domingo, 15 de julio de 2012

¿Resistencia pacífica?




Y un día más, me veo obligado a volver a hablar de la situación política de nuestro país. Lo cierto es que ya no sé hasta qué punto resulta efectiva o fructífera la resistencia y protesta pasiva. Yo creo que funciona, pero sólo cuando el gobierno es un gobierno medianamente normal, que tiene clara que su función es proteger y ayudar a sus ciudadanos. Pero lo que estamos viendo es odio al ciudadano medio, agresividad y actitud violenta por parte de quienes nos gobiernan. No tienen ninguna intención de ayudarnos, la mayoría están ahí para vivir a cuerpo de rey el máximo tiempo posible. Muchos están puestos a dedo, y algunos como la señora Fabra, no tiene ningún tipo de carrera política. Su “¡Que se jodan!” es el grito de desprecio y odio hacia todos aquellos que no son como ella, que no son ricos, que no son pijos. Y contra eso no valen las palabras. El Estado no va a ayudarnos contra esta gente que nos ataca, porque esa misma gente ES el Estado. Hace unos minutos mi hermana me preguntaba cómo puede ser, si no se puede hacer nada para echar a esta señora, cómo ha podido llegar a esto. Y le he expuesto una teoría que se puede generalizar a casi cualquier cosa en la vida y en el mundo: cuando algo (una comunidad de personas, una relación amorosa, un grupo de música, una red social, una civilización, una mitología…) comienza a nivel pequeño, todo es mucho más puro, libre y justo. A medida que empieza a crecer (ya que se ve que es una buena idea), se hace mucho más difícil de controlar. Una máquina tan descomunal como el Estado está llena de agujeros y de sinvergüenzas, pero debido a su tamaño es imposible rectificar esa tendencia hacia la degradación. Al no poderse controlar, la degradación aumenta y aumenta hasta que revienta. Y el mundo vuelve a empezar. 


Observen la diferencia clave entre la actitud de ambas personas ante la necesidad (que no es tal) de aplicar recortes.

Designada a dedo, cobrando un pastón de Telefónica, investigada por evasión fiscal... ¡por lo visto no tenía bastante y ha querido saltar a la palestra mediática!


De manera que el vídeo de la señora Fabra no me indigna, no me enfurece. Lo que hace es entristecerme, incluso asustarme, porque en su cara burlona y despreciativa veo que es imposible reconducir la tendencia de esta gente, que es imposible llegar a un acuerdo. Y me asusta porque sé que si se sigue (aliteración al canto) ninguneando y jodiendo al ciudadano de esta forma, con ese desprecio, el ciudadano va a terminar por explotar. Cuando ya no pueda más, cuando sus derechos laborales estén reducidos a la nada, cuando su sueldo no le permita vivir de forma digna, y cuando se dé cuenta de que las pancartas y la recogida de firmas sólo sirven para que otros se limpien el culo con ellas, hará lo que se ha hecho en tantos otros países, en tantas otras épocas: pasar a la acción y sacar a hostias a los malos dirigentes. Y entonces Dios sabe lo que podría pasar. Hasta ahora, y citando a Kike de Poder Friki, nuestro país era una comedia mala. Hoy, puede convertirse de un momento a otro en una peli de terror.


Qué poco nos ha separado siempre de la barbarie y la guerra civil. Nos escondemos bajo nuestro velo de civilización, seriedad y respeto, tras nuestros trajes de chaqueta, coches, edificios e instituciones, pero no podemos seguir engañándonos. Nuestros ciudadanos aletargados y aburguesados (y también hamburguesados) se convierten poco a poco en pobres y los mineros y otros colectivos puteados y olvidados recurren a la guerrilla pura y dura contra las fuerzas del orden. Los policías, que antes veíamos como nuestra única defensa contra los extranjeros, todos ellos ladrones y maleantes, ahora nos dan miedo, nos aporrean y nos disparan pelotas de goma. Ya no son nuestros defensores, son el enemigo. Y lo mejor de todo es que también ellos son unos mandados, marionetas del poder. No se habla de nada de todo esto en los medios, no somos conscientes de que mientras tomamos nuestro café y vemos la tele, una cuarta parte de los niños de España son pobres. Muchos testigos cuentan la clase de comentarios que suelen hacer los antidisturbios en las manifestaciones: racistas, homófobos, machistas e irrespetuosos en general. Mientras, los fachas y supuestos patriotas defienden a ultranza las acciones del gobierno con una sonrisa burlona. Ahora por fin, cuando veo claramente al Estado como una herramienta de opresión, entiendo la posición y la forma de pensar de aquellos que defienden la independencia de sus territorios. Nunca había terminado de entender a los irlandeses tirando piedras con una furia inhumana a los policías ingleses, o a los mineros atacando con proyectiles a la policía, o a los vascos haciendo lo propio, o a los palestinos atacando en inferioridad de condiciones a los israelíes, o a Vercingétorix y sus galos quemando sus propias cosechas y ciudades para tener alguna esperanza de expulsar a los romanos, o a Viriato y sus lusitanos, o a William Wallace enfrentándose a los ingleses, o a Robin Hood hostigando a las tropas del rey. Y ahora los entiendo. Si te empujan hasta una esquina, si te acorralan y no te dejan salida, te obligan a pudrirte en un rincón, si te quieren someter, te quieren hacer vivir de rodillas, el hombre recurre a esto, de forma desesperada. Y un hombre desesperado, sin nada que perder, tiene la fuerza de diez.

Fabra es lo más parecido a un aristócrata plebeyo: su familia ha ostentado 
el cargo de presidente de la Diputación durante cinco generaciones.


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