viernes, 9 de marzo de 2012

El regreso del pensadero


¿Hasta qué punto puedes sentir empatía con una persona? Si un conocido o un amigo lo está pasando mal por algo, ¿realmente podemos, o queremos intentar ponernos en su lugar y entenderlo realmente? Yo creo que no. Creo que es imposible llegar a conocer realmente a una persona. Como dicen en Dexter, sólo podemos conocer dos cosas de las personas: lo que nosotros queremos ver y lo que quieren mostrarnos. Y es muy difícil de explicar, pero voy a intentarlo: tú te comportas de manera distinta con personas distintas, está claro. Simpático con tus amigos, romántico con tu novia, cortés con las ancianas, seco con los canis… Uno se amolda a la situación. Pero, ¿qué hay debajo de todo eso? La verdadera personalidad de uno, una personalidad a la que nadie puede acceder, pues en el trato con cada persona, esa forma de ser es filtrada, tanto por ti mismo como por tu interlocutor, de forma que te quedas con una imagen inexacta. Y es muy frustrante, es frustrante saber que nadie te va a llegar a entender, que por muy bien acompañado que estés, estás solo, todos estamos solos. Para que alguien pudiera entenderte realmente, tendría que haber vivido tu vida, y aún así sería una persona diferente.

 

Pero también ocurre que a la gente no le interesa sentir empatía con quien lo está pasando mal: ¿qué gana con ello? Basta con sonsacar información para satisfacer nuestro morbo y curiosidad, más que por afecto. Mejor intentar darles consejos, cambiar de tema, colgar el teléfono. No es mi problema, que apechugue con lo que le toca, porque de todas formas ni aunque quisiera podría ponerme en su lugar y entender plenamente lo que le ocurre. Ni siquiera aunque me lo contara lo mejor que pudiera, aunque escribiera mil páginas describiéndolo. Tendrían que conectar nuestros cerebros y nuestros corazones. Tal es la magnitud de nuestra soledad. En contadísimas ocasiones ocurre que, al escuchar una canción, al mencionar el título de un libro o al ver un cuadro, ves una mirada de otra persona, o la comprensión de una idea que pensabas que sólo era tuya. Y es increíble que sólo así, sin palabras de por medio, sea cuando más juntas pueden estar dos personas.

 

Es una lástima que uno tenga que crecer tan bruscamente. De repente te das cuenta de que alguien ha retirado la cama elástica sobre la que saltabas tan tranquilo, intentado llegar más alto con cada bote. Que la gente tiene sus propias vidas, y que se está ocupando de ellas, para bien o para mal de los que están a su alrededor, y ya no están para ti, o al menos no del mismo modo. Y te das cuenta que o aprendes a flexionar las piernas o te vas a romper la cabeza. La verdad es que me gustaría contarlo todo aquí, mandar a la mierda el decoro y la privacidad y ponerlo todo a la vista del público, porque total, esto lo leen cuatro gatos. Pero no. Eso no va a pasar, aunque sé que alguno lo esperaba. Así que eso es lo que hay, y sólo nos queda hacer caso a Charly García, curar nuestras heridas y encendernos de amor, aunque sea más profano que sagrado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me suena esta reflexión...del Dunkin' Donuts :)
Creo que más de un@ se sentirá identificado con lo que expresan tus palabras.

M. dijo...

Y entónces...
Chau Flaco, también desde el Antro de Loscer