jueves, 11 de octubre de 2012

Épica de fin de semana - 2ª parte


¿No has leído aún la primera parte? ¡Aquí la tienes!
Seguimos con la segunda. Imagino que ya sabréis lo que esconde en realidad el relato. ¿Alguien lo sabe?


―Joder, después de eso yo ya me habría ido para casa.
―Y yo, te juro que lo intenté, a esas alturas yo sólo quería irme a mi casa con mi novia. Pero estaba lejísimos y le pedí a un colega, Eolo, que nos llevara, que tenía el coche cerca. Les dije que podíamos seguir la fiesta en mi barrio. El Eolo supermajo, nos llevó hasta allí, y ya estábamos en la puerta de mi casa cuando uno que iba un poco mal echó la pota dentro del coche y le manchó todo el asiento. Eolo se cabreó mazo, cerró las puertas y empezó a conducir como un loco, alejándose a toda pastilla de mi casa. Nos llevó a un descampado a tomar por culo y nos dijo que nos bajáramos, que estaba hasta la polla de nosotros y que éramos unos borrachos. Pero si te digo la verdad, no sé quién iba más borracho, si se le fue la pinza de esa manera. Estaba tan cabreado que nos tuvimos que bajar,  y el tío se fue.
―Vaya marrón, otra vez a tomar por saco de tu casa.
―Ya te digo. Y después nos pusimos a dar vueltas, a ver si descubríamos dónde estábamos. Vimos un montón de gente y nos acercamos. Al poco me di cuenta de que eran yonquis y vagabundos, y les dije a mis colegas que era mejor irnos. Pero antes de que pudiéramos organizarnos, nos empezaron a tirar piedras como locos, y otra vez volvimos a perder a un par de colegas. Como no teníamos móviles, no volvimos a verlos en toda la noche. Ya era tarde, hacía frío y no sabíamos dónde ir. Al final encontramos un bareto y allí nos metimos. Estábamos allí tan anchos y de pronto entra una gitana y empieza a decirnos no sé qué de las rayas de la mano. Se puso pesadísima y la mandamos a la mierda. Yo me fui a mear, y cuando volví, te juro que estaban todos mis colegas a cuatro patas gruñendo como si fueran cerdos. Y de la gitana, ni rastro. Estaban todos como hipnotizados, y aunque al final conseguí que entraran en razón, ninguno me pudo decir cómo habían acabado así. Me dio muy mal rollo y les dije que nos fuéramos de allí.
Todavía seguíamos en el culo del mundo y no sabíamos como volver a algún lugar reconocible. Vimos otro bar, uno que se llamaba El Infierno, que tenía pinta de heavy, y como no había nada más cerca decidimos entrar, aunque sólo fuera para preguntar cómo llegar a mi casa. Ponían una música superalta y estridente, y el local estaba decorado con antorchas y calaveras. No te lo creerás, pero había allí gente que conocía. No sé cómo habían terminado allí, pero estaban Aquiles, Áyax, Patroclo, todos borrachísimos y ni nos reconocieron. Mis colegas se fueron a repostar y yo le pregunté a la camarera cómo podía llegar hasta mi casa. La camarera me pareció que en realidad era un tío, pero no estoy seguro. Me dijo que tenía un camino chungo, que tenía que atravesar la calle de las putas, y luego la esquina de Escila con Caribdis, donde se solían currar los skin heads y los punks.
―Joder, menuda perspectiva.
―Al final conseguí mover a mis colegas de una vez y seguimos las indicaciones del camarero. Llegamos a una calle llena hasta arriba de putas y la atravesamos lo más deprisa que pudimos, aunque no hacían más que llamarnos y se nos colgaban de los brazos. La verdad es que nos regalamos la vista. Después vimos un montón de gente alineada a los dos lados de la calle: en un lado, todos rapados, con botas y chupas; y en el otro, tíos con crestas, pantalones de leopardo y una pinta acojonante. Estaban todos insultándose, llevaban palos y cadenas, y teníamos miedo de pasar. Pero yo tenía más ganas de llegar a mi casa, así que lo intentamos. Decidimos acercarnos al lado de los punks, que parecían menos peligrosos, pero no sirvió de nada: se nos echaron encima y dieron de hostias a seis de mis colegas. Los demás intentamos ayudarles, cuando vinieron corriendo los skins y se volvieron todos locos. Yo me intenté defender y sacar a mis amigos de allí, pero me metieron una hostia en la cabeza y me caí al suelo. Me desperté al rato, solo, tirado en la calle, sin móvil, y ni rastro de mis colegas.


Dentro de poco, ¡el desenlace de esta historia! ¿No sabéis todavía en qué está "inspirado" este relato? ¡Qué poco me conocéis!

2 comentarios:

Kahuna Nui dijo...

Muy creativo, aunque reconozco que me pierdo en los paralelismos menos reconocibles.

Loscercarlos dijo...

¿A saber?