domingo, 18 de septiembre de 2011

Religión, Iglesia y JMJ

Ha llegado la hora de hacer el prometido post sobre religión e Iglesia, con motivo de las pasadas Jornadas Mundiales de la Juventud que, como sabréis (ya que durante esos días no había nada más en la tele) se celebraron en Madrid. Tuve la oportunidad de verlo, y quería compartir aquí algunos pensamientos, sin intención de resultar socarrón ni demasiado ofensivo. Primero hablaré un poco de la religión en general, luego pasaremos a la Iglesia católica y ya terminaremos con las JMJ.

Antes de nada os pongo unas referencias que he utilizado directa o indirectamente: El héroe de las mil caras de Joseph Campbell, al que ya le dediqué este post; El catolicismo explicado a las ovejas, de Juan Eslava Galán, al que también hice mención hace ya tiempo, y donde encontraréis información interesantísima e hilarante al mismo tiempo; El Jueves del 17 al 23 de agosto de 2011, que dedica sus primeras páginas a las JMJ. Ah, y por supuesto la siempre inestimable ayuda de la página oficial de las JMJ, que tanta información útil y a menudo chocante me ha proporcionado.

RELIGIÓN

Cuando uno tiene uso de razón, no puede sino preguntarse cómo demonios puede la gente creer, de buenas a primeras, una historia rocambolesca sobre un señor que creó el mundo y al que le importa mucho que TÚ no te la menees. Pues está claro: por tradición. Porque tus padres ya se creen esa historia, y te dicen que es cierta. También hay una segunda razón: cuando no comprendes el mundo que te rodea, cuando te parece demasiado acelerado, demasiado violento y despiadado, la opción más fácil es dejarlo de lado, negarte a participar en él (negarte a vivir) y limitar tu vida a un monasterio, y tus actividades al rezo y la elaboración de dulces típicos. Es una opción. Una opción algo cobarde, quizás, pero no soy quién para juzgar a nadie.

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Pero, ¿cuál es el origen de la religión? ¿Por qué surge? Eso lo sabemos todos: en una época en la que el conocimiento científico era muy limitado, para explicar cosas inexplicables se inventan historias. Estamos en el mundo porque hay unos seres poderosos que viven ahí arriba, en ese sitio tan azul y de aspecto agradable, nos crearon. Esa cosa brillante que ha descendido del cielo es Zeus, que está cabreado. El agua del mar cambia su nivel porque Thor bebe con su cuerno. También, como nos explica el doctor Repronto, la historia de Jesús se puede aplicar a lo que ocurre en el cielo por esas fechas (los tres reyes, la constelación de Virgo, el sol que muere y resucita…). Pero además sirve para buscar un alivio en la vida: en un mundo lleno de trabajo duro, envidia, guerra e incluso la finitud de la vida humana, los cristianos tienen la seguridad de que todo ello es sólo una prueba, se podría decir que es algo irreal, porque la vida auténtica viene después. Según te comportes durante esa prueba, se te asignará un lugar en la otra vida, que (ésta sí) es eterna. Por último, las historias que relata esta religión o mitología suelen esconder una moraleja o mostrar un patrón de conducta. Es decir, pretenden guiar al hombre durante su vida (a Joseph Campbell me remito). Esos son, a mi modo de ver, los orígenes de la religión y la creencia.



Por cierto: el ateísmo también es una religión, en el sentido de que también requiere fe: no podemos demostrar la existencia de Dios, pero tampoco su inexistencia. Así que que los ateos no se hagan los guays, son tan creyentes como cualquier católico.

La religión es una creencia, como ya he dicho, y a veces las creencias llevan al fanatismo, y por eso (y a veces sin eso) la religión es causa de muchos males en el mundo: la mayoría de las guerras son o han sido por diferencias religiosas, las cruzadas, la inquisición, los atentados terroristas, la persecución de homosexuales, la degradación y el menosprecio a la mujer, las limpiezas étnicas, las violaciones por honor, los sacrificios humanos, el abuso y la violación de niños y la quema de brujas (gracias por el apunte, Bill Maher). Lo único realmente bueno que ha producido la religión ha sido el arte: muchas de las piezas musicales más hermosas son de temática religiosa o cantadas por religiosos, así como cuadros o edificios. Algunos diréis: ¿y las obras de caridad? Vale, la religión (no sé si decir la Iglesia, la verdad) hace obras de caridad, y eso tiene una repercusión positiva obvia: salva vidas y educa a la gente. No obstante, lo que me mosquea del asunto es que los religiosos hacen el bien persiguiendo un objetivo, que es agradar a Dios y obedecer sus órdenes. Y yo creo que el bien debe hacerse por sí mismo, porque es lo que está en el corazón del hombre, y no debe hacerse a cambio de una recompensa, por grande (y eterna) que sea. Es comparable a un niño que se porta bien sólo porque su madre le ha prometido un caramelo, no tiene valor real porque, si no tuviera la recompensa del caramelo, probablemente se comportaría como un cabroncete. Ahí tengo que estar de acuerdo con Kant, que a menudo era un poco excesivo con sus imperativos y leyes del comportamiento humano. Una buena acción realizada a cambio de una recompensa, o un favor hecho a una persona por la que se tiene afecto, no tiene valor real. Tiene consecuencias positivas, claro, pero lo que quiero decir es que no debería ser necesaria la religión para hacer el bien.

IGLESIA

Y de aquí pasamos a la Iglesia católica. La Iglesia sigue las enseñanzas de Jesús, y tiene a un jefazo que es su representante en la Tierra, al que llamamos Papa, y al que todo el mundo, creyente o no, le debe respeto y debe dirigirse a él como «Su Santidad». Ahora bien, hasta donde yo sé, Jesús era un hombre humilde y buenrrollista (aunque echó a patadas a los mercaderes del templo). Y, ¿qué es la Iglesia hoy en día y desde hace tiempo? Pues un desfile de lujos y papadas, una jerarquía eclesiástica que hace ostentación de sus ropajes bordados de oro, sus coches de lujo, sus banquetes carísimos, y que aprovechan que todo el mundo se inclina a su paso y besa sus manos regordetas y cubiertas de anillos, que venden humo a cambio de dinero. ¿Os suenan de algo las bulas papales? Se podía comprar el perdón de los pecados que uno había cometido por un módico precio. «Eso era en la Edad Media, exagerados» Pues no del todo, la verdad, porque en la página de la JMJ encontramos esto: «El Papa ha concedido la posibilidad de ganar indulgencias a aquellos que participen en la JMJ» ¿Puede alguien decirme qué sentido tiene que uno siga las enseñanzas católicas y no cometa pecado alguno, si obteniendo una de estas indulgencias se obtiene el mismo resultado? «No es lo mismo comprar el perdón que ganártelo», diréis tal vez. Si así fuese, la Iglesia no vendería el perdón, la sola idea de comprar el perdón es una vergonzosa aberración mercantilista que da fe (guiño-guiño) del negocio en el que se ha convertido la religión. Puede usted seguir comiendo borrajas en Cuaresma, ¡o puede adquirir nuestro nuevo kit rápido de perdón divino y olvidarse de esas mariconadas!

La Iglesia también muestra irresponsabilidad con su actitud hacia algunos temas: en primer lugar, al desinteresarse por los casos de sacerdotes pederastas como si la cosa no fuera con ellos. También, al prohibir el uso del preservativo, despotricar contra el aborto, etc., lo que demuestran es que los problemas mundanos no les importan, qué más da que África se muera de sida, que los abusos a niños por parte de los curas continúen, que los fanáticos quemen clínicas abortistas, si todo eso no va con ellos.

¿Por qué no hacer algo contra ellos? Primero, porque la Iglesia está separada del Estado (aunque éste le dé millones de euros) y por tanto los ciudadanos no pueden hacer nada más que no entrar en su juego. Y segundo, porque hemos mamado cristianismo desde la época romana, tanto que el cristianismo está en la base de nuestra cultura. Está en la arquitectura, en la pintura, en la música, en las festividades… está fusionado con nuestro modo de vida, y renunciar a ello, mal que nos pese, supone quedarnos sin nada, sin tradición ni raíces. ¿A que se lo han montado bien?

JMJ

Ahora que ya he soltado todo lo que tenía que decir, vamos con las JMJ. Desde el primer momento se empezaron a oír protestas porque este evento iba a provocar el gasto estatal de 80 millones de euros, por no hablar de la desgravación que supone a las empresas colaboradoras (cuyos nombres figuraban en la ropa de los «peregrinos», que más parecían futbolistas con tanto anuncio en el uniforme), Banco Santander, Iberdrola, El Corte Inglés, Telefónica… Desde el primer momento Madrid se ha doblegado a la visita del Santo Padre: el gobierno, encantado de la vida, porque así distrae al personal de la desastrosa situación económica y social. A mí no me molesta especialmente el hecho de que el Papa visite Madrid y que eso atraiga a mucha gente. Lo que no me gusta es que su visita acarree gasto público, que lo paguemos nosotros, y que ese desembolso el gobierno lo haga sin rechistar, alegre el gesto y firme el ademán, después de los mazazos sociales que están dando, después de poner el grito en el cielo por el estado de las cuentas del Estado y de ponerse quisquillosos con los sueldos de los trabajadores, los contratos temporales, los profesores interinos… ¿Hay dinero o no hay dinero, señores? Si lo hay, que se emplee en lo que es más urgente y necesario, y si no lo hay, que no se gasten lo que no tienen en chorraditas. España es un estado supuestamente aconfesional, la religión es un asunto privado e individual.

Otro de los asuntos que me han parecido aberrantes es el trato de los medios al tema: no sólo porque durante las JMJ no ha salido otra cosa en TVE (la televisión pública, ¡por favor!) sino que se haya dicho constantemente que, con los acontecimientos de las JMJ «los jóvenes por fin demuestran que pueden ser alegres y positivos, estamos acostumbrados a asociarlos al botellón». En primer lugar, el mensaje que transmite es el de que lo correcto es estar feliz y contento, ser una oveja sonriente, y que mostrar descontento y manifestarlo es algo negativo y reprobable. Y en segundo lugar, la primera noche desde la llegada de los peregrinos (a partir de ahora, papaflautas) ha habido unos botellones monumentales, con música a todo trapo, molestias a los vecinos, toneladas de basura y jóvenes borrachos (algo que se ha intentado ocultar a toda costa). Y quiero recordar que precisamente durante el 15-M hubo mucha preocupación para que no degenerara en un botellón (cosa que al parecer no preocupa a la organización de las JMJ. Ah, no, espera, que habíamos quedado en que a esos no les importan las consecuencias de sus actos).



Por supuesto, las manifestaciones laicas han sido disueltas de forma violenta por la policía, mientras que los guiris pueden llenar la ciudad de basura sin que pase nada. Continúan las pruebas en vídeo de la actuación de la policía, con hostias a los civiles sin mediar provocación, personas solitarias intimidadas por media docena de policías armados, golpes salvajes, patadas a víctimas en el suelo, ataques a periodistas…



Y ya que os hablaba del 15-M, ¿sabéis cuál es la diferencia entre el movimiento 15-M y las JMJ? Pues que en las asambleas del 15-M pueden hablar todos, y en las JMJ habla uno solo, y los demás escuchan, asienten y sonríen.

¿Qué? ¿Que qué había en la maldita mochila que hemos pagado entre todos?

- Un evangelio
- El libro del peregrino (para seguir las ceremonias litúrgicas)
- La Agenda Cultural y Litúrgica (con más de 300 actos culturales y las catequesis)
- La camiseta de la JMJ
- Una gorra para cubrirte del sol de agosto
- Un abanico
- Un rosario
- Plano de la ciudad de Madrid

Y la verdad es que no tengo nada más que decir por el momento, me he quedado bastante a gusto. Sólo añadiré que odio cada vez más a Esperanza Aguirre (y eso que no es presidenta de MI comunidad, aunque ahí tenemos también a una buena elementa, la Cospe) por su chulería de macarra de piscina, la incoherencia de su discurso y sus faltas de ortografía. Nada más, hasta más ver y recordad: ¡La juventud del Papa también se la machaca!

1 comentario:

Darío dijo...

Te pego lo del face para darle bombo:

"Por cierto: el ateísmo también es una religión, en el sentido de que también requiere fe: no podemos demostrar la existencia de Dios, pero tampoco su inexistencia. Así que que los ateos no se hagan los guays, son tan creyentes como cualquier católico."

Salvo que te estés cagando en el método científico, que no me parece mal eh, no puedes decir for real que hay que demostrar que algo no existe.