viernes, 22 de junio de 2012

Universidad Autónoma de Madrid - tras la carrera


Viene de aquí.
Por desgracia, si bien la carrera ha estado llena de buenos momentos con los compañeros, en el plano académico estos momentos han sido más bien escasos, pese a lo que se diga en los discursos de graduación. Ya desde primero hemos sufrido toda clase de atropellos y despropósitos por parte de la UAM, que sólo se han incrementado de año en año.
En primer lugar estaba el problema de la accesibilidad de las aulas: únicamento dos módulos están habilitados para que accedan a ellos personas en silla de ruedas, y a principio de curso descubrimos que nuestras clases las habían asignado a otros módulos no accesibles. Por tanto, tuvimos que perder una semana en cambiar los módulos. Y lo peor no es eso. Lo peor es que al principio del curso siguiente, ocurrió lo mismo. ¿No son capaces de acordarse de eso? ¿Qué clase de organización interna tiene la universidad para que año tras año tengamos que perder tiempo en lo mismo?
Luego, las cabinas de interpretación. Si no hay suficientes cabinas, ¿por qué ofrecen tantas plazas para la carrera? Desgraciadamente, sé la respuesta: porque los anteriores profesores de interpretación eran unos impresentables con los que los alumnos no interpretaban, y llevaban años enquistados en su puesto. Se dice incluso que la intención de estos profesores era evitar que nuevos intérpretes les quitaran el trabajo. Profesores boicoteando la carrera. La interpretación no era tal, no era nada.
Vamos con un problema más general: se supone que la carrera de Traducción e Interpretación es una de las más prestigiosas de la universidad: prueba de acceso específica, alta nota de corte... se supone que somos lo mejor de lo mejor. Sin embargo, desde el principio hasta el fin de la carrera hemos sido ninguneados, despreciados e ignorados desde todas las esferas de poder: no se han admitido nuestras peticiones e iniciativas, en muchas ocasiones se nos ha dotado de profesores no especializados en la asignatura o que símplemente tenían otros empleos, no existe ningún departamento de traducción y estamos, por tanto, sometidos a los designios de filólogos y lingüistas, que barren cada cual para su lado a la hora de decidir qué asignaturas se quedan y cuáles se van. En nuestra graduación, no se presentó ningún representante de la universidad más allá de cuatro o cinco de nuestros propios profesores (y sólo dos de ellos se sentaron en el estrado). Ni el decanato ni el rectorado aparecieron por allí, y ni siquiera se dignaron a firmarnos los diplomas que habíamos preparado para la ocasión, y que aparecen mondos y lirondos. Es decir, que somos el orgullo de la UAM y así nos lo han hecho sentir en todo momento.
Un profesor puede abandonar su plaza pocos días antes del comienzo del curso, con lo que la asignatura queda sin docencia. Es inexplicable que al aceptar una plaza no se establezca ninguna obligación del profesor, ni el más mínimo compromiso a dar su asignatura. Si el profesor tiene la plaza, la universidad ya no busca a un sustituto, y cuando este profesor sinvergüenza se larga sin más, nos deja en bragas. En cuarto de carrera nos encontramos, por ejemplo, con un solo profesor que tiene que dar dos asignaturas a dos grupos completos, lo que obliga a formar un único grupo de unas cien personas, a masificar los grupos de trabajo, dificultar el desarrollo de las clases…
¿Por qué no hablamos de cómo la crisis y la bolonización han afectado a la universidad? El servicio de deportes, ha sido privatizado, por lo que ahora las tarifas han subido sensiblemente. También el servicio de informática e impresión se privatiza cada vez más. Antes bastaba con comprar una tarjeta prepago a la empresa de informática (unos tres euros), pero ahora esas tarjetas ya no sirven (y las que sirven las han escondido lo más posible: en lo más recóndito de Económicas), y ahora es necesario utilizar el carné universitario, que por obligación debe ser proporcionado por Bankia o por el banco Santander.
Además, Bankia (ya hablaremos de Bankia) ofrece unas becas para estudiar en el extranjero, sólo para ciertas titulaciones: ciencia y economía. Nada de letras, por supuesto, que eso no da beneficios.

En la carrera hemos ido de chapuza en chapuza, con ajustes de horarios, falta de organización, material insuficiente, masificación… La mayoría de nosotros sólo queríamos acabar cuanto antes y olvidarnos ya de la Autónoma y su prestigio. No quiero ni pensar cómo serán el resto de universidades, si la nuestra es tan prestigiosa. Así están las cosas. O así estaban. Así que no, mejor que no hubiera dado yo el discurso de graduación.

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