lunes, 9 de enero de 2012

Burocracia

Me levanto temprano. Me ducho y me visto, hay mucho que hacer. Antes de nada, miro el correo electrónico. Anda, unas prácticas de auxiliares de conversación. Ese era uno de mis planes. El correo me informa de que el plazo para presentar la solicitud acaba el día 10. Hoy es 9. Me leo rápidamente los requisitos y la convocatoria completa. Hay que presentar un certificado de que estoy en el último año de carrera, una carta de referencia de un profesor de la UAM, un escrito explicando por qué quiero ser auxiliar de conversación y tengo que demostrar cualquier título que tenga. Y todo eso hay que subirlo escaneado a Internés en un servicio que puede tardar hasta 24 horas en darte de alta. No es posible. El único resquicio que me da esperanza es la posibilidad de enviar la solicitud incompleta y tener 10 días más para subsanar los errores. Hay que intentarlo. Me registro esperando que me den de alta antes de 24 horas. Este imprevisto ya me ha dejado descolocado y malhumorado para todo el día.

Ahora, al pabellón de deportes. En noviembre me cobraron 20 euros de más y eso no se puede consentir. Una señora con cara de confusión trastea con el ordenador y me pone cara de "desearía que no estuvieras aquí". Efectivamente, esos 20 euros vienen de ninguna parte. Por desgracia, el que se encarga de eso está de vacaciones y no llegará hasta el viernes. No pasa nada, no hay prisa.

Voy a la biblioteca. Necesito dos libros para mi trabajo de Hermenéutica. Busco un ordenador libre para consultar el catálogo. No encuentro ninguno. Veo uno a lo lejos, introduzco mi usuario y contraseña pero no los reconoce. Me empiezo a poner nervioso. Subo al piso de arriba, me pongo delante de un ordenador sin silla y tecleo nerviosamente y de pie mis datos. Tampoco me reconoce. Un chaval me indica que él ya ha terminado y me deja su ordenador, que ya está abierto. En ese preciso momento alguien me llama por teléfono y cuelgo para no molestar a la gente de la biblioteca. Para cuando me quiero dar cuenta de lo que pasa, una señora me ha quitado el ordenador. Bajo de nuevo, encuentro un ordenador libre y abierto. Busco los libros en el catálogo, ningún problema. Busco por las estanterías y los cojo. Me voy al estante de autopréstamo. Introduzca su carnet de alumno como aparece en la imagen. Bip bip. Introduzca su pin. No lo recuerdo. La madre que me parió. Me voy al mostrador donde están los bibliotecarios. Hola, quiero coger estos dos libros, por favor, pero no recuerdo mi pin. Tu carnet no está dado de alta, habla con mi compañera. Hola, parece que mi carnet no está dado de alta. Vete a aquel ordenador, abre Sigma y tu matrícula y luego me llamas. Sigma. Introduzca su DNI y su clave. Oh, oh. No me acuerdo de la clave. Tecleo. Clave incorrecta. Tecleo otra vez. Clave incorrecta. Vuelvo al interior de la biblioteca. Espero a que se quede un ordenador libre. Correo UAM. Gestión SIGMA. Hola, me gustaría saber cómo puedo recuperar mi contraseña si la he olvidado. Enviar.

Hola, Carlos, desgraciadamente nosotros no podemos facilitar contraseñas. Para eso tienes que dirigirte o contactar con la secretaría de tu facultad. Copio y pego el texto del e-mail y lo envío al correo de la secretaría. Sólo por si acaso, sigo probando claves. De pronto, me acuerdo de algo. Elimino el cero de mi DNI y pongo la misma clave de antes. Bingo. Los de secretaría me responden a las cuatro de la tarde con esto:

Buenas tardes,
La información que solicita está sujeta a la legislación sobre protección de
datos de carácter personal.
Para comprobar su identidad debe remitirnos una fotocopia escaneada de su
DNI y proporcionarnos los siguientes datos:

- código postal del domicilio que consta en nuestra base de datos.
- número de asignaturas matriculadas en el presente curso académico 2011/12.
- número de asignaturas superadas en el pasado curso 2010/11.

Gracias a Dios que me he acordado de la contraseña. Vuelvo al ordenador del mostrador y abro SIGMA. DNI y clave. Correcto. Por favor, señora bibliotecaria, venga usté a ver mi matrícula. Mi carnet ya está dado de alta y ya tengo mi pin. Me llevo los dos libros y me voy a Renfe. Tengo que hacer la compra de la semana. Cojo por los pelos el tren de Colmenar. Vendo el Oblivion en el GAME y me pillo el Resistance 3, me corto el pelo y hago la compra de correprisas. La cajera parece sufrir algún tipo de deficiencia mental. Quiere usté los puntos de la maleta? Cómo dice? Los puntos para conseguir una maleta. Vale, démelos. Me tiende una pegatina diminuta. Agarro el petate y me voy. El peso me está desgarrando el hombro. En la estación, pierdo el tren a Cantoblanco. A saber cuánto tardará el siguiente. Mientras espero, me llaman. Aún estoy a tiempo de que me den hoy mismo el certificado de notas y la carta de referencia para lo de los auxiliares de conversación, pero tengo que ir a secretaría ya mismo porque cierran a las cinco. Imposible, son las cinco menos veinte y el tren no tiene pinta de llegar. Lo doy por perdido. Cuando por fin llego a mi habitación, guardo la compra. Las pizzas no entran en el congelador. Cierro como puedo, me saco un batido Carrefour Discount y me lo bebo mientras escribo mis frustraciones en el blog.

1 comentario:

Neza dijo...

El tío Juan le dice burrocracia...XD