viernes, 14 de septiembre de 2012

Imán – Ramón J. Sender



Hablaremos hoy del último libro que he leído: se trata de Imán (1930), la primera novela de Ramón J. Sender. Es una novela que describe y denuncia la realidad de la guerra, en este caso la guerra de España y Marruecos, en la que se produjo el famoso "Desastre de Annual". La historia se cuenta a través de un personaje llamado Viance, un joven aragonés que se ve arrastrado a esta guerra, que absorberá su juventud, su vitalidad y su ilusión. Si tuviera que compararlo con otro libro, sería La Peur, de Gabriel Chevallier, publicada también en 1930, y que también se regodea en la miseria y el absurdo de la guerra, o quizá con En busca del unicornio, de Juan Eslava Galán, que comparte con Imán la sucesión de penalidades que se ciernen sobre un héroe en constante degradación física y espiritual. El Juan de Olid de Eslava Galán también terminará sus desventuras viejo y desanimado, y sabiendo que nadie agradece su sufrimiento, que nadie sabe nada de él siquiera.


En Imán se describen perfectamente las crueldades de la guerra, las terribles heridas de los soldados, la mezquindad de los oficiales y su desprecio por el soldado raso, el hambre que lleva a rebuscar entre los excrementos de caballo en busca de granos sin digerir, la orina con azúcar como única bebida, los compañeros que en un segundo desaparecen para siempre bajo una explosión… y con estas descripciones, va quedando patente lo absurdo que es todo: dos grupos de hombres que no se conocen ni tienen nada unos contra otros, obligados a arrojarse bombas y balas unos a otros, obligados a caminar hasta desfallecer, a pasar hambre, sed y frío, mientras otros tantos pasan a su lado en coche y observan sus movimientos. Es realmente descorazonador y angustioso leer cómo Viance huye de una masacre, ocultándose donde puede, sin probar una gota de agua durante días, y cómo un coche con dos oficiales se niega a llevarlo para que no manche la tapicería de sangre. Incluso peor es ver cómo la única ilusión que le queda a Viance, volver al pueblo de su infancia, ya que "nadie me espera; aunque me esperaran, no me conocerían, y aunque me conocieran, no me entenderían, ni yo a ellos", también se ve truncada. La guerra aísla a los hombres de su ambiente normal, que sigue desarrollándose sin ellos, y cuando quieren volver, profundamente marcados, es imposible, pertenecen a mundos diferentes.



Pero también hay que hablar del estilo de Imán. Parece mentira que se escribiera hace 80 años. Es un estilo escueto en adjetivos, basado en la acción pero muy musical y poético pese a su crudeza. Cambia de espacio y tiempo (un recurso muy habitual hoy en día, pero que en su momento era novedoso), no con la brusquedad de los libros actuales (punto y aparte y ya habla otro personaje, o cambiamos de localización), sino sin que te des cuenta. Llega un momento en el que piensas "¿No estaba hablando Viance antes en primera persona? ¿Quién es el narrador ahora, que habla de Viance en tercera persona?".


Nunca está demás un libro como Imán, que nos recuerde que a pesar de todo, a pesar de las epopeyas, de la épica, de las películas bélicas, de la música de Manowar, en realidad la guerra es esto: "Nosotros somos lo que en la prensa y en las escuelas llaman héroes. Llevar sesos de un compañero en la alpargata, criar piojos y beber orines, eso es ser héroes. Yo soy un héroe".


Quedan para el recuerdo dos citas: en la primera, Viance reflexiona sobre quién tiene la culpa de su situación; en la segunda, sobre el sexo con las escasas prostitutas de los alrededores.


"Si le entregaron aquel cartucho para "el que tenga la culpa", no hay que discurrir demasiado, Viance tiene la culpa […]. Todos son culpables, porque un hombre es igual a otro hombre, y si uno dice que sí el otro puede decir que no. […] El caso es que todos han dicho que sí, sin saber lo que decían, y ahora van pidiendo un tiro en la cabeza, que no les sirvió a su tiempo para hablar palabras razonables."


"Al mismo tiempo me indigna esa debilidad, esa súbita esclavitud, no a un sentimiento ni a una pasión, sino a un vicio torpemente idealizado, sublimizado contra mi propia razón y mi propia voluntad."

 
Como colofón, la versión de Hurt de Johnny Cash, que serviría bastante bien para describir el estado de Viance durante y después de la guerra:


Saludos

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