viernes, 21 de septiembre de 2012

Troilo y Crésida - William Shakespeare


Este curso pasado, para la asignatura de Literatura comparada, tuve que leerme una obra de Shakespeare, Agitalanzas para los amigos, y hablar de sus características y su traducción. En un rápido repaso a la obra de Shakespeare, me decidí claramente por una obra de “tema clásico”: Troilo y Crésida. Y me sorprendió lo que encontré en sus páginas. Se trata de una historia paralela a la guerra de Troya, en la que dos troyanos, el héroe Troilo, hijo de Príamo y hermano de Héctor, se enamora de la bella Crésida, hija de Calcas y sobrina de Pándaro. Tras consumar su amor, no sin obstáculos, se desencadena la catástrofe: los troyanos intercambian a Crésida por Antenor, cautivo de los griegos. Pero lo peor no es eso: lo peor es que, una vez en el campamento griego, Crésida acepta los galanteos de Diomedes, y se entrega a él voluntariamente, con Troilo asistiendo a la escena oculto. Es un momento descorazonador, en el que Troilo no sabe qué es mayor, si su odio por Diomedes o su desprecio por Crésida. Y la historia acaba dentro de la batalla: luchan Troilo y Diomedes, luchan Menelao y Paris, y también Aquiles y Héctor. El final… tendréis que leerlo.

Troilo descubre la asquerosa verdad

El género de la obra no está muy claro: ¿es una tragedia o una comedia subida de tono? Y sé lo que me digo: en ambos bandos, griego y troyano, hay dos personajes, Tersites y Pándaro, que son lo más zafio y vulgar que te puedes encontrar: los juegos de palabras, los insultos directos y las bromas obscenas están a la orden del día. Todo tiene doble sentido, son una especie de Tobias Fünke, pero conscientes de lo que hacen. Y es que Troilo y Crésida tira por tierra la mitificación de las obras clásicas: aquí los personajes son seres miserables e incompletos. Áyax es un bobo inexpresivo y Aquiles es un falso héroe y un cobarde. Héctor no muere a sus manos en un duelo justo (que ni si quiera en la Ilíada era justo), sino a manos de una horda de mirmidones mientras estaba desarmado, con Aquiles mirando desde lejos. Es inevitable, como inevitable era en la Ilíada para los corazones bondadosos, ponerse de parte de los troyanos, que cuentan con dos héroes honorables y buenos: Héctor y Troilo. Los griegos son poco mejores que unos vulgares salteadores de caminos.

Es una buena obra, muy interesante (aunque algo difícil de seguir, especialmente en inglés, debido al vetusto lenguaje) y mucho mejor en inglés que en español (muchos juegos de palabras se pierden en la traducción).

¡Saludos!




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