jueves, 17 de febrero de 2011

A veces nos puede el desánimo y no vemos el sentido de nada. Sin fuerzas para avanzar, mil y un obstáculos frente a nosotros, metas lejanas y en el fondo inútiles. Qué sentido tiene caminar si la senda acaba en un pozo y todo lo que cargamos durante nuestro recorrido se queda en el borde. La gente sólo parece encontrar placer en ponernos la zancadilla, y aquellos que nos quieren no se acuerdan.

A veces frente a nosotros se extiende una miríada de oportunidades, a veces contagias a los que te rodean de alegría, de esa sensación de tranquilidad que da saber que hay gente de tu lado. Ese optimismo de origen desconocido hace desaparecer de tu memoria todo mal recuerdo, e incluso el hecho de saber que en un futuro, sin duda alguna, habrán de venir malos tiempos. Todo ello desaparece, de igual modo que cualquier aspereza o rencor puede desaparecer con un beso. Pero qué escasos y breves son esos momentos, no son más que burbujas de aire en el fondo del océano negro y lleno de depredadores espantosos.



1 comentario:

Anónimo dijo...

I like it