viernes, 28 de septiembre de 2012

Estallido

¿Qué esperabais que pasara? ¿Qué esperabas que pasara, Mariano Rajoy, con tus medidas y recortes salvajes, con tu absoluta negativa a apoyar al pueblo? ¿Qué esperabais que pasara, banqueros, con vuestras operaciones arriesgadas e imprudentes, con vuestro afán por estafar y exprimir al ciudadano? ¿Qué esperabais que pasara, ricos, que os sobra todo lo que les falta a los demás? ¿Qué esperabais que pasara políticos, si no nos representáis ni parece que os preocupe lo más mínimo? ¿Qué esperabais que pasara, antidisturbios, con vuestro desprecio al ciudadano, vuestros ánimos de intimidación, de causar miedo en el ciudadano en lugar de buscar su respeto, con el absurdo que supone detener a la gente por incumplir la ley cuando vosotros mismos no lleváis placa e infiltráis a los vuestros para tener una excusa para partir huesos y boicotear las manifestaciones? Tarde o temprano, la gente se iba a dar cuenta de que no estáis para defenderlos a ellos, de que no jugáis limpio y, sobre todo, de que un antidisturbios no es más que un hombre con una pistola, una porra, un casco y un escudo, pero con los mismos huesos y la misma carne que cualquier otro.

Policías uniformados y de paisano golpean y aplastan contra el suelo a un compañero que intenta explicarles que es uno de los suyos...

Lo he dicho mil veces: si se acorrala a una persona, si se la deja sin nada que perder, se vuelve peligrosa. En eso, como en tantas otras cosas, no somos muy distintos de los animales. Si se nos trata con desprecio, con violencia, sin respetar nuestros derechos, y burlándose de nuestras quejas, sólo podemos responder con pancartas y manos en alto durante un cierto tiempo, antes de pasar a las manos.

Cuando salió a la luz una especie de "libro de instrucciones" para la actuación policial en manifestaciones, perdí toda confianza en la policía: en ese libro se habla del uso de infiltrados para provocar y justificar así el "paso a la acción", de recurrir a detener a gente que no ha hecho nada para soliviantar a las masas y provocar una reacción violenta. Una serie de directrices que claramente no buscan vigilar y regular las manifestaciones, sino desvirtuarlas, boicotearlas, provocar el  miedo y convertirlas en batallas campales. De modo que no me extrañan las imágenes que he visto estos días: policías rompiendo cámaras de periodistas, negándoles su derecho a grabar la actuación policial, burlas, insultos y abusos de poder constantes, policías apaleando a un manifestante que resultó ser uno de los suyos infiltrado (y que tal vez se replantee su trabajo), grupos de manifestantes que sacuden a policías aislados, grupos de policías que sacuden a manifestantes aislados, un manifestante en silla de ruedas y un policía tuerto... todo tipo de barbaridades.

Esta imagen es más propia de un documental de hienas


Y lo peor de todo es que, al final, tanto los manifestantes como los policías se dan de hostias mientras los responsables de este caos se ríen y lo ven por televisión. No sé cómo seguirá esto, pero viendo que el gobierno felicita a la policía y no considera relevantes las manifestaciones, parece que soplan vientos violentos.

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