lunes, 23 de enero de 2012

Tablut



Hace tiempo publiqué una crítica de tres aventuras gráficas. La primera de ellas, AGON, estaba relacionada con los juegos de mesa. Y en ella descubrí el tablut, un antiguo juego procedente de Laponia, en Finlandia.



Y me gustó tanto la idea y la estética del juego que mostraba la aventura gráfica que decidí hacerme con un tablero y unas fichas. Os voy a explicar un poco cómo funciona el juego. Primero hay que decir que existen muchas variantes, en las que se modifica el tamaño del tablero y el número de piezas, pero las reglas siguen siendo las mismas. Hay dos bandos, uno de ellos es el de los suecos, con un rey y ocho soldados que se sitúan en el centro del tablero. El rey ocupa el konakis o trono, una casilla que sólo él puede ocupar (pero una vez que la abandona, no puede volver). A su alrededor, organizados en cuatro campamentos, están los moscovitas, dieciséis soldados. La gracia del juego, para mí, es que los bandos están desequilibrados y que cada uno busca un objetivo distinto: los suecos deben intentar sacar al rey del tablero por una de las esquinas; los moscovitas deben capturar al rey rodeándolo por los cuatro lados o acorralándolo contra un borde o contra el trono.

Todas las piezas se mueven como torres de ajedrez, horizontal y verticalmente tantas casillas como quieran, sin saltar por encima de otras piezas. Las capturas se realizan rodeando a una pieza enemiga con dos de las tuyas; sin embargo, para capturar debes ser tú quien cierre la presa: si el enemigo se mete entre dos de tus piezas, no queda capturado. Los suecos deben abrir un camino para que el rey escape, y los moscovitas, rodear al rey cuanto antes sin dejar desprotegidos los bordes. Cuando el rey sueco tenga una esquina disponible en el siguiente turno, debe decir "¡Raichi!", para que el moscovita trate de evitarlo; si tiene dos esquinas, debe decir "¡Tuichi!", que equivale al jaque mate (estas dos frases hay que decirlas con ímpetu, si no no tiene gracia).



Existen varias variaciones en las reglas del juego, que lo equilibran hacia uno u otro bando: primero, si el rey puede o no participar en las capturas: si así fuera, se convertiría en una pieza mucho más activa y difícil de atrapar. Segundo, si el rey debe escapar por una esquina o por un borde cualquiera. Tercero, si los campamentos donde comienzan la partida los asediantes funcionan como el konakis, y no se puede volver a entrar en ellos después de abandonarlos.

Yo prefiero jugar sin campamentos, con el rey pasivo y las esquinas como únicas salidas, pero estas variantes permiten añadir variedad al juego. Lo ideal es jugar en tandas de dos partidas, cambiando los bandos: de este modo, el ganador será aquel que demuestre su superioridad asediando y resistiendo.

Hablemos ahora de cómo me hice con el tablero. Me gustaba la idea de las anillitas con adornos (incluso si realmente no se jugaba así, sino en tablero de madera y con piezas de tipo peón de ajedrez), así que usé unas anillas de cortina, y con hilo, pegamento y paciencia, infinita paciencia, preparé los dos ejércitos. Para el rey usé una anilla dorada, plateada para los suecos, y blancas para los moscovitas. Lo complicado era el tablero. Lo que más me gustaba era que fuera como un tapete de piel, que se pudiera extender y jugar encima. Primero busqué un hule marrón, pero quedaba demasiado cutre. Luego hice un segundo intento con un bolso viejo de cuero que corté salvajemente, pero era demasiado rígido y no se podía extender. Finalmente, ya me estaba desesperando cuando mi padre me habló de un artesano de Anguita, a quince minutos de mi casa, especializado en cuero (aprovecho para hacerle publicidad: Gabriel, www.artescuero.com). Me dijo que no había problema, y enseguida me sacó varias pieles y cueros distintos. Escogí uno muy flexible, casi como una tela, y le dije cómo lo quería. Aquí está el resultado:



Diferentes tonos de sombreado marcando el konakis, las esquinas y los campamentos, símbolos marcando las casillas más importantes para el rey, un borde muy bonito adornado con la palabra “TABLUT” en runas, y además una bolsa de cuero con cordones para guardar las anillas.
Así que aquí está, por poco dinero, un juego de mesa con un aspecto excelente. Ahora, ¡a jugar!

4 comentarios:

Algunenano dijo...

No me ha quedado muy claro cómo se juega, pero bueno supongo que lo más fácil es aprender jugando. A ver si algún día tienes a bien traértelo a Sigüenza y me avisas para echarle un ojo, o un trozo de brazo..., o algo.

Loscercarlos dijo...

Además tengo otro tablut en miniatura. Alguno me llevaré.

Anónimo dijo...

Yo utilizo reglas diferentes:
El rey puede abandonar el trono y tras esto esta casilla no puede volver a ser ocupada y se vuelve hostil para todos los jugadores, como las esquinas

no se puede pasar a través del trono

el rey si puede capturar

los campamentos no funcionan como casillas de bloqueo

el rey ha de usar las esquinas para salir

empiezan las negras

el rey ha de ser rodeado por cuatro lados, o con una esquina y dos lados, o con un borde y tres lados o con el trono y tres lados.

Loscercarlos dijo...

¿Y qué tal funciona ese conjunto de reglas? ¿Las partidas están equilibradas? Yo en general he visto que, si los jugadores no han jugado nunca, los defensores lo tienen mucho más fácil. He estado jugando mucho últimamente, ya que me llevo el juego a las ferias medievales en las que participo en Portugal, y me da esa impresión: los defensores lo suelen tener más fácil, y por eso decidí no usar al rey en las capturas, porque eso lo haría aún más difícil de rodear. Pero es lo bueno del Tablut, que lo puedes jugar de mil maneras! :)