miércoles, 12 de septiembre de 2012

Los temas de conversación

No hace mucho, discutía con un amigo la siguiente cuestión: cuando hablamos con una persona, reducimos nuestros temas de conversación a un máximo común divisor. No podemos hablar de nuestros sentimientos más profundos o de la sensación que nos produjo un pasaje concreto de un libro con el primero que se cruce. Hay dos razones por las que reducimos los temas de conversación: porque no conocemos a la persona, o porque la conocemos y sabemos que no tenemos mucho en común.

De modo que reducimos el tema de conversación a algo con lo que ambos estemos familiarizados. Si se trata de compañeros de un curso, probablemente hablemos sobre los profesores o las clases. Si es un amigo de un amigo que hemos encontrado en una fiesta, hablaremos sobre bebidas, otras fiestas o la música que está sonando. Si se trata de un desconocido total, con el que intentamos entablar conversación, habrá que recurrir a la política o la economía. Y si realmente estamos hablando con una persona por mera cortesía, pero no tenemos absolutamente nada que ver con ella (o no lo sabemos), habrá que recurrir al tema universal, al tema que todo el mundo conoce: el tiempo. "Parece que va a llover", "Está refrescando", "El tiempo está loco", etc.

Este fenómeno no es muy distinto, en realidad, a lo que ocurre cuando intentamos aprender lenguas. Todo el que aprende una lengua extranjera se imagina hablándola perfectamente, como un nativo, expresándose de forma precisa, con un vocabulario rico, ligando con las mujeres y bromeando con los colegas. Y nos damos de bruces con la cruda realidad: si no somos capaces de hablar de esa forma en nuestra lengua materna, jamás conseguiremos hacerlo en una nueva. Nuestro nivel máximo de aprendizaje y uso de lenguas extranjeras está limitado por el de nuestra lengua materna.

Y una de las mejores partes de una conversación o una relación con otra persona es ir ampliando poco a poco los temas de conversación y la profundidad de los mismos, descubriendo qué "zonas de conocimiento" tenemos en común. Se empieza hablando de aficiones y se llega a la lectura, de ahí a la ciencia ficción, de ahí a un autor concreto, a un libro concreto y a un personaje. O pasamos a la música, a un grupo, un álbum, una canción o un concierto en el que estuvimos.

Y también por eso, por un simple principio matemático, cuando aumenta el número de participantes en una conversación, es muy probable que los temas de conversación se vean reducidos: es muy probable que los participantes sean un 3, un 2, un 5 y un 7, y que se vean reducidos a hablar del tiempo, que sería el 1; no es tan probable que se trate de un grupo de "seises" que puedan hablar de todo lo que se les ocurra.

Y también hay quien no conoce este sencillo principio, quien no duda en hablar con pasión a cualquiera que se acerque sobre la época dorada del rock o sobre las distintas versiones de Joker. Se arriesga a que lo consideren un friki absoluto, alguien que no es capaz de reprimir su afición por algo y compartirla únicamente con quien la comparte, valga la redundancia. Y eso me parece imprudente, sí, pero sin duda valiente. Demuestra que siente las cosas que le gustan con una intensidad tal que ignora las convenciones sociales.

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