martes, 23 de agosto de 2011

Biblioteca indignada



Hoy voy a presentar una serie de libros a precios asequibles y de rápida lectura sobre el tema de moda: la crisis económica, política y social, y el 15-M.
El 15-M no empezó el 15 de mayo. La indignación empezó a generalizarse y canalizarse con un libro. Stéphane Hessel, un francés de 93 años, luchó contra los nazis, fue apresado por la Gestapo, encerrado en el campo de Buchenwald, y el día antes de ser ahorcado cambió su identidad con la de un preso fallecido. Terminó por escapar y volver con su familia. Hessel se hizo diplomático y fue uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Y en diciembre de 2010 escribe un alegato de unas 20 páginas, titulado ¡Indignaos! En este alegato defiende los ideales con los que se crearon las democracias modernas. Preocupado por el negro giro que está tomando la historia, nos pide a todos que no mostremos indiferencia ante la dictadura de los mercados, el desprecio a las conquistas sociales y los derechos humanos. Sin centrarse demasiado en nada, nos pide que busquemos un motivo para indignarnos, porque no faltan, y que sigamos el camino de la no violencia. El siguiente paso, según sus propias palabras, es comprometerse, actuar, y por eso ha publicado junto con Gilles Vanderpooten ¡Comprometeos! (que todavía no tengo). ¡Indignaos! se puede adquirir por cinco eurillos de mierda (el segundo cuesta algo más), editorial Destino. Me parece tremendo cómo, a raíz de lo que diga un señor francés de 93 años, gente de todo el mundo empiece a reaccionar y a cooperar.
También por cinco euros y en la misma editorial tenemos Nosotros, los indignados. Con un prólogo de Stéphane Hessel en el que expresa apoyo y admiración por el movimiento 15-M en España, el libro (60 páginas) contiene los testimonios de cuatro voces comprometidas.
Klaudia Álvarez, profesora, nos habla de los motivos de su indignación, a pesar de tener una casa, un trabajo, familia y amigos. Nos cuenta cómo la indignación fue tomando fuerza en la red, algo que no se había visto nunca. «En pocas semanas mi Facebook pasó de mostrador de mi vida a boletín de contrainformación. La red social, diseñada para rendir culto a los egos, se convirtió en un arma de organización colectiva […]» Nos cuenta la preparación del 15-M, el trabajo duro y desinteresado de los voluntarios y la respuesta positiva de la población, con unas movilizaciones que han sido capaces de unir a la gente, más allá de ideologías, edades, etc. Después nos enumera una buena lista de razones para indignarse, las reivindicaciones del 15-M (vivienda, educación, atención sanitaria, igualdad social, participación real del ciudadano en la política, democracia de verdad, que no se privatice el beneficio y se generalicen las pérdida…) y se dan soluciones concretas, medidas aplicables (enfrentándose al tan esgrimido argumento de que el 15-M es un movimiento idealista y poco práctico).
Pablo Gallego es estudiante, concienciado desde hace tiempo con la situación, y en su texto cuenta cómo ocurrió todo y denuncia la manipulación de los medios. Habla largo y tendido sobre la crisis y la situación hasta hace bien poco: discurso pesimista, políticos que no cooperan salvo para subirse los sueldos, corrupción y tantas otras cosas. Una partitocracia en toda regla. «Los ciudadanos no nos reunimos el 15-M para boicotear la democracia, tampoco lo hicimos para formular propuestas milagro que nos sacaran de la crisis, ni pedíamos un voto concreto. Nos concentramos porque sabíamos que existían una serie de problemas, y que sólo con nuestra implicación podríamos conseguir solucionarlos. Conseguimos despertar la conciencia política y sólo eso ya ha sido una victoria sin precedentes en la historia reciente de nuestro país». Y es que es cierto, se ridiculiza y se tacha de inútil la iniciativa ciudadana, hemos olvidado que el gobierno es una herramienta al servicio del ciudadano, no podemos dejarlo todo en sus manos y no participar ni interesarnos. No podemos darles el poder absoluto y olvidarnos de ello, porque hacen lo que han hecho: olvidarse de nosotros. Se enumeran algunos motivos concretos de indignación, y propuestas que podrían aplicarse. Se termina con un mensaje positivo y de esperanza sobre el futuro del 15-M y una invitación a la población a interesarse por el movimiento.
Fabio Gándara, abogado, nos describe el panorama laboral de los estudiantes universitarios, el fracaso del progreso y la perversión de la democracia, pero sobre todo el problema de la inacción y la parálisis, la sensación de impotencia, apatía, resignación y miedo que nos impide actuar. Habla con esperanza del futuro del movimiento, de los cambios que poco a poco llegarán. «El primer paso ya está dado: hemos despertado a la sociedad española. Ahora se trata de que, a través de este imparable movimiento ciudadano, la sociedad haga valer su voz y se erija como un actor político que pueda poner el dedo sobre la llaga, señalar y denunciar los problemas y proponer a los poderes públicos soluciones a implementar en pro de la ciudadanía». Termina con una enumeración de los cambios exigidos: reforma del sistema electoral, división real de poderes, luchar contra la corrupción, aumentar la transparencia de los partidos y la administración en general, crear nuevas vías de participación ciudadana (para que la vida política sea algo más que una papeleta en una urna cada cuatro años). En relación con los culpables de la crisis, han de asumir sus responsabilidades. Las entidades bancarias no recibirán rescates económicos de nuestro bolsillo sin ser nacionalizadas o sin imponerles un marco regulatorio; no se aplicarán políticas de recorte de los servicios públicos para reducir el déficit, preservándose los derechos sociales conseguidos tras muchos años de lucha. Finalmente, reconoce que la tarea es ingente, el enemigo poderoso y codicioso, y nuestros líderes no están a la altura, pero que los ciudadanos tienen la fuerza necesaria para devolver a las personas al centro de la política.
Óscar Rivas es un joven emprendedor que vio fracasar sus empresas, proyectos y trabajos por una multitud de problemas derivados de los defectos del sistema. Su testimonio es casi una crónica del nacimiento del 15-M, siendo él uno de sus primeros portavoces: la primera carpa, la donación de material de todo pelaje, la organización de las comisiones, los agradecimientos y el apoyo de jóvenes, adultos y mayores, los primeros problemas de organización (desaparición de material, tensiones aplacadas por los psicólogos y mediadores del campamento), el debate del consenso de mínimos, la visita de Punset… Se hace hincapié en el humanismo que rezuma el movimiento, un clima de cooperación, ideales y trabajo duro que se ve cada vez menos. También en la esperanza de que cada vez más gente se una a la construcción de una sociedad mejor y más equilibrada, y cómo el movimiento ha servido para demostrar que somos muchos, que esto no es una fantasía que le viene a uno a la cabeza para luego desvanecerse. «No debemos permitir que se nos escape esta oportunidad que nos ha llevado a reencontrarnos como seres humanos y debemos seguir trabajando con la confianza de saber que podemos, que tenemos las actitudes y las aptitudes que nunca deberíamos haber olvidado que poseíamos y que queremos la renovación de la clase política o crear una nueva. […] Sirva de colofón un cartel de la acampada de Sol que me encontré entre las tiendas una mañana de la primera semana: «Cooperar nos hace más felices. ¿Lo has notado?».»
Otro de los libros de esta «biblioteca indignada» es Reacciona (editorial Aguilar), esta vez una recopilación de artículos de personalidades españolas como José Luis Sampedro o Baltasar Garzón. Estos artículos alertan a la ciudadanía de la crisis política de las sociedades actuales, especialmente la española, y de la necesidad de una respuesta ciudadana a la corrupción, al abuso de los poderes financieros y económicos y a una clase política alejada del ciudadano. Además, incluye un prólogo de Stéphane Hessel.
El tercer libro que tengo en mi poder es de la editorial Espasa (4 euros) y se titula ¡Insolventes! Su autor es un francés anónimo, un señor que… bueno, mejor que os lo diga él mismo: «tuve un piso acogedor, un coche, un teléfono móvil, muebles, un armario lleno de trajes, de hileras de corbatas, de pilas de camisas, de montones de jerséis, cajones llenos de calcetines, de ropa interior divertida; incluso pedí un crédito más para regalarme el último modelo de Sony, con su pantalla plana, tan plana como mi vida, una vida que se desmoronaba día a día tras ordenadores último modelo.» Pues bien, este señor se hartó de todo eso y se largó a China, a orillas del Mekong, para vivir sus últimos días siendo testigo de las consecuencias que para el resto del mundo tiene nuestro desenfrenado modo de vida. En este libro, el autor nos previene contra el sistema occidental que idolatra la inmediatez, la rápidez, el «consígalo ahora y no pague hasta dentro de un mes». Con la elocuencia que da la indignación y la impotencia, el francés desconocido no sólo nos describe perfectamente lo triste y vacío que es este modo de vida, sino también las nefastas consecuencias que trae al resto del mundo. Se ceba especialmente en los bancos y en su manera de engancharte con créditos y préstamos, el hecho de que nos utilicen y nos expriman mientras somos solventes, y cuando hemos dejado de serlo nos tiran a la papelera. Pero ¡Insolventes! no es únicamente una acertada queja sobre el sistema capitalista y la avaricia humana, sino que proporciona soluciones, propuestas y armas que los ciudadanos podemos utilizar para resistirnos al influjo del neoliberalismo y luchar contra él.
Hasta aquí el post. Me despido recordándoos que se trata de libros muy finos y muy baratos, y que no se tarda nada en leerlos.
[Edito: hay un libro más, editado por Barataria a un precio de 6 euros y medio: Manifiesto de economistas aterrados, en el que cuatro economistas franceses denuncian las estrategias que ha seguido la Unión Europea al enfrentarse a la crisis, ya que su resultado es el aumento de la inestabilidad. Además proponen una veintena de medidas destinadas a corregir la visión neoliberal. Este manifiesto ya ha sido suscrito por más de 3.000 economistas y otros profesionales.]

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