miércoles, 14 de abril de 2010

Mi triste trayectoria como escribidor

He contado tantas cosas aquí, cosas que normalmente no cuento de palabra, sobre mí y sobre cómo pienso y siento, que ahora toca hablar de mi relación con la escritura.
Un tema peliagudo. No sé muy bien cuándo empecé a escribir, creo que en el colegio, en primaria, empecé a hacer unos pseudo-relatos de aventuras (el primero fue sobre zombies, ¡toma!), pero no empecé "en serio" hasta 6º de primaria o ya en el instituto. La influencia fue, claro está, de la literatura fantástica. Los Warhammer me llevaron a las novelas de Gotrek y Félix, sencillotas pero leíbles, y de ahí se me ocurrió hacer un relato con mi general de Warhammer como protagonista. El señor Santana protagonizó su aventura particular, basada en el Mataskavens de Gotrek y Félix. Ahí quedó la cosa, en un relato de treinta páginas de Word con un final tal vez demasiado "de correprisas", pero que aún hoy es de los que más me gustan, de los más sencillos y sinceros. Los cómics de Conan fueron mi siguiente fuente de inspiración (un estante lleno a rebosar de ellos, más algunos tomos gruesos), y escribí el primero, El tesoro del capitán Darfar. Un relato de piratas ambientado en un mundo entre lo real y lo fantástico, con krakens y magia como elementos más extraordinarios. El pirata Moyttu fue, desde entonces, uno de MIS personajes, más mío sin duda que Bastian y Atreyu de La historia interminable, por poner un ejemplo.

Después vino Dárker, que en su primer relato era un Conan reciclado (poco a poco fue cambiando en sus aventuras). Zánatus el cazador de monstruos, el prototipo de hombre inocente y cándido que se da de bruces con la realidad en su primera y segunda aventuras, y que tenía pensado mostrar de manera diferente en la tercera, que nunca escribí.

Más tarde jugué al videojuego Blood Omen 2, con un vampiro malvadísimo, Kain, como protagonista. Mi personaje Hetnaset (uno de mis preferidos, que se ha convertido en mi nick en muchos sitios) tenía un relato, que en principio iba a ser el primero y el último, en el que acababa suicidándose (es una historia de venganza y tal y cual, y cuando ha terminado se quita la vida porque él nunca soportó ser vampiro). Pero al final resultó ser uno de mis personajes más recurrentes, en una serie de flashbacks en los que contaba cómo llevó a cabo su persecución de la vampira malvada y de lo que se fue encontrando por el camino. La verdad es que son los relatos de los que estoy más orgulloso.

Todo esto sucedía según avanzaba yo por secundaria. Para qué mentir, el estudio no ocupaba todo mi tiempo y tenía de sobra para producir relatos como churros, mejor que peor. Vieron la luz un flashback de piratas, un macro relato de vikingos (Hrod'Maald, ¡gran personaje!), la segunda parte de las aventuras de Santana, algún relato de fantasía aislado que no se conectaba con los anteriores... Y poco a poco se me ocurrió la idea de crear un mundo, o más bien una época: Vakrivia, donde se desarrollan esas aventuras. La idea es de nuestro planeta hace mucho, mucho tiempo, dominado por un imperio tiránico pero sacudido un buen día por una serie de cataclismos que lo trastocaron todo. El mundo conocido queda reducido a una isla-continente con un lago gigante en medio, y lo que queda del Imperio, que ha perdido casi
todo su poder y ve cómo las distintas naciones y ciudades estado se empiezan a rebelar e independizar sin control. Mis protagonistas, a la vez que viven sus distintas aventuras, nos irían mostrando cómo se desarrollan los acontecimientos históricos. Ah, y el toque final: Nadie puede escapar de Vakrivia porque una serpiente gigante, al estilo del Leviatán bíblico y la Jormungandr nórdica, rodea el continente y destruye a cualquier embarcación que se acerca. Pensaba terminar con una lucha épica de alguna clase contra la serpiente, liberando el continente y propiciando la exploración de otras zonas del mundo. Ya me hacía la ilusión de reunir todos estos relatos en un sólo libro, Vakrivia, para más tarde hacer otros con los nombres de los distintos continentes que se fueran describiendo, cada uno con una colección de relatos cortos al estilo de los vakrivios. ¿Vais viendo lo "ambicioso" de mi proyecto, y cómo poco a poco lo convertí en uno de los objetivos principales de Carlos' life? Yo soñaba con publicar mis libros, ser un escritor, maldita sea.

Al mismo tiempo, cultivaba otro tipo de relato, dejando de lado la aventura fantástica, centrado más en la moraleja y en la forma, más experimental, simples pruebas de estilo, por llamarlas de alguna manera. Le estaba dedicando mucho tiempo, tenía mucha ilusión puesta en eso, ya ni me imaginaba ser otra cosa, cualquier otro oficio, otra carrera, sería una excusa para poder dedicarme a escribir.
¿Cuál fue el problema? BACHILLERATO. Ahí sí que no había medias tintas. O escribía, o estudiaba. Y estudié. Dejé de lado la escritura. Eso me dolía, es más, me duele desde entonces, saber que no puedo dedicar mi tiempo a escribir o a aprender cómo escribir mejor. En vista de mi sequía productora, me compré un cuaderno para escribir relatos donde quiera que fuese. En ese cuaderno hay tres relatos: una aventura de Dárker, una de Hetnaset (no flashbaquica, esta vez lo reviven tras su muerte, convertido en demonio; tenía intención de contar qué le había ocurrido en el “Infierno”, pero aún no he tenido oportunidad. La tercera fue una historia llena de mitología y documentación nórdica, la segunda parte de la Saga nórdica de Hrod’Maald, un relato tal vez demasiado ambicioso que aún tengo a medias.

Lo peor de todo es no sólo tener muchísimas ideas y carecer de tiempo (o, no quiero ni pensarlo, de ganas) para llevarlas al papel, sino tener las historias ya planeadas, este es el bueno y es así, el malo es asá, en este momento se descubre que el malo no era tan malo, etc, etc. Tener la historia ya escrita en tu cabeza, todo perfectamente montado, pero faltando ese detalle sin importancia: ¡ESCRIBIRLA!
Y esa es básicamente mi relación con la escritura: me ha acompañado durante toda mi infancia-adolescencia y, tras haberle puesto mucha ilusión y ganas, ahora me encuentro sin saber si merece la pena retomar Vakrivia, limitarme a los relatos experimentales (que son los que estáis “disfrutando” últimamente), o dedicarme a otras cosas. Acepto comentarios, opiniones y sugerencias.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

DON'T you dare NOT writing Valkrivia...get your fuckin' pen working and blow some fuckin' minds, perkele!!!

Algunenano dijo...

Yo sólo te recomendaré que escribas sobre lo que más te apetezca.

Neza dijo...

Yo desde el conservatorio sólo escribo en vacaciones y ya ni tengo ideas.
Algunas veces tengo algún bombillazo, pero o se me olvida o lo dejo a medias.