jueves, 27 de septiembre de 2012

Los temas de conversación 2




La cuestión de los tema de conversación es tan enrevesada y compleja que no me basta con la entrada anterior; aún hay unos pocos pensamientos circulando por la cabeza ahora mismo (y más que ha habido y habrá).

Terminamos el otro día hablando de aquellas personas que no siguen las normas de selección de temas, y concretan demasiado con cualquiera. También es muy común tener un conocido (o incluso amigo) con el que sólo hablamos de un tema concreto, un tema en el que sabemos que coincidimos y tenemos mayor o menor afinidad. Y a veces resulta extremadamente complicado conseguir abrir otras vías de conversación con esas personas, salir del campo que ambos dominamos y adentrarte en otros en los que quizá discrepemos radicalmente.

Y así, cada uno toma al otro por un friki de ese tema: nuestra percepción es que esa persona no es capaz de hablar de otra cosa, ni con nosotros ni con nadie. A menudo hace falta escuchar una conversación con una tercera persona para darnos cuenta de que -¡oh, milagro!- efectivamente se puede hablar con él de algo más que de videojuegos o de heavy metal. A mí me pasa muy a menudo.

Y qué agradable es descubrir, de la forma que sea, que tenemos más en común con una persona de lo que hasta entonces habíamos pensado: que no sólo nos une el tipo de plataforma en la que jugamos a los videojuegos, sino también nuestra visión política o nuestros autores literarios favoritos.

Nunca resulta fácil, en otro orden de cosas, hablar con un niño. Uno no sabe si tratarlo como a un bebé, y reducir nuestra intervención a “gugu, gaga” o empezar a hablar de lo que a nosotros realmente nos interesa. ¿Qué temas domina un niño, y en qué grado? ¿Hablamos de tazos y de Gormiti? ¿Del cole, de la Nintendo? ¿Hablamos como si nosotros mismos fuéramos niños? ¿Nos va a tomar el niño por imbéciles? Esa dificultad se ve aumentada, exponencialmente, cuando tenemos que comunicarnos con un niño en una lengua extranjera. Si nuestro dominio de la lengua materna no es perfecto, no digamos ya hablar con un niño en inglés. Nos han enseñado un lenguaje estándar, además de algunos rasgos coloquiales y otros formales, pero intentar hablar con un niño en otra lengua es muy complejo, requiere utilizar un registro muy concreto y especial, que nadie nos enseña. Es un registro que nosotros mismos utilizamos hace años, pero sólo en nuestra lengua materna, y es por eso por lo que lo imitamos, intentamos recordar cómo hablábamos cuando nosotros éramos niños. Pero hacer esto en otra lengua es punto menos que imposible, porque ni lo hemos aprendido en los libros ni lo hemos utilizado nunca en nuestra vida.

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