martes, 3 de mayo de 2011

Into the Wild

Into the Wild es una película que nos narra la historia real de un chaval que, asqueado de la civilización, decepcionado al ver que lo que leyó en los libros no se cumple en el mundo, en fin, con todo lo que le rodea, decide liar el petate y marcharse a recorrer Estados Unidos y sus zonas más agrestes. Aunque creo que no refleja todas las miserias que trae el vivir sólo con lo que puedes conseguir con tus manos, la película me ha recordado otra de mis contradicciones: hablo mucho de volver a la naturaleza, de las mezquindades de la ciudad y la pureza de la vida en el campo, pero luego aquí sigo. Y es que no es tan sencillo, la sociedad te da un camino fácil y sabe que no te saldrás de él, salirse es demasiado complicado. Y aquí estoy, vista la película, te pones un estado de Facebook con una cita de la misma para que todos sepan que estás de acuerdo con su mensaje, y a seguir que mañana tienes que irte pronto al dentista. ¿Cómo vas a poder liberarte de la sociedad, si te han preparado para vivir en ella, si hoy día todos viven tan deprisa que la sola idea de emular al chaval de la peli no despierta más que risa, si tus padres te van pagando la residencia para que no te falte nada, asegurándose así de que te tienen localizado, con móviles y correo electrónico? Debería levantarme, apagar el ordenador, salir por esa puerta y largarme hasta que el mundo se calmara un rato. Pero lo que voy a hacer es ponerme la radio en modo Sleep 90 minutos, irme a la camita y despertarme mañana temprano para volver a Sigüenza y ver qué hierros me tienen que (volver a) poner. No sé si me entendéis, no sé si os importa, si creéis que me estoy quejando y echando la culpa a "la sociedad" que es lo más fácil. La verdad es que ahora mismo me da un poco igual. A lo mejor debería tener un criterio más estricto sobre lo que subo al blog y lo que me guardo. En fin, creo que cada vez transmito peor lo que intento decir.


1 comentario:

Neza dijo...

Yo me iría cargada de libros y con la flauta, y aquí se queda el instituto y sus aburridas clases... pero al final seguimos con nuestras rutinas, como niños buenos.