lunes, 20 de febrero de 2012

Mount & Blade


Hoy voy a hablaros de un juego de ordenador que se llama Mount and Blade. Se trata, en mi opinión, del mejor juego medieval que existe. Es más, casi podría considerarse un simulador medieval. Pero lo curioso es que es un juego prácticamente indie, alejado de las grandes empresas de videojuegos y creado por una empresa turca, y el resultado ha sido inmejorable. Primero voy a decir los fallos que tiene, de dónde cojea, y luego me deleitaré con todo lo demás.
Los gráficos: desde luego, no es un juego de última generación, no veréis un motor de físicas sofisticado, ni texturas perfectas. Pero son más que decentes y no estropean la experiencia del juego en ningún momento.
El mapa del juego: en Mount and Blade, te pasarás mucho tiempo recorriendo el mundo de Calradia en el mapa, y ahí sí que se notan ciertas carencias, pues todo el terreno es demasiado uniforme, con alguna que otra formación rocosa, un grupo de árboles, etc. Eso no sería un defecto importante si el mapa fuera algo circunstancial, pero es que para hacer cualquier cosa hay que pasar por el mapa. Se puede decir que es la pantalla principal del juego, y deberían haber hecho un trabajo mejor.


Dicho esto, deleitémonos:
En Mount and Blade, comenzamos como un aventurero (o aventurera) en un mundo ficticio pero totalmente medieval: no habrá dragones ni orcos. Calradia es un mundo dividido en reinos en permanente conflicto: hay nórdicos, sarracenos, hunos y europeos (con armamento, nombres y ambientación perfectos). Seremos un don nadie, solitario y con un equipo pobre, y poco a poco, a base de encuentros con bandas de salteadores, misiones humildes encomendadas por los villanos de algún pueblucho, iremos consiguiendo dinero y botín que nos permitirán mejorar nuestra armadura, armas y caballo, y por supuesto reclutar a más gente para nuestro grupo, mercenarios entrenados o simples campesinos con ganas de ver mundo que poco a poco se irán profesionalizando. Nuestra fama conseguirá que se nos tenga en cuenta en los diferentes reinos, y que los reyes y condes nos empiecen a confiar misiones más delicadas e importantes. A través de justas y torneos aumentaremos nuestro renombre y llenaremos nuestro bolsillo, y hasta es posible que alguna dama noble nos dé la oportunidad de cortejarla. Cuando entremos al servicio de uno de los reinos, nos veremos envueltos en sus guerras y escaramuzas con otros, y tendremos que participar en sangrientas batallas y asedios, en el nombre de nuestro rey, que podría recompensarnos con una villa, un castillo o una gran ciudad. También podremos crear negocios y comerciar con bienes para tener un ingreso estable de dinero. Podremos también jugar al noble malvado, exprimiendo a los campesinos y matándolos si se rebelan, atacando caravanas comerciales, pidiendo rescates por doncellas capturadas, etc. ¡Hasta podemos crear nuestro propio reino y acabar sometiendo a todo el mundo!


Creo que ya habéis entendido las sensaciones que puede transmitir el juego, así que vamos con la parte técnica. Como ya he dicho, el juego cambia entre la vista cenital o aérea en el mapa, y la tercera persona en las fases de acción o al recorrer ciudades. La presentación de lo que va a ocurrir (nos atacan bandidos, nuestro grupo acampa, los defensores de la ciudad salen a atacarnos…) se hace a través de imágenes fijas, muy expresivas y bien dibujadas. En las batallas y escaramuzas, de todos los tamaños posibles (1 contra 10, 200 contra 300…), se nos permite liderar a nuestras tropas mediante órdenes sencillas (mantened la posición, arqueros retroceded, caballería seguidme, ¡a la carga!, etc) y participar personalmente, como no podía ser menos, repartiendo flechas, tajos y lanzadas entre los enemigos, a pie o a caballo.


Precisamente, me acabo de terminar un libro sobre caballeros medievales, de Jean Flori, y he podido comprobar la gran cantidad de coincidencias entre la Edad Media real y su reflejo en Mount and Blade:
-En efecto, en los primeros tiempos de la Edad Media, cualquier persona humilde, si poseía un caballo y armas, y la fuerza y habilidad suficientes, podía llegar a ser un caballero, una persona importante y respetada. Fue más tarde cuando se convirtió en un privilegio exclusivo de la nobleza.
-La caballería en el juego tiene una superioridad aplastante sobre los hombres de armas (pero no sobre los arqueros o los piqueros): un solo jinete puede ocuparse de cuatro o cinco infantes, gracias a su mayor velocidad y la potencia extra que la carga del caballo proporciona a sus golpes.
-Los castillos eran lugares incómodos y aburridos, y los señores feudales siempre estaban fuera, guerreando y saqueando (el saqueo, la rapiña y el botín eran algo inherente al oficio de la caballería, no se tenía como algo ruin, sino como el medio de supervivencia del caballero). En el juego, nos cruzaremos constantemente con partidas de guerra muy poderosas (200 o 300 soldados) comandadas por un conde o un rey, y las aldeas saqueadas y humeantes "adornan" siempre el paisaje.
-El surtido de personajes que puedes encontrar en el juego es muy variado: bandidos, desertores, condes y reyes, mercaderes, damas aburridas y encerradas en su castillo, trovadores, mercenarios y espadas de alquiler, villanos humildes, héroes ansiosos por unirse a nuestras filas…


Las opciones que tienes son diversas: puedes aliarte con un reino y atacar a otro, ser un caballero esforzado, ganando torneos y sirviendo a un señor, ser un falso caballero y atacar a campesinos y caravanas desprotegidas, e incluso dedicarte al comercio, montar una fábrica de cerveza o un molino, comprar y vender mercancías y dejar que de las batallas se ocupen los mercenarios que tu dinero puede comprar (o sobornar a tus atacantes). El comercio, por cierto, es muy realista: es probable que en la zona desértica, los dátiles se vendan muy baratos, pero que en la zona nórdica alcancen tres o cuatro veces su precio original. Así, puedes dedicarte a comprar las mercancías más exóticas y llevarlas de aquí para allá. 

La arena, los torneos y las justas también son muy interesantes: en la arena, cuarenta guerreros desprotegidos se enfrentan con armas de madera (todo un reto por la poca protección que tienes, ahí realmente se mide tu habilidad); en los torneos, se enfrentan grupos grandes de combatientes (tres grupos de cuatro, dos grupos de seis, etcétera) armados (también con armas de madera) y protegidos con armadura. Las justas son duelos de caballeros con lanza y escudo, las de toda la vida. Se permite apostar por uno mismo: en el primero torneo en el que participes, nadie apostará por ti, y por tanto ganarás mucho dinero si consigues vencer. Pero a medida que tu nombre se conozca en los torneos, ganarás menos dinero, porque la gente ya sabrá que eres un jinete hábil y capaz. Ganar un torneo te abre las puertas de los banquetes nobles, donde podrás conocer a alguna dama. El sistema de cortejo es curioso: una vez alcanzamos suficiente fama y nos hacemos merecedores del interés de la dama, podremos visitarla (a menudo a espaldas de su padre, ayudados por una alcahueta) y hablar con ella. Tal y como nos dicen los juglares y trovadores que encontraremos en las tabernas, hablar con una dama no es tarea fácil: ellas se pasan la vida encerradas en el castillo y no tienen nada que contar, pero enseguida se aburren si les cuentas tus hazañas guerreras. La única solución posible son los poemas. Los juglares nos enseñarán poemas para que se los recitemos a nuestra dama, con la intención de encender su corazón y que nos abra las puertas de su doncellez. Si (no) hay suerte, contraeremos matrimonio y reforzaremos nuestra relación con una familia noble y poderosa.


Hablemos ahora del combate: el sistema es desafiante, pero siempre lógico e intuitivo. Hay varios tipos de golpes: tajo desde la izquierda, desde la derecha, de arriba abajo, o estocada. Si empuñas una lanza, puedes apuntarla y echar el brazo atrás para cargar el golpe. El bloqueo (con un escudo que se acaba rompiendo o con la propia arma) también se orienta hacia la izquierda, la derecha, hacia arriba o contra las estocadas. El juego te permite varias opciones: si lo configuras todo en modo manual, el movimiento del ratón orienta el golpe y la defensa (hay que echar el ratón a la izquierda para atacar o bloquear por la izquierda) esto hace que el juego sea muy difícil, así que recomiendo que al menos el bloqueo sea automático (con el click derecho, el escudo se sitúa automáticamente en la dirección del ataque enemigo). El ataque puede orientarse automáticamente o manualmente. El catálogo de armas y armaduras es inmenso, y todas están perfectamente detalladas y caracterizadas: yelmos de todas clases y culturas, cotas de malla, armaduras acolchadas, gorros de cuero, escudos redondos o en forma de cometa, espadas, cimitarras, hachas, lanzas, alabardas, arcos, ballestas, armas arrojadizas, cantos rodados, caballos ligeros, caballos de guerra…
La inteligencia de los rivales es bastante buena, y destaca sobre todo en los combates uno contra uno. No dudarán en acribillarte a flechazos si pueden, y si persigues a un arquero a caballo, ten por seguro que te va a agujerear mientras escapa de ti. Te rodearán, se dividirán en grupos… sin una armadura decente y una buena espada, mejor que no te alcancen porque no aguantarás mucho tú solo. De ahí la necesidad de tener un buen ejército, variado y con la moral bien alta (bien alimentados y con un jefe noble y valiente, que no abandone a sus tropas, no se comporte ruinmente ni ataque a gentes inocentes). Y pocas cosas en un juego son tan reconfortantes como ganar una batalla igualada en Mount and Blade, ver a tus enemigos por tierra, muertos o heridos; el campo sembrado de caballos, flechas y armas; y tus hombres, a pie o a caballo, manchados de sangre, levantando las armas en alto y aullando. Y a todo ello ayuda bastante la música, que durante las batallas es bastante épica (pero que al final, como todas, se hace repetitiva, lo que te permite hacerte tu propia lista musical…)
La experiencia adquirida durante las batallas y las misiones se traduce en puntos que puedes emplear para mejorar a tu héroe: atributos básicos (fuerza, inteligencia, carisma…), habilidades concretas (jinete, manejo de prisioneros, inventario, rastreador…) y uso de armas (de una mano, a dos manos, arcos, ballestas…). Los héroes que puedes reclutar también son especiales: no pueden morir, sólo ser heridos, y tienen su propio árbol de habilidades. Así, puedes desarrollar a tu grupo de tal forma que tengas un experto en diplomacia y habilidades sociales (para convencer a unos aldeanos de que te den algo sin resistirse), un maestro arquero, un mostrenco experto en armas a dos manos, un especialista en asedios (que te permite construir escalas y armas de asedio muy rápidamente), etc. Los héroes tienen sus propias motivaciones, y se pueden mostrar en desacuerdo con tus decisiones (atacar a campesinos o comericantes, abandonar a parte de tus tropas a manos del enemigo para que el resto escape…).
Una de las cosas más interesantes del juego es el sistema de prisioneros. Durante un combate, no todos tus enemigos morirán, sino que muchos quedarán heridos o inconscientes (las probabilidades aumentan si utilizas un arma contundente, como una maza o un martillo, en vez de una espada). Si ganas la batalla, podrás disponer de esos prisioneros como te plazca. Puedes llevártelos y pedir rescate por ellos o venderlos como esclavos en el desierto (un guerrero de élite te dará más dinero que un salteador sin camisa y con una bolsa de piedras como única arma). Si andas necesitado de personal, puedes incluso convencer a alguno de que se una a tu tropa, aunque corres el peligro de que escape a la menor oportunidad (dependiendo de tu carisma, podrás convencerlo o no).


Los asedios son un reto enorme: primero tienes que poseer un ejército lo bastante numeroso y con víveres suficientes como para mantener un asedio. Después tienes que enfrentarte a los defensores de la ciudad, que seguramente salgan en masa para romper el cerco. Si consigues rechazarlos, todavía tienes que utilizar escalas para subir a las murallas y conquistar la ciudad. E incluso entonces, habrá que enfrentarse una última ver con los últimos defensores de la ciudad, atrincherados en el castillo. En los dos primeros asedios que jugué, no conseguí pasar de las puertas de la ciudad (también es cierto, que lo hice de coña, para ver cómo era, con una tropa escasa y sin preparación).
Otro fallo importante del juego es que… ¡NO HAY IGLESIA! La importancia de la Iglesia fue capital en la Edad Media, y en el juego se echan en falta una buena cruzada, herejes, saqueo de templos...
Y quiero terminar haciendo mención al arte del juego, que he ido exponiendo a lo largo de este post. Son unos diseños increíbles, muy expresivos y sencillos, que sin embargo muestran perfectamente lo que ocurre: si estás acampado, se ve a los soldados alrededor de una hoguera, dando de comer a los caballos y afilando las espadas; si tu tropa recibe su salario, ves a una fila de hombres pasando frente a una mesa, donde un soldado les reparte monedas; si te atacan bandidos, verás a un grupo amenazador de hombres con armaduras ligeras, arcos y espadas; si son desertores, serán jinetes y guerreros mejor armados, pero de aspecto desaliñado; si es un ejército profesional, verás soldados en formación; si los aldeanos se alzan en armas, verás hombres sin armadura, blandiendo porras, cuchillos y otras armas caseras; también hay imágenes para los asedios, para el robo de ganado… 


Y eso es todo, espero que lo probéis, porque los requisitos no son muy altos, y lo vais a pasar en grande si le dais una oportunidad. Administraréis ejércitos, cortejaréis damas, comerciaréis y lucharéis al son de himnos de batalla.
E "Himnos de Batalla" ("Battle Hymns") es la canción que vamos a escuchar a continuación, compuesta e interpretada por la banda guerrera por excelencia, Manowar. Uno de sus primeros temas de temática guerrera (luego llegarían muuuuchos otros).



Un último apunte: este juego ha sido una gran inspiración para mí, como prueban las veintipico páginas que llevo de mi relato sobre Guasca de Monò, caballero de Mount and Blade. Un saludo a Mr. Valls, que él ya sabe por qué.

2 comentarios:

Madkü do Nhomo dijo...

Hail Guasca de Monò!!
Hail Sôrete do Nhú!!

Loscercarlos dijo...

Hail great knight of the Rhodoks, I bid you farewell. Hail noble knight of Castilla, adventure awaits you!