martes, 9 de octubre de 2012

Gargantúa y Pantagruel





Seguramente habréis escuchado alguna  vez la palabra “pantagruélico”, que hace referencia a una cantidad excesiva de comida. También, si habláis inglés, habréis escuchado la palabra gargantuan, que significa pantagruélico, o exagerado en general. Pues bien, ambas palabras hacen referencia a dos obras del señor François Rabelais, un escritor francés del siglo XVI. Tuvieron que haber sido grandes obras, o al menos obras muy polémicas, para que su fama sobreviva hasta nuestros días. Durante la clase de Civilización francesa, nos hablaron mucho del Gargantúa y el Pantagruel como obras clave del Renacimiento francés, y después de un tiempo, he terminado por leérmelas. He aquí mis conclusiones:













Todo empieza con un libro anónimo sobre un gigante llamado Gargantúa, que tuvo gran popularidad. Rabelais decide que utilizar un gigante como protagonista es una buena idea, y se inventa al hijo de Gargantúa, Pantagruel. Escribe con el pseudónimo de “Alcofribas Nasier”, acrónimo de François Rabelais y un nombre muy gracioso. El Pantagruel es una joya. Tengo marcadas páginas y páginas de frases para el recuerdo. Pero antes, tengo que intentar describir el tema del libro. El Renacimiento es un momento de cambio. La Edad Media, que había durado unos 10 siglos, de pronto se transforma en otra cosa. El cambio es brutal, y la voluntad de creación y de mejora resultarán muy provechosas (aunque también tiene su lado oscuro: la copia del modelo de la Edad Antigua traerá de vuelta el machista y patriarcal derecho romano, entre otras muchas cosas que duran hasta el día de hoy). Así, Pantagruel es un hombre renacentista, un hombre educado que se dedicará a burlarse y a derrumbar los rígidos esquemas medievales. Y lo harán (Pantagruel y Rabelais) mediante orina, heces y obscenidades. Le dará la vuelta a todo lo que se consideraba sagrado e intocable, se burlará de los supuestos sabios, de los nobles héroes antiguos, de la solemnidad de la lengua latina, del amor cortés... Pantagruel se embarca en una especie de Odisea con una serie de compañeros a cual más estrafalario (Epistemón y sobre todo Panurge, el de la gran bragueta), recorriendo Francia, desfaciendo entuertos y también liándola parda, robando campanas e inundando ciudades a base de meados. Son muy frecuentes las listas: listas imposibles de alimentos que ingiere Pantagruel en el desayuno; listas de libros en latín con títulos como La aparición de Santa Gertrudis a una monjita de Poissy cuando estaba preñada, El culo pelado de las viudas o La palurdez de los prestolanos, que son críticas feroces a la Iglesia y a los beatos; listas de antepasados de Pantgruel, nombrando a todos los gigantes mitológicos; listas interminables de insultos…



Pero prosigamos con nuestra historia. Por supuesto, la Iglesia no quería ni oír hablar de Rabelais y su libro obsceno y sacrílego. A los dos años, Rabelais publica el Gargantúa, su propia versión de aquel libro anónimo que lo había empezado todo. Es un libro más largo y ambicioso. Si el Pantagruel era “una especie de Odisea”, el Gargantúa es una especie de Ilíada: el conflicto central, una vez los personajes han sido presentados y han corrido una larga serie de escatológicas aventuras, es la invasión de las tierras de Grandgousier, el padre del joven Gargantúa, por parte del rey Picrochole, un rey que muchos compararon en su momento con nuestro Carlos I de España (y V de Alemania). Presenciaremos el nacimiento de Gargantúa, bastante asqueroso (ya que su madre se había dado un atracón de callos poco antes del parto, y para qué os voy a contar más) y toda una declaración de intenciones (al llorar, Gargantúa no lloraba diciendo “Bua, bua”, sino “a boire, a boire” (¡a beber, a beber!). Gargantúa crece, inventa un limpiaculos, recita a su padre fabulosos poemas con la mierda como tema, tiene una adolescencia muy licenciosa hasta que su padre lo pone en cintura, consigue educarlo y convertirlo en un joven de gran entendimiento y prudencia, que salvará el reino de su padre del enemigo. Aquí también tenemos las famosas listas del Pantagruel, pero aumentadas y mejoradas: listas de juegos a los que jugaba Gargantúa en una misma tarde, listas de los objetos y animales con los que limpiaba su principesco culo, todo lo que hacía Gargantúa cuando llovía y cuando no, listas de los territorios que pretende conquistar Picrochole (Francia, Galicia, Portugal, España, Túnez, Argel, Mallorca, Menorca, Córcega, Cerdeña, Génova, Florencia, Roma, Nápoles, Sicilia, Malta, Chipre, Jerusalén, Asia Menor, Lidia, Frigia, Misia, Bretaña, Normandía, Flandes, Holanda, Suiza, Luxemburgo, Lorena, Champaña, Suavia, Baviera, Austria, Noruega, Suecia, Dacia, Groenlandia, Escocia, Inglaterra, Irlanda, Prusia, Polonia, Lituania, Rusia, Valaquia, Transilvania, Hungría, Bulgaria y Turquía)…



La descripción de luchas y batallas es violenta y cruda, no todo van a ser caca y pis, pero siempre con un toque paródico y exagerado. Es un libro mucho más completo, que sabe utilizar los puntos fuertes del Pantagruel, los amplía y añade además elementos nuevos como la parodia de la épica y el militarismo. En definitiva, dos libros muy recomendables, extremadamente divertidos de leer y con los que se aprende bastante, también (Rabelais era partidario de enseñar mediante la risa). Saludos.


4 comentarios:

Algunenano dijo...

Siguiendo con el vocabulario inicial: gargantuesco es uno de los tamaños (Creo que el más grande) que podía tener un monstruo en D&D.

Loscercarlos dijo...

No sabía, jajaja. Hasta ahí llega la influencia de Rabelais!

Anónimo dijo...

Hola! Tengo que hacer un trabajo sobre esto, y no me acabo de aclarar... entonces él fue el verdadero autor de la historia original o cogió la anónima y la hizo suya? Gracias!

Loscercarlos dijo...

Por tarde que llegue la respuesta, aquí está: Gargantúa es un personaje que Rabelais remodela, es decir, que la idea original no es suya, es anónima.