viernes, 10 de agosto de 2012

El lobo solitario y su cachorro - volumen 2: Una senda blanca entre dos ríos / volumen 3: La colina de los lobos



En efecto, ya me he leído los dos volúmenes siguientes del manga que empecé a analizar aquí (por cierto, los autores son Kazuo Koike y Goseki Kojima). La aventura de Itto Ogami y Daigoro continúa. Una vez más, los capítulos son autoconclusivos y narran los distintos encargos de asesinato de Itto. Pero poco a poco se introduce algo de trasfondo sobre la cultura japonesa para que entendamos las acciones de los personajes o los conflictos que se desarrollan: los criados temporeros, el campanero, los bodhisattva, la yakuza, las mafias de prostitución… Además, por fin empezamos a saber algo sobre Itto, que deja de ser un asesino impersonal para convertirse en una persona de carne y hueso, con un pasado. Fue una persona importante que acabó siendo traicionado y se vio obligado a huir con su hijo para seguir el camino del asesino. Veremos cómo Itto cambia a lo largo del cómic (pero tampoco demasiado, se trata de lejos del personaje más estoico y persistente que he descubierto), y cómo su pasado le sigue para encargarse de él. 

Qué poco me gustan las portadas de Frank Miller

El cómic se confirma como una historia violenta, que disfruta de las escenas de lucha y se recrea en ellas. Veremos a Itto despedazando y atravesando a todo lo que se pone por delante, saliendo ileso de peleas con inferioridad numérica aplastante, venciendo  los más hábiles asesinos y soldados sin despeinarse. Y tengo que decir que… me gusta. Sin embargo, de cuando en cuando me gustaría una pelea que no acabara en muerte, que Itto se creara un enemigo que desapareciera misteriosamente, o que las peleas sirvieran para demostrar quién es mejor luchador, sin llegar a matar a nadie. Eso no ocurre aquí. Itto habla y habla con sus rivales, y después los mata sin piedad. 


Un ejemplo de página doble de espadazos y mutilaciones

No me gusta tanto, sin embargo, el no poder entender ciertos elementos del espíritu del cómic. Me refiero a la concepción japonesa del deber y el honor. Os pongo un ejemplo:

Un campanero encarga un trabajo a Itto. Su puesto es de mucha importancia, pero es viejo y va a jubilarse. Tendrá que dejar el campanario a cargo de uno de sus tres discípulos. Pero el campanero protege la ciudad, y debe ser muy hábil en combate. De modo que le pide a Itto que luche contra ellos y trate de cortarles el brazo derecho (con el que manejan la campana). El aprendiz haría cualquier cosa para proteger su brazo derecho.

Itto se encuentra con el primero de los discípulos. Su técnica lanzando shurikens es muy buena, e Itto lo mata al no poder cortarle el brazo. El segundo también resulta ser muy bueno, y acaba corriendo la misma suerte. El tercero llega acompañado de varios amigos, y le dice a Itto que los otros dos eran sus hermanos, y que él no es tan tonto como ellos y ha traído refuerzos. Itto se encarga de los compañeros y se enfrenta al  tercer discípulo. Llega entonces el viejo campanero, que mata al discípulo por haber peleado de forma poco honorable. El campanero desvela entonces que los tres hermanos no eran otros que sus propios hijos.

Itto no se queda atrás: pone en peligro a Daigoro cada dos por tres porque "son la misma persona"
 
Muy bien, una pausa. ¿Qué clase de padre envía a sus hijos a enfrentarse al asesino más letal de Japón con ánimo de que éste les corte un brazo? ¿Qué clase de padre es capaz de matar a uno de sus propios hijos? ¿Qué clase de padre antepone su oficio a su familia? Un padre japonés, por lo visto. Entiendo la idea del honor por encima de todo, pero no consigo empatizar con el campanero de ninguna manera.

Otro ejemplo sería aquel episodio en el que Itto se encuentra con un luchador retirado que realiza un espectáculo ambulante utilizando sus técnicas marciales. Es un tipo muy majo y alegre, verdaderamente simpático, y traba amistad con Itto, lo invita a su casa y beben sake con su mujer. Terminan debatiendo sobre el oficio de asesino, y el funambulista le informa de su firme intención de lograr que Itto deje de ser un asesino. Qué mejor forma que pelear a muerte. ¿Lo veis? ¡Eran amigos! ¡Dejadlo estar!

En definitiva: está resultando ser un cómic muy interesante y distinto a los demás, que no tiene reparos en regodearse en lo que más le gusta: las peleas, sin dejar por ello de ser muy didáctico y mostrarme los exóticos valores de una cultura tan lejana como la japonesa.

1 comentario:

CHUS dijo...

Me pasa exáctamente lo mismo que a ti, pero tú lo cuentas mejor.

Llevo pululando por webs sobre el Lobo Solitario un rato, y ya sé porque en mi biblioteca hay menos volúmenes, es la misma colección pero en 14 tomos.

Un abrazo

Chus