miércoles, 22 de septiembre de 2010

Eels






Os voy a contar la historia de Mark Oliver Everett. Su padre era Hugh Everett, un físico que creó una teoría que en su momento no se tomó en serio, pero que tras su muerte logró mucha popularidad. Decía que existen infinidad de universos, y que el nuestro es sólo uno más de ellos. Estos universos se dividen continuamente. De este modo, encontraríamos un universo en el que Hitler ganó la guerra, otro en el que la perdía pero en le que Kennedy no era asesinado, etc. Una teoría en apariencia descabellada pero que al parecer no lo es tanto. Hugh Everett se casó y tuvo dos hijos: la mayor, Elisabeth (Liz) y el pequeño, Mark.
Hugh se instaló en un típico suburbio americano, ya sabéis, fachadas de color pastel, jardín y barbacoa. Lo malo era que Hugh estaba obsesionado, porque sus colegas se reían de su teoría. Toda su vida estuvo frustrado y descuidó su vida familiar, se pasó días y meses con la misma rutina: sentarse a leer el periódico, fumando y bebiendo. Mark y Liz se acostumbraron a tratar a su padre como un mueble más, alguien que por supuesto no hacía vida social con los vecinos, ni hacía barbacoas ni se prestaba para ser el entrenador del equipo de fútbol local. Y los dos niños crecieron como se suele crecer en estas circunstancias. Mark siempre fue elegido el último en todos los deportes, a la hora de hacer equipos, y tanto él como su hermana no sintieron nunca la seguridad de tener a alguien al mando de la familia y de la casa, pues su madre era de educación inglesa y rara vez mostró un cariño sincero por sus hijos. Los chavales, eso sí, crecieron rodeados de música, y Mark acabó por comprarse una batería de juguete y demostrar su habilidad musical.

Según pasaban los años, Mark siguió progresando con la música, componiendo canciones simples él mismo. Su hermana no tenía su habilidad y creatividad, y cuando se independizó empezó a frecuentar malas compañías y a darse a las drogas. Estamos hablando de los años 70-80. Según explica Mark, la manera en que se habían creado no les permitía enfrentarse al mundo con facilidad. Él tuvo la suerte de poder expresarse y buscar una meta a través de la música, pero su hermana no. Cuando Mark tenía 19 años, al volver a casa (su hermana y su madre habían salido) se encontró con su padre muerto en su cama, como si tal cosa.

Seguían pasando los años, y Mark entendió que no estaba hecho para estudiar. Tenía talento musical, componía sin parar, tocaba la guitarra, el teclado y la batería, y decidió hacer un último intento para hacer algo de provecho. Había pasado unos cuatro años de trabajo en trabajo, deprimido y sin saber qué hacer con su vida. En palabras de Mark, si no conseguía triunfar con su música, sólo le quedaba morir. Así que se marchó a Los Ángeles con lo puesto, se quedó en casa de una ex-novia (a la que oía intimar con su nuevo novio todas las noches) y grabó canciones sin parar. Su imaginación parecía no tener límites, las canciones salían como churros, hacía cintas y las enviaba a todas partes. Finalmente, tras mucha desesperación y cansancio, su paciencia dio frutos, y alguien de Atlantic Records, John Carter, le dijo que le llamaría para hablar de sus canciones, que le habían gustado mucho. Hicieron dos discos, “A Man Called E” y “Broken Toy Shop”, en el 92 y el 93. En este punto debo decir que cuando era pequeño Mark se cambió el nombre a “E”, porque ya había varios Mark en su clase (y supongo que cuando se giraba nunca era a él a quien llamaban) y así es como se le conoce hoy en día, E o Mr. E.


A Mark le echaron de Atlantic Records, pero él siguió haciendo canciones, como si nada. Mientras tanto, su hermana Liz había llegado a un estado tan malo que se había intentado suicidar, había sido violada y seguía tomando drogas. Carter seguía siendo el manager de E, pero las compañías no parecían interesarse por sus nuevos temas, “Novocaine for the Soul” y “Susan’s House”. Finalmente, E grabó junto con Tommy Walter (bajo) y Butch (batería) el disco “Beautiful Freak” en DreamWork Records, una compañía recíen creada que no tenía nada que perder. La nueva banda, bautizada “Eels” fue su primera adquisición. La noche antes de que sacaran el disco a la venta, tocaron en un local. Todo le iba bien a E, las cosas por fin parecían encauzarse, estaba rodeado de amigos y colegas sensibles como él y amantes de la música. Esa noche su madre le dejó un mensaje pidiéndole que la llamara. Su madre le dijo que Liz se había suicidado.

Tras un tiempo en el que E intentó asimilar lo que había sucedido, su madre le dijo que tenía un tumor en los pulmones y que le quedaba poco más de un año de vida. De toda la familia Everett, sólo quedaban Mark y su madre, Nancy, y dentro de poco sólo estaría él. Y así fue, su madre murió, pero él se quedó junto a ella hasta el final. Después de todo lo que había pasado, E sabía que si no quería desmoronarse sólo había una solución: volcar todos sus sentimientos, todos sus recuerdos y todas sus anécdotas en relación con su madre y su hermana en un disco. El disco se llamó “Electro-Shock Blues”. Desde los temas “Elizabeth on the Bathroom Floor” y “Going to your Funeral Part 1” (ambos para Liz), hasta “Cancer for the Cure” y “Going to your Funeral Part 2” (para su madre), en este disco E nos muestra todo su interior, sin reparos. Mark siempre ha dicho que hace su música para él mismo, no pensando en el público, y tal vez ese sea el secreto de esas letras tan intensas y llenas de verdad. Musicalmente, “Beautiful Freak” es una rareza indie-rock alternativo suave e intensa a partes iguales, mientras que “Electro-Shock Blues” es en su inmensa mayoría tranquilo, melancólico y de letras tristonas, aunque sin caer nunca en la desesperación sin remedio. Como dice E en su última canción del disco “PS. You Rock my World”: “Maybe it’s time to live”.

Mark se había dado cuenta de que estos acontecimientos sólo tenían que servirle como experiencia y como aliento para vivir su vida con intensidad y con pasión, no para hundirse en la miseria. Ya había soltado todo lo que sentía en el disco, ahora tocaba seguir adelante. Tras vaciar la casa de sus padres y venderla (el tiempo que pasó él solo en la casa vacía fue terrible), E volvió a componer. Su nuevo álbum hablaba de la tristeza que sentía, pero sobre todo celebraba la vida y el nuevo comienzo. Lo llamó “Daisies of the Galaxy”, pero tuvo problemas con la compañía, que después del precioso pero tranquilote “Electro-Shock Blues” quería algún single que poner en la radio, algo simplón que a la gente le encandilase. Otra compañía había comprado ya la casa discográfica, una multinacional con sus propios intereses, y E lo sufrió en sus propias carnes. Su disco era una mezcla de música electrónica con guitarras acústicas y la batería de Butch (a Tommy Walters lo mandaron a paseo por cenizo). Un buen día E hizo una canción llamada “Mr. E’s Beautiful Blues”, muy positiva y marchosa, porque sentía que si las cosas no acababan de arrancar, tenía que hacerlas arrancar él mismo. La canción habla de un montón de situaciones más bien negativas, pero después exclama “Goddamn right, it’s a beautiful day”. Ante la insistencia de la compañía, intentó meter la canción dentro del disco, pero no encajaba, rompía el ritmo, no tenía nada que ver con el concepto del álbum que tenía E. Accedió a meterla al final del disco, pero sólo como “bonus track”, y separada por 20 segundos netos de silencio del resto del disco. El disco tenía en la portada una especie de dibujo infantil que escandalizó a los republicanos conservadores americanos. Decían que era un disco destinado a corromper a la juventud, porque incluía tacos como “motherfucker”, “whore” o “goddamn”. E hizo oídos sordos, e incluso le gustó que hiciesen publicidad de su música. El disco salió a la venta y fue un éxito, como todos los anteriores.

Ya en 2001, a E le dio el venazo de cambiar de estilo. Se sentía bien, se sentía con fuerzas, y quería hacer un disco más agresivo, más ruidoso, más rockero. El álbum “Souljacker” era dinámico, rebosaba vida, pero a los petardos de la casa discográfica no les gustó. E lo mandó todo al carajo, hizo un tour para presentar las canciones y luego sacó el disco. E había pasado de ser un gafapasta con perilla y camisa de cuadros a dejarse barba de yihadista, ponerse gafas de sol y una sudadera chunga. Los fans clásicos de Eels, acostumbrados a las flojerías de los discos anteriores, creyeron que les habían cambiado a la banda. Cuando salió el disco, la crítica lo puso por las nubes, el mejor disco de rock del año, dijeron. E aún no entiende cómo a los fans puede gustarles en serio una banda que hace lo mismo una y otra vez, que nunca sorprende, que es previsible. Si alguien se pone tierno, que escuche otra vez el “Daisies of the Galaxy”, pero que no dé el coñazo quejándose de “Souljacker”.




Pero E cambió de nuevo y decidió hacer un buen disco doble. Quería hablar de los momentos especiales de la vida, tanto buenos como malos, hablar de todo tipo de sentimientos, cada uno encerrado en una canción. Y mientras grababa este disco, a E le apetece quedar con la banda para tocar juntos durante 10 días exactamente. De esa “sesión” sale un nuevo disco, “Shootenanny”, una mezcla de blues y rock marchoso, con algunas canciones míticas como el “Love of the Loveless” o “Dirty Girl”. E seguía trabajando en su disco doble, y pronto lo tuvo listo. Lo llamó “Blinking Lights and Other Revelations”, como las luces parpadeantes de un árbol de navidad, en referencia a todos esos pequeños momentos buenos y malos que hacen que la vida merezca la pena. Por supuesto, un álbum doble no hizo mucha gracia a la compañía, y no salió a la venta hasta 2005. La compañía discográfica no se fiaba de E, en ninguno de sus álbumes, y una y otra vez quedaba demostrado que se equivocaban, pues la crítica lo alabó una vez más. “Blinking Lights and Other Revelations” es una mezcla de pop, vientos, cuerdas y guitarra acústica, un buen disco del que destacan “Hey Man (Now You’re Really Living), “I’m Going to Stop That I Didn’t Break Your Heart” y “Things the Grandchildren Should Know”, tres de mis temas favoritos de Eels.


Con el disco ya sacado, E se tomó un tiempo de descanso, para recopilar ideas (aunque no parece hacerle falta). Ya estamos entre 2005 y 2008, y Mark se ocupa de un documental de la BBC sobre su padre y de escribir su autobiografía, “Things the Grandchildren Should Know” (sí, se llama como una de sus canciones), un libro genial y tragicómico en el que explica desde la primera persona todo lo que yo os he contado hasta aquí (sí, habéis acertado, yo lo tengo). Después de esto, a E le viene de nuevo la fiebre creativa, y publica tres discos, una especie de trilogía. El primero, “Hombre Lobo” sale en 2009, y vuelve un poco al estilo “Souljacker”, con canciones agresivas, descaradas y rockeras como “Fresh Blood”, “Prizefighter” y “Tremendous Dynamite”. La idea del álbum es la del deseo, deseo sexual y amoroso. El siguiente sale en 2010, se llama “End Times” y es todo lo contrario, habla de ruptura, de vejez y de soledad y desesperación. Todo el mundo decía que la música de E era más bien triste, y al parecer E pensó “Os vais a enterar de lo que es la tristeza”. Es un disco acústico, muy íntimo y bonito, que al parecer coincidió con la ruptura real de E con su pareja (A Mark siempre se le ha dado muy bien mantener su intimidad en secreto). Y en ese mismo año sale “Tomorrow Morning”, la recuperación del disco anterior, es la luz al final del túnel, el nuevo renacer, la alegría que vuelve a salir al exterior. Musicalmente, es acústico y electrónico, recuerda bastante a “Daisies of the Galaxy” pero es alegre sin reparos. “I Like the Way This is Going” es para mí el mejor tema del disco, una carta de amor a una chica desconocida que ha entrado en la vida de E. Y llegamos a día de hoy. E se encuentra de gira, presentando los tres discos nuevos, y el día 18 de septiembre, hace cuatro días, pasó por Madrid. Y, ¿sabéis quién estuvo allí? Exacto. Después de unos teloneros muy raros (un ventrílocuo sin gracia y una copia de Russian Red), y de pelearnos con dos de los cientos de gafapastas de boquilla que había en la sala, aparecieron Eels. Un concierto impresionante, muy rockero por ser un directo, pero abundante en canciones bonitas como “End Times” y “Grace Kelly Blues”. Aunque dominaron por completo “Hombre Lobo” y “Souljacker”, por supuesto. En Youtube tenéis algunos vídeos del concierto, por cierto.


E apareció con un pañuelo tapándole la frente, gafas de sol (¡en una sala a oscuras!) y la barba de integrista, vestido con una especie de mono blanco, impecable. Utilizó tres guitarras que un señor le iba cambiando, también tiró de maracas y finalmente, en un par de canciones, se limitó a cantar (“Looking up”, un tema que expresa perfectamente lo que significa el “Tomorrow Morning”). Hizo dos bises y se despidió. La banda, elegantemente vestida con camisa y corbata, fue competente y cañera, como la mayoría de las bandas americanas.



Para terminar, los motivos por los que me gusta Eels son los siguientes: Nunca sabes por dónde te va a salir Mr. E, su creatividad no tiene límites, hace versiones rockeras o con violines de sus canciones, como si tal cosa; habla de sentimientos con los que realmente te puedes identificar; se nota que está contando la verdad, que está hablando de sí mismo, no como la mayoría de las bandas que no hacen más que hablar de mierda estereotipada; ha sufrido mucho y ha sabido salir a flote, superando tragedias familiares y el desprecio y la estupidez de las discográficas; ha publicado más de cien canciones y ha compuesto unas mil.
Motivos por los que no me gusta Eels: Mr. E no es un tío leído, dejó de leer en su juventud y desde entonces no ha cogido ni un libro. Y sin embargo, escribe ese pedazo de autobiografía. Envidia.




Mi (nuestra?) colección de Eels contiene: “Beautiful Freak”, “Electro-Shock Blues”, “Daisies of the Galaxy”, “Shootenanny”, “Meet the Eels”, “Tomorrow Morning”, “Eels with Strings”, la autobiografía “Things the Grandchildren Should Know” y una camiseta.

4 comentarios:

Neza dijo...

Pues él escribirá bien, pero tú has conseguido que me vaya directa a youtube a ver sus temas y que me muera de ganas de leer el libro.

Algunenano dijo...

Una canción directamente recomendada para ti, Loscertales: http://www.youtube.com/watch?v=o22eIJDtKho

En una semana posiblemente la haya escuchado una veintena de veces y eso que no la llevo en el mp3.

Loscercarlos dijo...

Hombre, esta canción la oí yo por vez primera en la serie de Smallville!! Un temazo, sí señor, a la altura de Mad World.
Vas a estar este finde en Sigüenza? En caso afirmativo, te llamo y nos echamos unas Pleyesteisions.

Primita, me alegro mucho de haberte influido positivamente!

Algunenano dijo...

Sí, sí que estoy en Sigüenza y, en principio no tengo nada importante que hacer. Ah, y teóricamente tengo coche también, aunque no me gusta cogerlo.