miércoles, 29 de febrero de 2012

Palabra, reforma, calificación y carne

Vamos a dejar una cosa clara. A mí realmente no me molestaría que este o aquel gobierno llevase a cabo medidas con las que yo no estuviese de acuerdo. No me molestaría porque ese gobierno ha sido elegido por una mayoría de los ciudadanos. Pero, en primer lugar, la ley electoral no es justa, y el resultado electoral nunca es un reflejo fiel de los votos del pueblo. Partimos ya de ese error de base. Pero hay uno mucho mayor: los gobiernos, tanto el actual como el anterior, prometieron una serie de cosas que iban a hacer, y en base a esas promesas se les votó (en teoría). Pero la gente no vota por las propuestas de los partidos, sino por pura tradición o por odio a otro partido, por venganza. Otro error importante. Pero llegamos al que a mí me toca más la moral: los gobiernos cogen su programa electoral, se sientan sobre el retrete, hacen sus necesidades, se limpian el ojete con el dicho papel y luego nos lo envían en un sobre con una nota que dice «Querido votante, esto es lo que hago yo con mi palabra». Y es que para mí (y espero no ser el único en pensar así) es importante el respeto a la palabra dada. Pero al parecer, en política las palabras son hojas secas que se lleva el viento. Vamos a crear empleo, somos el partido de los trabajadores, no vamos a subir los impuestos, la reforma laboral del anterior gobierno fue un desastre. No siento otra cosa que desprecio y asco por las personas que consiguen lo que quieren de ti a base de camelarte, confundirte y ofrecerte el oro y el moro, para luego joderte a base de bien. Políticos que se suben el sueldo y hacen reverencias a los bancos y a la Iglesia, mientras dan de hostias a los pobres.

Propongo con toda sinceridad una iniciativa semejante en España, pero de alto nivel.

Podría hablar de mil cosas relacionadas con la nueva reforma laboral, por ejemplo que todo el mundo en el gobierno ha reconocido que la reforma no creará empleo a corto plazo. Pero me llama mucho la atención lo siguiente: una ausencia JUSTIFICADA del trabajo (véase, enfermedad) de menos de 20 días se considera ABSENTISMO LABORAL, y permite un despido objetivo (con una indemnización de 20 días en lugar de 45). No te pongas enfermo, porque puedes perder el curro. Me recuerda mucho al sistema de sanidad privada de Estados Unidos, donde la inversión en salud es inversión económica, porque si te pones enfermo puedes acabar arruinado intentando curarte. Ahora en España va a ser más o menos lo mismo: si trabajas en el Telepizza y te partes los brazos, amasas la pizza con el culo (gracias, Jueves), lo que sea con tal de que no te echen.
Y qué decir de las agencias de calificación, cuyos integrantes tienen siempre relación con los bancos a los que califican, que juegan con los países como si esto fuera el puto Risk. Así que os presento Kalification, un proyecto todavía en fase inicial que pretende que nosotros seamos los que califiquemos a estas agencias, dándonos toda su información y sus trapos sucios, para que seamos nosotros los que decidamos el verdadero valor de los juicios que emiten esos señores.
Y por último, os transcribo aquí el comienzo del programa de Carne Cruda de hoy. Nada más de momento, sólo un par de reflexiones que quería compartir. Un saludo.

CARNE CRUDA
Triste y cabreado. Harto a ratos. Otros, con ganas de montar una revuelta, de liarme a pedradas, de devolver las cartas del banco con lo que devuelva mi estómago, de hacer una pintada en el parlamento que diga “romanos, marchaos a casa”, de meterle el dedo en el ojo a un presidente de gobierno, de multinacional, de financiera. Piratas. Ahora, con la idea reconfortante de bajarle los pantalones en mitad de la calle, al que le ha hecho un agujero más a nuestro cinturón. Así veremos que no tiene vergüenzas. En este momento, saboreo la palabra “sinvergüenza” entre mis labios y tengo tantos nombres a los que dedicársela que la escupo antes de que se me amargue en la boca: sinvergüenzas. Respiro el aire que ensucian las declaraciones de mandatarios que sólo saben mandar callar, cargos electos que cargan más que un piquete policial y que envían cargas policiales para descargar sobre otros hombros el peso de su responsabilidad, responsables que no se han ganado la dignidad de tal nombre. Respiro y todo tiene un tufo repelente a mentira, a basura, a paños calientes, a palabras manoseadas que huelen a falta de verdad, a sudor de carroñeros. Y no me queda otra que toser, toser encima, toserles saliva verdosa en sus blancas pecheras que hinchan como palomos con un aire de suficiencia que se desinfla cada vez que abren la boca. Hay una halitosis de palabras que no se puede aguantar.
Harto y triste, asqueado. Alguien a quien conozco y aprecio perdió el trabajo ayer. Alguien a quien tú conoces y aprecias, lo perdió ayer o antes de ayer o lo perderá hoy o mañana. Desde que se aprobó la reforma laboral no dejo de recibir noticias de gente a la que echan del trabajo. La reforma laboral está dando unos resultados de miedo. De echarse a temblar. Les ha faltado tiempo a algunos empresarios para aprovecharse de lo barato que sale ahora despedir. A menos de la mitad de precio les sale: una ganga. Esta reforma va a incentivar la contratación, el empresario corre menos riesgos, explican, eso le animará a dar empleo. Se cuidan mucho de decir que lo contrario también es cierto: tampoco hay riesgos en despedir. Eso le animará a deshacerse de los trabajadores que más cuestan. Que soporte ese peso la seguridad social, pensarán, que lo soporten los demás, que ya mal contrataré yo a alguien, alguien a quien pueda echar por cuatro perras. Perros.
Más de 5 millones de personas están sin trabajo en este país y la solución no es proteger a los que aún lo conservan. No, la solución pasa siempre por proteger al que tiene mucho. A ése no se le aprieta el cinturón porque le estallaría el vientre hinchado. A ése ni tocarlo, que no deje de ganar. Si no gana, no invierten, dicen, y si no invierte a todos nos irá mal. Ya les va muy mal a muchos con ese cuento que no por mucho repetirse se hace verdad. A ése ni se os ocurra meterle la mano fiscal que se va. Que se vayan, mejor que se vayan los que no quieren contribuir que no que se vayan los que querrían quedarse a trabajar. A éstos, a éstos sí que se les aprieta. Las tuercas. Diecisiete millones de españoles cobrarán menos este mes que termina por la subida de impuestos. Al mismo tiempo, los bancos recibirán hoy del banco central europeo una inyección de liquidez a un interés irrisorio que utilizarán para comprar deuda de los países a un interés mucho más alto con lo que harán un negocio redondo.  
La rueda sigue avanzando. Y veo columnas vertebrales doblarse bajo su peso. Se oye el crujido de los huesos. Duele. Harto, triste, dolorido, asqueado. Basta ya. A qué esperamos. Somos capaces de aguantar esto y mucho más. Pero aguantar se hace inaguantable. No aguantemos, resistamos. Opongamos resistencia. Hay una halitosis de mentiras que no se puede aguantar. Respira. Toma aire. Toma el aire de la calle. Basta ya. Estalla.   

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