jueves, 12 de enero de 2012

Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio



Hace unos meses tuve la oportunidad de ver por fin la película de Tintín , y tengo que decir que estoy encantado. No sólo porque han adaptado mi historia favorita, también porque lo han hecho de una forma inmejorable. Desde Beowulf, la tecnología de motion capture ha avanzado muchísimo, y esto se ve muy bien en Tintín. Había escenas, como el mercado viejo o el bazar, a rebosar de gente, en las que por un momento te olvidabas de que lo que estabas viendo no era real. La acción era trepidante, con persecuciones, tiros, puñetazos y explosiones (por mucho que se diga que es demasiada acción para tratarse de Tintín, eso sólo puede venir de gente que no se haya leído Tintín y los Pícaros o Vuelo 714 para Sidney, ambas llenas de tiroteos de lo más intenso). Tintín daba muy bien el pego, con su cara de chavalín y la ropa clavada a la del cómic. Milú tenía un papel más discreto, y Haddock se hizo pronto el dueño de la función con sus insultos, su borrachera y su simpatía. Pero lo que más me impactó fue que todos los personajes, por poco importantes que fueran, son la viva imagen 3D de su homólogo de cómic. Hernández y Fernández ponen un punto cómico a la película, y aparecen muy bien retratados en mi opinión. Bianca Castafiore hace una breve aparición. Alan el contramaestre, sus hombres, Néstor el mayordomo, Iván Sakharine, Bernabé, la señora Mirlo, el vendedor de antigüedades, el teniente Delcourt, Omar Ben Salaad, los pilotos del hidroavión, hasta el propio Hergé. Cada personaje que aparecía era un guiño a los lectores de Tintín. Había escenas que hacían referencia a otros cómics, como el whisky en el hidroavión, claro homenaje a la aventura espacial de Tintín. Pero no puedo seguir hablando sin contar cosas del argumento, lo siento. ¡Os he avisado! Esta parte seguramente sea más interesante para aquellos previamente aficionados a Tintín.



La película mezcla dos cómics: El secreto del Unicornio, en el que Tintín ya conocía a Haddock, y El cangrejo de las pinzas de oro, en el que traba amistad con el capitán. Por eso, hay referencias a este segundo cómic, del que sólo aparecen escenas puntuales. En casa de Omar Ben Salaad (traficante de opio y el villano de esta aventura, aunque no se haga referencia a esto en la película) hay un gran cangrejo de oro; el disfraz que usan Hernández y Fernández en el desierto también está sacado de este cómic. Para unir ambos cómics, hacen un cambio de argumento que al principio me pareció un error:



En El secreto del Unicornio, hay tres bandos que quieren hacerse con los unicornios: Tintín y Haddock por un lado, los hermanos Pájaro por otro (que sólo aparecen como dibujos en el puesto de caricaturas del mercado) y un extraño coleccionista llamado Iván Sakharine. El señor Sakharine tiene un papel muy breve en el cómic, ya que los villanos son los hermanos Pájaro. En la película, no obstante, eliminan a los Pájaro y convierten a Sakharine en el malo de la función. Para rizar el rizo, hacen que Sakharine sea el dueño del Karaboudjan, el barco de Haddock, y que además sea descendiente de Rackham el Rojo, que quiere vengarse por la muerte de su antepasado. En principio esto no me pareció bien, pero luego creí dar con la razón de este cambio. Si observamos bien a Sakharine y a Rackham en el cómic, se parecen mucho: son altos y delgados, tienen barba puntiaguda y, lo más importante, la nariz exactamente igual (¡en Tintín cada nariz es importante!). Así que no me parece descabellado pensar que a Hergé se le hubiera pasado por la cabeza que Sakharine fuera el descendiente de Rackham. Aún así, los cambios a la obra original siempre provocan errores: el pergamino que esconde cada unicornio sólo se puede encontrar rompiendo el palo mayor. Y el barco de Sakharine está intacto cuando Tintín lo encuentra. De hecho, en el cómic esa es la razón de que Tintín descarte a Sakharine como culpable del robo del barco.



Hacia el final de la película, Tintín pierde algo de protagonismo y se lo cede a Haddock. De hecho, es el capitán el que tiene que animar a Tintín a continuar la aventura. ¿Cómo? Tintín es el que nunca se rinde, y Haddock el que duda. Véase si no Tintín en el Tíbet, en el que Tintín emprende la búsqueda imposible de su amigo Chang por la zona más peligrosa del Tíbet, a pesar de que todas las evidencias señalan que ha muerto. Nos cuelan subrepticiamente una moraleja sobre autosuperación, y después de un duelo a espada con grúas entre Haddock y Sakharine, terminan por vencer. Entonces llega el otro cambio. Las coordenadas de los pergaminos señalan, en el cómic, una isla en la que se desarrolla la segunda aventura, El tesoro de Rackham el Rojo. Después de buscar infructuosamente el tesoro (aunque encuentran el barco), vuelven a Moulinsart y se les ocurre buscar esas coordenadas en la bola del mundo, y encuentran el tesoro. En la película, las coordenadas señalan el propio castillo de Moulinsart, y una vez encuentran el tesoro, hallan también un mapa con la posición de la isla. Así consiguen mantener el suspense para la segunda aventura. ¿Es buen o mal cambio? Decidan lo que quieran.

Las aventuras de Tintín: el secreto del Unicornio es una gran película, una muestra de que se puede hacer una buena adaptación de un cómic, respetando y puede que hasta mejorando el material original, agradando a fanáticos, neófitos y desconocedores de Tintín. Había que ver cómo las decenas de niños que infestaban la sala del cine (haciéndome sentir muy mayor) rompían a reír con cada porrazo de Haddock o de Hernández y Fernández. Creo que puede servir para descubrir o redescubrir a Tintín y sus aventuras, y no olvidemos su denuncia de los abusos cometidos por la humanidad (contra los indios americanos, los árabes, los chinos…) y la transmisión de valores: valentía, honradez y amistad. Corazón puro, tal y como llaman a Tintín los monjes lamas, me ha mostrado los rincones más lejanos del mundo y me ha hecho vivir las mejores aventuras. Saludos.

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