viernes, 5 de noviembre de 2010

5 de noviembre (colaboración entre V y yo)


Justificar a ambos lados"Recuerden, recuerden, mi 5 de noviembre. Examen, crisis y agujetas. No veo la demora y siempre es la hora para evocarla sin dilación".

¡Buenos días, Madrid!

Permitid que, primero, me disculpe por la interrupción.

Yo, como muchos de vosotros, aprecio la comodidad de la rutina, la seguridad de lo familiar, la tranquilidad de la monotonía...

A mí me gusta tanto como a vosotros pero con el espíritu de conmemorar los importantes acontecimientos del pasado (normalmente asociados con la muerte de alguien o el fin de alguna terrible y sangrienta batalla y que se celebran con una fiesta nacional), he pensado que podrí­amos celebrar este 5 de noviembre (un día que, lamentablemente, ya nadie recuerda) tomándonos 5 minutos de nuestra ajetreada vida para sentarnos y charlar un poco.

El sistema no se sostiene. Eso está muy claro. Por si no fuera poco con una clase política corrupta y rapiñadora, la crisis económica está dejando al descubierto las diferencias abismales entre ricos y pobres. Nuestro país está en el conjunto de los países buenos, los «civilizados», donde se ve como arcaica y primitiva la forma de vida de los demás. Pero durante un momento, hace ya meses, cuando la crisis estaba más de moda y la gente se lanzaba a las calles para protestar, tuve un pensamiento ridículo y absurdo. Si el sistema está podrido, si los errores de gente que NI SIQUIERA son los políticos, sino banqueros y grandes empresarios, los está pagando brutalmente la parte más pobre de la población; si por culpa de gente que sigue viajando en jet privado y comiendo en restaurantes de lujo, todos los demás hemos visto reducida nuestra situación económica y laboral a un nivel miserable; si todos los avances que costaron años y años de lento trabajo, negociaciones y acuerdos, han desaparecido, demostrándonos que en realidad no contamos para nada, que somos el ganado del que se alimentan cuatro lobos pulgosos, que juegan con nosotros dándonos fútbol, toros, y algún aumento salarial para que nos creamos que tenemos el control, pero a la mínima que su poder se tambalea nos lo arrebatan todo y nos atan corto, en una demostración tan clara como humillante de que no somos nadie en el juego de los capitalistas, en el cabaret del vicio…si todo eso es verdad… ¿por qué no cambiar el sistema?

¿Por qué no íbamos a quitar al gobierno, acabar con los banqueros y empezar de cero? Está claro: porque nos han convencido de que no se puede luchar contra el sistema, que nosotros estamos al servicio del Estado, cuando en realidad el Estado es una invención nuestra. Porque ese tipo de acciones son propias de países tercermundistas, salvajes y atrasados. Porque además el resto de Estados se ayudarían entre sí para impedir la acción de los ciudadanos. Es una trampa, las leyes están hechas para proteger el sistema, y no se puede cambiar el sistema empleándolas. La fuerza del ciudadano se ha visto reducida al derecho a voto (dentro de la ley, dentro del sistema). Nos damos por contentos con ello, creemos tener en nuestras manos el destino de nuestras vidas. ¿No veis, necios, que dos partidos idénticos en sinvergonzonería se reparten el pastel, que sólo se diferencian en un par de cosas muy vistosas para que creamos que estamos eligiendo? ¿Qué todos cobran unos sueldos obscenamente altos, incluso los que ya no «trabajan», y que nadie lo pone en tela de juicio? ¿Qué con la crisis nos han bajado sueldos y pensiones, han congelado y bajado los salarios de los funcionarios, han subido la edad de la jubilación, mil y una barrabasadas, mientras que ellos se han hecho los suecos, tenemos que seguir manteniéndolos mientras intentamos sobrevivir? ¿Me estáis diciendo en serio que no lo veis, que el lavado de cerebro ha tenido tanto éxito que sólo intentáis sobrevivir una semana más hasta la próxima borrachera, el próximo porro, la próxima raya, partido de fútbol, etc., que ni os va ni os viene todo esto?

Claro, cuando le comento esta idea a alguien, obtengo medias sonrisas, miradas que dicen «No puedes hablar en serio». Estamos tan agilipollados y acostumbrados al sedentarismo y la pasividad que preferimos sufrir en silencio las injusticias del sistema, tratar de olvidarlas, ahogarlas en un vaso o fingir que no hay otro remedio, contentarnos con pequeñas rebeldías como descargarnos música o tomar drogas. Pero, ¿qué tiene de malo, qué tiene de ilógico? Que el pueblo se una, descontento, y retire a los que están llevando al país (y a los paisanos) por la calle de la amargura. No os engañéis, el mundo no es mejor que hace 1000 años, ni los humanos somos mejores personas: eso es lo que nos han dicho. Hoy en día muere mucha más gente que hace 10 siglos, y de formas igual de horribles y crueles, quizá peores. Sigue habiendo torturas e injusticias, la gente vive mucho peor que entonces, sin agua, sin comida, sin ningún tipo de recurso. Y lo peor es que eso lo hemos creado nosotros. Hemos ido a peor en todos los sentidos, somos un cáncer para la tierra, siempre en expansión y destruyéndolo todo a nuestro paso. Nos hemos cargado los bosques, nos hemos cargado a los animales, hemos cambiado el clima, lo llenamos todo de mierda, hemos despojado a la tierra de toda su belleza natural, nos la hemos repartido como si fuese lo más natural del mundo y nos escondemos de ella detrás de feos bloques de hormigón. De modo que no, no somos ni más civilizados, ni más pacíficos. Así que si nuestros antepasados tenían derecho a cambiar un sistema que ya no hacía bien su trabajo (y hoy en día lo vemos como una heroicidad), no nos engañemos, en última instancia la culpa de nuestra situación no es de los políticos, ni de los banqueros, ni de los empresarios, ni de los rojos, ni de los fachas, ni de los inmigrantes, ni de los gitanos, sino de nuestra propia indolencia y falta de pasión.

Anoche intenté poner fin a ese silencio. Anoche destruí propiedad pública de la universidad, para recordar a este país lo que ha olvidado. Hace más de cuatrocientos años, un gran ciudadano deseó que el cinco de noviembre quedara grabado en nuestra memoria. Su esperanza era hacer recordar al mundo que justicia, igualdad y libertad son algo más que palabras: son metas alcanzables.

Así que si no abrís los ojos, si seguís ajenos a esta realidad, entonces os sugiero que permitáis que el cinco de noviembre pase sin pena ni gloria. Pero si veis lo que yo veo, si sentís lo que yo siento y si perseguís lo que yo persigo… entonces, os pido que os unáis a mí, dentro de un año, ante las puertas del módulo V, y juntos, les haremos vivir un cinco de noviembre que jamás, jamás olvidarán.

1 comentario:

Sandra Gutiérrez dijo...

Es increiblemente LARGO! Lo sabias?! Pues me lo he leído! ala! para que luego digas! Lo he leído con Ale en clase de informática y nos hemos reído un montón xD Me alegro de que resucites tu blog :)

Bzz!!