas básicos: en primer lugar, se está quedando sordo, se siente viejo e inútil por haber jubilado de forma anticipada, y su mujer se ha vuelto muy dinámica y con un aspecto rejuvenecido. En segundo lugar, una estudiante de doctorado le pide ayuda con su tesis, y Desmond descubrirá que esa chica, Alex Loom, está extremadamente loca y le causará un sinfín de problemas. En tercer lugar, su anciano padre se niega rotundamente a abandonar su casa por un asilo, y se está volviendo senil. Estos tres conflictos se entrecruzarán, dando lugar a una aventura que yo definiría como muy humana: con Desmond te vas a reír, pero también vas a llorar. Cuando Desmond se equivoque debido a la sordera, te vas a reír; cuando consiga algún éxito sexual con su mujer, Winifred, te vas a alegrar; cuando el estado de salud de Harry, su padre, empeore, quizá hasta eches alguna lagrimita. Como digo, es una experiencia muy completa como historia, muy variada y satisfactoria.

Pero todo ello no deja de lado nunca el tema del lenguaje. Desmond no capta bien lo que dicen otras personas, y se emplean muchos juegos de palabras en el libro, jugando con la fonética. Muchos de ellos, por desgracia, son intraducibles, así que el traductor, Jaime Zulaika, incluye algunas notas explicándolos cuando la traducción es imposible. También se percibe el afán de Desmond, profesor de lingüística, por analizar el lenguaje que usan otras personas. Así, durante una conversación, por breve que sea, leeremos las reflexiones (mentales o en voz alta) sobre la forma de hablar de los interlocutores. El tema de la tesis de Alex Loom es el lenguaje utilizado en las notas de suicidio, y también se analizan y comentan. La muerte es, también, uno de los temas principales del libro, con todo lo que la rodea (vejez, achaques y enfermedad): Desmond se siente viejo e inútil, y asistir al desmoronamiento de su padre no le va a ayudar mucho. Me recuerda bastante a la biografía de Mr. E, Things The Grandchildren Should Know, y la descorazonadora descripción de la enfermedad de su madre. Pero aquello era real, esto es ficticio (por lo que sabemos) y tiene un gran mérito haber construido una ficción tan realista, con todas las pequeñas miserias inherentes a la situación descrita.

El libro se estructura como una especie de diario personal de Desmond, en el que alterna entre la primera y la tercera persona para hablar de sí mismo (de nuevo la experimentación lingüística), y en el que va narrando, día a día, sus desventuras con la sordera, sus fracasos con Winifred, las excentricidades de su padre y las locuras de Alex Loom. Hablando de las excentricidades de su padre, son de las mejores que he leído nunca, me recuerdan al libro Mi vida en rose de David Sedaris. En ambos, el padre es una figura que lleva el ahorro a un extremo surrealista, guardando comida podrida en la nevera, dejando la casa helada para no gastar en calefacción, no comprando ropa JAMÁS…


Es un libro esencialmente divertido, y el humor lo impregna todo, como lo hacía en El mundo es un pañuelo… al menos, hasta el último tercio del libro, que deja paso a una melancolía y una tristeza muy profundas y conmovedoras. Eso es la vida: la alternancia de momentos muy buenos y otros muy malos. Los buenos los disfrutas más sabiendo que podrán llegar otros malos, y los malos los soportas sabiendo que terminarán por dar paso a otros buenos.

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