domingo, 23 de octubre de 2011

Ico y Shadow of the Colossus -Classics HD

Hoy os voy a hablar de mi última adquisición en videojuegos: la reedición de ICO y Shadow of the Colossus, dos de los mejores juegos de PS2. No tuve la oportunidad de jugarlos en su momento, porque mi primera consola ha sido la flamante PS3, pero conocía el Shadow of the Colossus y sabía que era uno de los mejores juegos de la historia. Y os voy a contar por qué.
Hablemos de ICO. Tanto este juego como el Shadow of the Colossus comparten una cosa: pretenden transmitir emociones y sentimientos, sin necesidad de páginas y páginas de texto, relaciones entre multitud de personajes, etc. Intentan ser minimalistas en ese sentido. Ico es un chaval que nace con dos cuernos en la cabeza, una maldición que obliga a los habitantes de su pueblo a encerrarlo en un sarcófago en un gran templo en una isla, como sacrificio. Al parecer es costumbre encerrar allí a los niños con cuernos. Por un golpe de suerte, Ico queda libre, y comienza a vagar por el castillo buscando la salida. En una gran sala, encuentra una jaula con una chica dentro. En cuanto la libera, se da cuenta de que no habla su idioma. Inmediatamente, aparecen unos extraños seres negros hechos de humo que agarran a la chica (que se llama Yorda, como nos enteraremos luego) y tratan de llevársela a su mundo a través de un agujero. Ico agarra un palo y se lía a golpes con las sombras hasta que las derrota. Desde ese momento, tendrá que proteger a Yorda, guiándola a través del templo, ayudándola a sortear abismos y obstáculos, y sin alejarnos demasiado porque las sombras acechan.
Se presenta así un juego de puzles y algo de combate, con muchas salas llenas de cajas, cadenas, interruptores, bombas y antorchas que nos harán devanarnos los sesos. El combate añade momentos de tensión, puesto que las sombras corren, vuelan y te sacuden. La inteligencia de los enemigos me sorprendió para ser un juego del año 2001, porque mientras una o dos de las sombras te entretienen, otra aprovecha para agarrar a Yorda y llevársela corriendo.
Por sus puzles y su sistema de combate, el juego recuerda un poco a la saga Prince of Persia. Poco a poco se va reforzando la confianza entre los dos protagonistas, porque Yorda está indefensa, a merced de esos seres y de su líder, y tú eres el único que puede ayudarla. Entiendo que los que jugaron este juego de pequeños experimentaran con mayor intensidad las sensaciones del juego, pero aún así puedo decir que no me ha dejado frío.
Shadow of the Colossus es otro tema. Es lo más épico con lo que os vais a encontrar ahora mismo. El protagonista es un chaval llamado Wander, que llega con su caballo Agro a una extraña tierra deshabitada.
En un gran templo, Wander pide ayuda a una especie de dios para que resucite a una chica, cuyo cuerpo deposita en el altar. La entidad le asegura que puede resucitar a la chica, pero sólo si Wander destruye primero a los 16 colosos que pueblan esa tierra. A lomos de Agro, empezamos a explorar esa tierra.
Wander posee un arco y una espada mágica. Al levantar la espada a la luz del sol, ésta refleja la luz, indicando dónde está el coloso al que tenemos que eliminar. Las habilidades de escalada de Wander y la exploración a caballo me recuerdan muchísimo al Assassin’s Creed 1.
Una vez llegamos al lugar que nos indica la espada, nos encontramos con un gigante inmenso, cubierto con una mezcla de roca y pelaje, al que le llegamos por las rodillas. ¿Cómo vencer a semejante mostrenco? La espada nos indica su punto débil, la pantorrilla. Evitando sus ataques, nos encaramamos a su pierna y clavamos la espada. El gigante cae de rodillas y subimos a su espalda. La música cambia entonces a la banda sonora más épica de la historia, mientras el gigante agita salvajemente la cabeza y nosotros nos aferramos a duras penas a su pelaje, escalando lo mejor posible hasta clavarle la espada y matarlo. Entonces, el gigante cae al suelo mientras la música se pone melancólica. Es en ese momento cuando pensamos «¿Por qué he matado a ese gigante?», «¿Qué mal me había hecho?». Y ese es el mayor encanto de Shadow of the Colossus, la sensación épica que nos produce el hacer algo que realmente está mal, que hacemos por egoísmo. ¿Es justo destruir a dieciséis seres sólo para revivir a uno? Cada uno de estos seres es un nivel en sí mismo, con su propia rutina de comportamiento y una manera concreta de alcanzar sus puntos débiles.
En mi opinión, sólo por ver el desfile de emoción, peligro o euforia que supone estar agarrado al ala de un coloso volador a cientos de metros del suelo, o a las escamas de un coloso acuático sumergido, o sobre la cabeza del coloso más alto, al que no le llegas ni a los tobillos. Otra de las cosas que me sorprendieron gratamente fue… ¡el caballo! Agro es tu único compañero durante toda la aventura, y es uno de los mejores caballos que se han diseñado para un videojuego: actúa por su cuenta, acude a tu llamada, se acerca a los pozos a beber y te ayuda como puede con los colosos, nada que ver con los estáticos caballos de Oblivion. Wander exhibe unas habilidades muy chulas, ya que puede ponerse de pie sobre el caballo mientras galopa, e incluso utilizar el arco mientras tanto. El final del juego es sencillamente increíble, redondo.
Concluiré diciendo que Shadow of the Colossus no es el mejor juego del mundo, en gráficos o incluso en jugabilidad, pero que las sensaciones que transmite sí que son abrumadoras y épicas como en ningún otro juego. Espero impacientemente el tercer juego del equipo de ICO y Shadow of the Colossus, The Last Guardian, que mezclará a un protagonista infantil y una fortaleza laberíntica, como en Ico, con la compañía de un único ser, un animal gigantesco, mezcla de mamífero y ave, similar a Shadow of the Colossus. ¡Épicos saludos!

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