viernes, 24 de agosto de 2012

Moby: reseña de 18


Hoy vamos a hablar del álbum “18” de Moby. Por si no lo sabéis, el nombre artístico de Moby se debe a que el nombre del músico es Richard Melville Hall: efectivamente, su tío abuelo no era otro que Herman Melville, el autor de Moby Dick, un libro tan complejo y simbólico que me quitó las ganas de leer durante un tiempo. El pelado Moby se ha ganado un lugar en mi corazoncito por su fabulosa música y su forma de pensar, que a menudo plasma en los libretos de sus discos. Su música la hemos escuchado también en películas, algunos anuncios de TVE y en la cabecera del ya extinto programa Cruz y Raya.

Buy CDs bitches!

Moby saltó a la fama con el álbum “Play”, una obra maestra que para mí ya es inolvidable, y “18” supuso un reto. ¿Podría Moby superarse a sí mismo? ¿Sería capaz de hacer algo distinto al disco que le había dado la fama? Pues sí. Si “Play” era un disco con abundantes momentos de ritmo y optimismo (“Honey”, “Bodyrock”, “Machete”,…) también contenía muchos elementos melancólicos y samples de canciones vintage mezclados con música electrónica, dando lugar a canciones como “Why Does My Heart Feel So Bad?”, “Run On” (habrá quien identifique la letra de “God’s Gonna Cut You Down” de Johnny Cash) o “Natural Blues”. ¡Una joya imprescindible!


Pero no estoy aquí para hablar de “Play”, sino de “18”. Quizá influido por la catástrofe del 11-S (el álbum se publicó un año después), nos encontramos con un álbum en el que predominan las canciones melancólicas y los ritmos tranquilos, mucho piano y muy poca batería. No faltan tampoco las canciones más rápidas y enérgicas. Empecemos:

La canción que abre el disco, “We Are Made of Stars”, es una mezcla de las dos facetas del disco: tiene un ritmo bailable y una guitarra eléctrica que curiosea por la canción durante el estribillo, pero su espíritu es reposado, nada que ver, por ejemplo, con “Bodyrock”. En esta canción, como en muchas otras del disco, es el propio Moby quien canta.

Ya en el segundo tema, “In This World”, encontramos un fuerte regusto a “Play”. Las voces son de Jennifer Price, que juraría que también aparece en “Play”. Una canción aún más tranquila y que transmite gran paz de espíritu: una batería ligera, mucho piano y violines, mezclado con la estupenda voz de Price.

El tercer tema, “In My Heart”, arranca con una hermosa melodía de piano que da paso a una voz masculina de gospel y a una batería que empieza casi imperceptible y después cobra fuerza. Algunos elementos electrónicos terminan de dar forma a una canción redonda y alegre pese a la tranquilidad que destila todo el álbum.

Pasamos a “Great Escape” (cantada por Azure Ray), que comienza con voz femenina e instrumentos de cuerda, y continúa así hasta el final. Esta canción también está en el límite de la tristeza y la calma, un equilibrio que Moby domina a la perfección en este álbum.

“Signs of Love”, dominada por los sintetizadores y salpicada por la voz distorsionada de Moby, nos devuelve algo de ritmo después del paradón de “Great Escape”. También incluye algunos sorprendentes momentos de guitarra eléctrica.

La siguiente canción es One of These Mornings”, que comienza con piano y la voz de Diane McCaulley. “One of these mornings, won’t be very long, you’ll look for me and I’ll be gone”. Repita usted esta frase añadiendo cada vez más instrumentos y efectos y tendrá un típico tema de Moby.

Seguimos con “Another Woman”, un tema que me deja bastante frío en comparación con la gran canción que se aproxima. Batería y bajo se entremezclan con la voz de Barbara Lynn y algún que otro toque de piano. La melancolía se empieza a dejar atrás.

“Fireworks”, al contrario de lo que podría parecer, es una canción muy zen, con flautas, batería ligera y piano, e instrumentos de cuerda que se incorporan al final. Esta canción no es ni triste ni alegre, está más allá de eso.

Llega por fin “Extreme Ways”, que no tiene mucho que ver con el resto del disco. Enérgica, compleja, es un ejemplo del rock alternativo que de cuando en cuando Moby nos cuela en sus discos (no todo en esta vida es música electrónica). La canción aparece, por cierto, en la saga de películas de Jason Bourne.


Y la fiesta continúa con “Jam for the Ladies”, definitivamente un tema bailable, con una línea de bajo delirante y las voces de Angie Stone y MC Lyte. Un temazo sin duda. Muy atrás parece la tristeza de “In This World”, por ejemplo (aunque no tardará en volver).

“Sunday (The Day Before My Birthday)”, incluye (pondría la mano en el fuego) la línea de piano de “Why does my heart feel so bad?”, pero pronto se transforma gracias a la batería y la voz de Sylvia Robinson. Otra canción “typical Play”.

La canción que da nombre al disco, “18”, comienza con un ruido de fondo como de naturaleza, aire libre, y pronto empieza a jugar con el sintetizador y el piano, que se turnan para luego combinarse en una melodía definitivamente triste que termina de perfilar el grupo de instrumentos de cuerda.

Continuamos con “Sleep Alone” (el nombre es prometedor), triste, muy triste pero no exenta de ritmo. La voz de Moby aparece con un eco metálico, robótico: “At least we were together, holding hands, flying through the sky”. Una batería muy leve y varias melodías de sintetizador llevan la batuta en este tema.

¿Queríais melancolía? Aquí llega “At least we tried”: “Oh, my baby, don’t cry. Oh, my baby, just say goodbye. Oh, my baby, don’t cry. Oh, my baby, at least we tried”. Probablemente la canción más triste del disco, gracias al gran trabajo de Freedom Bremner y su voz. Merece la pena escucharla, sin duda.


“Harbour”, con la voz de Sinéad O’Connor, batería y una guitarra. Una vez más llegamos al equilibrio entre tristeza y calma, ¡esta vez en acústico!

“Look Back In”, batería y amplio uso de sintetizadores acompañados después por los instrumentos de cuerda. Como habréis percibido, el disco es muy uniforme, sin más que dos o tres sorpresas: la mayoría de las canciones tienen una estructura muy similar.

Y “The Rafters”, con Shauna y Lorraine Phillips, es sin duda una de estas excepciones, un tema muy rítmico y enérgico. ¿Letra? ¿Para qué? Basta con un poco de humming y Moby te hace una maravilla de canción.

El disco se cierra con “I’m Not Worried At All”, cantada por un coro de góspel, un tema que es el culmen de la tranquilidad y el buen rollo.

A decir verdad (y no creo que os sorprenda después de leer mis descripciones de los temas), recomendaría este disco para un momento de relax, una siesta o una resaca. El disco destila buen rollo por los cuatro costados, con ciertos picos de tristeza o de alegría, toques justos de experimentación y de continuidad con el aclamado álbum anterior. Es un muy buen disco, al que no le puedo sacar pegas.

Hoy voy a hacer una excepción: elimino el (des)enlace dórico. Para los no iniciados, llamamos enlace dórico al hecho de terminar una entrada del blog con una frase que casualmente se corresponde con el título de una canción que se incluye inmediatamente después. Ya que hoy hablamos de música, no os quería saturar. Y con esta reseña queda inaugurada la nueva temporada verano-otoño del Antro. Mañana, ¡películas!

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