martes, 25 de enero de 2011

Profesores, parte 1

Estoy un poco incómodo con ciertas profesoras. Para explicaros por qué, voy a contaros un par de cosas concretas muy ilustrativas:

- Una de las profesoras sólo trabaja en la Autónoma a tiempo parcial. Es decir, tiene otras obligaciones adicionales. Por eso, siempre insiste en que no puede llevarse las traducciones de todos, porque "sois muy numerosos" y no le da tiempo a revisar porque "tengo muchos exámenes de Turismo para corregir". Los trabajos entregados desaparecen de vez en cuando, never to be seen or heard of again. La profesora no se organiza la asignatura, la impresión que transmite es la de ser una persona poco seria y poco interesada por la asignatura (gracias a ella se reinventó el Jusinola). El método empleado no es en absoluto adecuado para una asignatura de traducción, es un método lento y pesado que consiste en leer en voz alta un texto e irlo traduciendo entre todos. Esto se prolonga durante toda la clase, no hay tiempo para nada más, sólo una serie de textos traducidos. Ningún tipo de teoría o apunte útil, aparte del vocabulario de las traducciones.

- Esta misma profesora tiene la costumbre de modificar el horario de la clase en su propio beneficio. A menudo la clase empieza media hora antes porque "tengo que irme a las cuatro porque tengo un curso en Alcobendas". En varias ocasiones la clase se ha interrumpido por una llamada telefónica al móvil de la profesora, que permanece encendido durante toda la clase (si Agniezska levantara la cabeza...).

-La profesora no escucha los razonamientos de los alumnos a la hora de argumentar por qué es conveniente permitir el uso de un diccionario en el examen (es una herramienta más para el traductor, y un diccionario no es ni mucho menos un certificado de calidad para una traducción) e impone sus condiciones con argumentos vacíos y carentes de sentido, tan absurdos que ni siquiera los recuerdo.

-El día del examen, tiene lugar la más increíble de las escenas. Teniendo en cuenta que somos casi ochenta personas en clase, de las cuales actualmente acude la mitad como mucho, la profesora escoge, por algún motivo desconocido por el que suscribe, un aula en la que no cabemos correctamente. Al llegar al aula, con unos minutos de retraso, queda espantada por el gran número de personas allí reunidas y pone pies en polvorosa. "Ha ido a por un aula más grande", pensamos todos. Pasan diez minutos. Entramos en el aula y nos sentamos. Al rato llega la profesora. Desgraciadamente, no ha conseguido otra aula. Visiblemente enfadada con nosotros por habernos multiplicado como las setas, insiste en que dejemos las mochilas, los abrigos, los estuches y los móviles en el suelo. No se ha dado cuenta de que en cada fila hay tres personas y que por lo tanto a aquellos que se sientan en medio se la trae absolutamente floja lo de dejar las cosas en el suelo, porque nadie las puede ver.

Pero, atención, aún no he terminado de contaros este circo. La profesora reparte las copias del examen. De pronto, veo cómo las hojas se acaban a unos metros de mí. "¡Profesora, no hay suficientes copias!", decimos algunos. La cara de la profesora es un cuadro, está totalmente desubicada, no puede comprender qué es lo que está pasando. "¡Silencio!", espeta, mientras trata de buscar una solución. "¡Yo he hecho ochenta copias! Aquí hay gente que no está matriculada. El que no esté matriculado, que se levante". Sólo se oye el canto de los grillos. La profesora arguye (del verbo argüir) que ella no puede abandonar el aula del examen, y que nos corresponde a nosotros salir y hacer las fotocopias correspondientes. Alguien pregunta, con muy buen tino: "¿Me está diciendo que me corresponde a mí fotocopiarme mi propio examen?". En efecto, eso es exactamente lo que nos está diciendo. Para colmo de males, el servicio de reprografía está cerrado, de modo que le corresponde a la alumna inquisitiva acercarse al aula de informática y hacer copias suficientes. Pasa el tiempo.

La gente empieza a hacer su examen mientras la parte de atrás de la clase se quita las bolillas de los dedos de los pies. La profesora, que está convencida de que hay gente que está haciendo el examen sin estar matriculado (tiene toda la razón, había gente agolpada fuera, esperando una oportunidad para entrar y hacer el examen), no tiene una idea mejor que pasar lista, para descubrir a los impostores responsables de la conspiración judeo-masónica y expulsarlos sin piedad. ¿El problema? En su lista aparece la gente que sí está matriculada, que oye su nombre, levanta la mano y se olvida del asunto. No hay modo de saber quién no está matriculado, a menos que se pinte una X con rotulador en la frente de los matriculados. Mi proposición es educadamente ignorada. Ya han pasado treinta minutos desde la hora prevista para el examen. Finalmente, llega nuestra salvadora y reparte las copias. A los pocos minutos, la profesora llama la atención de la clase y declara: "Es lo que tienen los nervios. Resulta que sí que tenía más copias en el bolso". Aplauso mental de toda la clase. Ahora que tan tensa situación ha terminado, echamos un vistazo al examen. Ah, genial, es UNA CHORRADA.




Podría hacer un jueguecillo para que adivinaseis a qué profesora me refiero, pero sería demasiado fácil. Lo más inquietante del tema es que la profesora aún tiene en su poder las traducciones que cuentan para la nota final, de las cuales no tenemos noticia. Pero más inquietante aún es el rumor de que se trata de la misma profesora que impartirá, en el siguiente cuatrimestre, Traducción Automática y Asistida, una asignatura que, desde el respeto, no creo que esté cualificada para enseñar.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Bravo!!
Eres bueno Justin, muy bueno.
Impecable tono irónico-festivo, me he reído de principio a fin.

Sori dijo...

creo que de hecho deberíamos enseñarle este texto al decano, rector o superior de turno (quitando alguna que otra ironía) para que viesen a que nos enfrentamos a diario...

Espero por el bien de todos que maguiyosé no imparta automática. Que dios (si existe) nos pille confesados.

Loscercarlos dijo...

Siempre que yo no figure como autor... ¡somos una cooperativa!

Clarus dijo...

Sabías y well-written palabras, Carlangas. Toda la razón llevas y, he de confesar, que no me has quitado la sonrisa ni un momento con tu entrada :P

Clarus dijo...

*Sabias ¬¬