sábado, 27 de octubre de 2012

El lobo solitario y su cachorro - volumen 4: Viento negro / volumen 5: La noche de los colmillos



Continuamos (las entradas anteriores, aquí y aquí) con las aventuras de Itto y Daigoro Ogami, con los volúmenes 4 y 5 de El lobo solitario y su cachorro. ¡Cuánto cuesta comprarlos, y qué rápido se acaban! En total, unas 700 páginas que me he terminado en dos o tres días. ¡Pero no es culpa mía! ¡Qué le voy a hacer yo si hay páginas y páginas de imágenes sin texto, de primeros planos de ojos furiosos y espadas afiladas!

Antes de nada, tengo que decir que odio esta edición de los cómics. Ya van dos números que vienen mal cosidos y pegados, con hojas que se me despegan, lomos que se abren con crujidos y alguna que otra hoja descentrada. Por no hablar de las faltas de ortografía que encuentro ocasionalmente, ni del imperdonable error de titular incorrectamente un volumen: el tomo cinco se llama “La noche de los colmillos”, pero en la portada exhibe orgulloso “La colina de los lobos”, que es el título del tomo tres. No sigo porque no terminaría.

En realidad no se llama así...

En estos dos tomos, se empieza a equilibrar la balanza: antes, la mayor parte del cómic mostraba rasgos de la cultura y la historia japonesas mediante estos “encargos” de asesinato que lleva a cabo Itto, dejando entrever en dosis mínimas la historia de este asesino y sus enemigos. Ahora, los enemigos de Itto, los Yagyu y los ninjas Kurokuwa se le acercan peligrosamente, lanzando a sus mejores luchadores contra él. Los encargos de asesinato aquí son mínimos, es más frecuente que Itto se encuentre con alguna injusticia y decida intervenir (lo cual sin duda humanice al personaje). Los duelos son cada vez más frecuentes y emocionantes, porque no hay nada que pueda vencer a Itto, a su incomparable técnica y a su inteligencia. Resistirá ataque tras ataque, estrategia tras estrategia, trampa tras trampa. El cómic va tomando una forma mucho más interesante y adictiva (si hubiera seguido siendo una sucesión de aventuras autoconclusivas, sin argumento, seguramente lo habría terminado abandonando).

Retsudo Yagyu, el malo de la función y objetivo final de Itto

Entrañable
El mundo que muestra El lobo solitario y su cachorro sigue siendo cruel, malvado y miserable, con gobernadores y administradores corruptos y avariciosos, campesinos muertos de hambre y vulnerables a los caprichos de los samuráis, mujeres que son prostituidas y violadas al quedarse sin familia ni protección, traiciones entre amigos, intrigas y odios… Itto encaja bien en este Japón tan hostil. No es un héroe, es un demonio asesino y vengativo, pero sí lo es para aquellos a quienes ayuda. Daigoro, el hijo de Itto, poco a poco va demostrando que el padre no bromea al decir que los dos son uno mismo: Daigoro está dispuesto a matar, a resistir golpes o humillaciones, a pasar hambre y frío. Pero no nos engañemos: el pobre niño es una víctima más de la venganza de Itto contra los Yagyu, pues le ha privado de una infancia feliz y lo ha arrastrado tras él a una vida de sangre y muerte.





Por supuesto, también en estos dos tomos aparecen elementos de la cultura japonesa con los que me resulta difícil empatizar: unos yakuza matan a uno de los suyos por no saber saludarlos debidamente (el saludo, si uno es un jefe, exige dejar fuera del puño el dedo pulgar, y si se es un subordinado, hay que esconderlo: ¿tanto les costaba imaginar un saludo claramente reconocible, para que nadie pudiera joderla por equivocarse en algo tan nimio?) e Itto entabla un combate contra un samurái contra el que ya peleó en otra época, y que le cae bastante simpático, sólo para demostrar cuál de sus técnicas es realmente superior. Pero poco a poco empiezo a familiarizarme con estas cosas tan chocantes (si bien sigo sin entenderlas). Seguiremos con el volumen 6 cuando mejore la economía (la mía, no la del país, que esa va para largo). ¡Saludos!

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