lunes, 18 de julio de 2011

Transmetropolitan + Priego = Agua va

Estoy en el pueblo de mis abuelos, Priego, en Cuenca. Es un pueblo pequeño y tranquilo, pero como en todos los demás, hay gente que vive en la ciudad y viene de vez en cuando. Y cuando viene, trata de aplicar las reglas de la ciudad. Y no funciona. Yo no sé qué es lo que tiene la ciudad, que te deshumaniza, desnaturaliza y te hace perder el respeto. Porque esa es una de las cosas buenas de los pueblos: respetas a la gente y aprendes a conocerla. Esta noche, no he podido dormir porque unos chavales de no más de doce años se han dedicado a hacer ruido en la calle, a llamar a las puertas y a tirar contenedores de basura cuesta abajo. Y no es la primera vez que lo hacen. Y mientras, sus padres estarán en la plaza del pueblo tomando cañas. Esto no es la ciudad. Aquí los vecinos arriman el hombro y tienen que subir ellos los contenedores. También tiene sus ventajas, porque puedes tirarles el contenido de tu orinal cuando llaman a tu puerta a las dos de la mañana. Pero esa es otra historia.

Los pueblos pequeños también tienen sus problemas. El caciquismo y el abuso de la autoridad, la ausencia de entretenimiento variado que te condena a la rutina hasta tal punto que no entiendes que el resto del mundo pueda estar sin hacer nada «de provecho» durante un tiempo.

He terminado de leer el cómic Transmetropolitan. No tengo palabras, sólo «visionario», «divertidísimo», «estimulante» e «inspirador». Os remito a esta estupenda crítica. ¡Ojos de caribú para todos!

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