sábado, 21 de julio de 2012

Crónicas del ángel gris - Alejandro Dolina


Y por fin llegó el momento de hablar del libro más conocido de Alejandro Dolina. Lo cierto es que me da un poco de miedo tratar de dar mi opinión sobre esta obra, ya que se ha escrito mucho sobre Dolina y la melancolía argentina (inclusive en este blog) y temo no estar tal vez a la altura de las circunstancias. Pero voy a intentar no dejarme influir y hablar sencillamente de las sensaciones generales que me produce a mí el libro, sin entrar en si los argentinos son así o asá por tal razón o por tal otra: no me corresponde a mí entrar en estas cuestiones, pues desconozco casi por completo el carácter argentino.

Aquí el libro en cuestión.

"Crónicas del ángel gris", o simplemente "El ángel gris" es un libro que se publica en 1988, y no es sino una colección de relatos que Dolina había publicado ya antes en una revista. Los relatos comparten no sólo un mismo espíritu o manera de pensar, sino que componen algo, una mitología más que una historia, pues no hay presentación ni desenlace, sólo un barrio, el barrio de Flores, donde suceden cosas maravillosas (tanto alegres como trágicas) y donde habitan una serie de personajes, los llamados Hombres Sensibles: el polígrafo Manuel Mandeb, Jorge Allen el poeta, el ruso Salzman y el músico Ives Castagnino. Un Hombre Sensible es básicamente un ser soñador, sentimental y con la cabeza llena de pájaros, alguien capaz de resignarse al dolor o al desamor con tal de que su desengaño sea poético. Aún así, no es un llorica, disfruta de la vida y conoce (incluso domina) los placeres mundanos. Su peor enemigo es el Refutador de Leyendas: seres grises que sólo encuentran placer en demostrar la falsedad de las historias más maravillosas. La mujer suele ser en este libro altiva, y su amor, voluble.

Con esta premisa, Dolina nos va mostrando algunos de los milagros que suceden en Flores, algunas de las historias más insólitas y las asociaciones más pintorescas que os podáis imaginar. Desde "Historia del hombre que sabía que iba a morir un viernes", hasta un ensayo sobre canicas, pasando por la historia de la Academia de Humor de Flores, la Sociedad de los Trabajos Difíciles, el Club de los falsificadores, la conspiración de las mujeres hermosas, el Elogio del fracaso... Todas las historias tienen al menos un pequeño elemento humorístico (y en muchos casos, un GRAN elemento humorístico) y lo mismo se puede decir del elemento melancólico y el elemento filosófico. Digamos que esas tres variables se combinan en distinta proporción en cada una de las historias, dando lugar a una serie de relatos distintos pero que comparten un mismo espíritu, el mismo que desprende Dolina en su programa de radio, sus entrevistas o sus actuaciones en general. El libro "es" Dolina, o tal vez, "fue" Dolina.

Si tuviera que elegir, probablemente me quedaría con la "Balada de la primera novia", un precioso relato en el que Jorge Allen busca a su novia de parvulario ("guarden las personas mayores sus sonrisas condescendientes") con la ayuda de Manuel Mandeb. Un alegato de la búsqueda imposible, además de la permanencia eterna de la primera novia en el recuerdo de cada hombre.

Las aventuras verdaderamente grandes son aquellas que mejoran el alma de quien las vive. En ese único sentido es indispensable buscar a la Primera Novia. El hombre sabio deberá cuidar -eso sí- el detenerse a tiempo, antes de encontrarla.

Como dije, Dolina me firmó el libro a la salida de la Galileo.

Quizá sea cierto que las melancolías de Dolina estén pensadas para jóvenes fácilmente impresionables: no lo sé. Sólo sé que me atraen misteriosa pero irremediablemente estas historias, sus moralejas y aforismos:
Todo amorío debe presentar una cantidad razonable de escollos. Para serles franco, no quisiera saber nada con una mujer capaz de entreverarse en dos minutos con un tipo como yo.
Quedo a la espera de poder comprar el último libro de Alejandro, "Cartas Marcadas", que al parecer es una continuación (esta vez en forma de novela) de las aventuras de los Hombres Sensibles de Flores. Os dejo con uno de los relatos más divertidos del libro, "Las mellizas Garcerón":

Las mellizas Irma y Julia Garcerón acostumbraban a compartir a sus novios. Cuando una de ellas se relacionaba con un caballero no tardaba en enviar a la otra como reemplazo. [...] Cierta vez, Irma se puso de novia con Andrés, uno de los trillizos Mantegari. Estos hermanos también tenían la costumbre de poseer sus amores en común.

Por cierto, era éste un noviazgo que admitía seis formas diferentes.
1) Irma y Andrés.
2) Irma y Carlos.
3) Irma y Luis.
4) Julia y Andrés.
5) Julia y Carlos.
6) Julia y Luis.
No todas las fases se daban del mismo modo. Julia y Carlos se amaban tiernamente. Irma y Luis se detestaban. Carlos e Irma no se habían visto nunca.

Ni las Garcerón sospechaban de los Mantegari, ni los Mantegari dudaban de los Garcerón.
Una noche, Julia se casó con Luis creyendo hacerlo con Carlos. Carlos, loco de celos, estranguló a Irma, pensando que su víctima era Julia. Andrés fue condenado a prisión y Julia lo visitaba creyendo que era Carlos. 

Saludos.

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