viernes, 11 de febrero de 2011

Bolonia

Creo que ya sabéis lo que es, de modo que no daré demasiadas explicaciones teóricas de en qué consiste el Plan Bolonia: básicamente, al transformar las licenciaturas en grados de carácter general y poco especializados, las universidades pasan a ser centros de formación profesional para crear trabajadores con conocimientos escasos. Los posgrados pasan a ser financiados parcialmente por empresas privadas. Esto conlleva dos cosas: por uno, incremento de precios y necesidad de pedir préstamos bancarios; por otro, que yo considero más importante, el contenido del posgrado está supeditado a los intereses de la empresa en cuestión (que a su vez se mueven por la demanda del mercado), por lo que no esperéis apoyo a las titulaciones de humanidades, poco o nada interesantes para las empresas. La consecuencia principal (para mí) cuyos efectos podemos ver todos es la dejadez absoluta en cuanto a las letras se refiere.

Una vez aclarado esto, paso a resaltar algunos datos importantes que se pueden observar en la Universidad Autónoma de Madrid, y que yo considero vinculados al proceso boloñeso:

Las impresoras ya no son gratuitas, y los beneficios que se obtienen de la impresión van a parar a una empresa privada (presumiblemente, la misma tienda de informática del pabellón B en la que os venden las tarjetas de impresión).

El carnet de estudiante debe hacerse obligatoriamente a través de una entidad bancaria: Caja Madrid o Banco Santander.

La UAM ofrece ya posgrados con financiación privada.

A aquellos de nosotros que seguimos en el plan antiguo de licenciaturas, nos están puteando con todas las letras. Específicamente en traducción, nos han dado profesores que tienen más de un empleo, y siempre procedentes de otros departamentos como Filología o Lingüística, cuando hay constancia de profesores dispuestos a formar un departamento de Traducción.

La universidad garantiza que sus instalaciones están preparadas para el uso por parte de personas de movilidad reducida, pero no es así. Solamente dos de los nueve módulos de la facultad de Filosofía y Letras disfrutan de un ascensor, y la facultad está diseñada con multitud de escaleras insalvables mediante una silla de ruedas. A pesar de que una compañera sólo puede asistir a las clases si estas se imparten en dichos módulos, llevamos ya tres años consecutivos en los que siempre las clases comienzan en otros módulos, y sólo tras las quejas y la insistencia de dicha compañera se trasladan las clases a las aulas adecuadas. Que esto ocurra el primer año es medianamente comprensible, pero que al año siguiente no se tenga en cuenta en ningún momento denota dejadez y falta de respeto.

A la última promoción de licenciatura de Traducción e Interpretación (nosotros) no nos han sabido o querido organizar las clases. Si bien los profesores y los horarios llevan establecidos desde por lo menos septiembre de 2010, hace dos días nos encontramos con 3 grupos intentando entrar en la misma aula (la sala de cabinas). Los nuevos cambios que se han hecho necesarios sólo han provocado más caos (en vez de tenerlo arreglado antes de empezar las clases, a estas alturas el alumnado ya tiene organizado su día, con trabajos y actividades que no permiten cambios de horarios). Ahora mismo, hay grupos que tienen que ir a clase por la mañana, cuando nuestro horario es de tarde, y después tienen grandes huecos durante la tarde. Me parece que no sólo se debe a una mala organización, o mejor dicho, que esa mala organización no es totalmente involuntaria. No se respeta al alumnado de licenciatura, se juega con sus derechos y se cambian los horarios constantemente en un momento en el que ya no se puede hacer sin provocar desorden y quejas. Hay gente que viene de fuera de Madrid y que se ve madrugando todos los días, para luego llegar y estar toda la tarde rascándose la nariz, y luego volver a casa y llegar por la noche, sólo para volver a madrugar el día siguiente.

Los alumnos están desmotivados, descontentos, furiosos, e indignados por los continuos abusos y faltas de seriedad. Hasta ahora nadie ha tomado cartas en el asunto, pero ha llegado un momento en el que ya nadie aguanta más y han empezado a organizarse. No es fácil explicar por qué nadie ha reaccionado hasta hoy, pero yo lo achacaría al individualismo, la indiferencia y la falta de motivación y compañerismo y la escasa confianza en las acciones colectivas. Sólo espero que nos organicemos de la mejor manera posible, que no caigamos en los fallos que siempre cometemos y que hacen que los profesores no nos tomen en serio. Se trata de nuestra educación, la estamos pagando y no estamos recibiendo más que un esputo detrás de otro justo en el ojo.

1 comentario:

Sori dijo...

Gracias. Da gusto leer (y de una manera tan bien expresada) que alguien tiene ganas de defender sus derechos y no lo da todo por perdido.

Espero que tengamos suerte Carlos.

Sori