lunes, 25 de enero de 2010

Yo no sé lo que hago en este mundo. Hoy no me gusta nada el mundo. Nos manipulan charlatanes desde lugares lejanos para que entendamos que la energía nuclear mola y que no pasa nada porque a los tontos de Guadalajara nos pongan centrales nucleares. A nadie le importa nadie a quien no conozcan personalmente. Pinches pendejos de México comentan en mis vídeos sólo para comentar lo mala que es la traducción, sin ningún motivo aparente ni ningún argumento. Hoy veo el mundo como un gran teatro donde todos hacemos cosas sin preguntarnos por qué, donde repetimos incesantemente las mismas acciones repetitivas, colocar servilletas en la mesa, quitarnos la ropa, tirar la basura, fregar los platos. ¿Alguien sabe cuántos platos fregaremos durante toda nuestra vida? Un teatro cuyas escenas no merece la pena representar hoy, un montón de acciones que buscan como único objetivo comer, follar o reírse. No siento apenas ninguna conexión más que con un máximo de diez o doce personas, a las que también les extraña que me vuelque en ellas, y hoy veo claramente lo delgada que es la frontera entre la cordura y la locura, lo fácil que sería, para una persona que tenga al menos una chispa de luz en su interior, ver lo absurdo y mecánico de todo y rebelarse contra ello, negarlo, darse cuenta de que los locos son los demás, es la sociedad, que consiente, son los mandamases, que se mueven únicamente por poder, dinero o sexo, pisando los derechos de las personas, si es que no han renunciado ya a ellos, introduciendo mensajes subliminales en su cabeza para que, sin que ellos lo sepan, manipulen sus decisiones, bombardeándoles con publicidad, metiéndoles miedo, haciendo que deseen las mismas cosas por las que se mueven ellos: si no compras esta ropa no serás guay y no tendrás ningún poder en tu círculo de amigos, si no compras esta crema te saldrán granos y no follarás jamás, aprovecha esta oferta para ahorrar tres céntimos y poco a poco hacerte rico como yo. Puede que una de las pocas cosas realmente bellas e inmortales no sean los elfos, sea ver cómo una cara se ilumina de emoción al leer una historia o escuchar una canción de la infancia. Supongamos que viviré ochenta años, más o menos. Ya estoy a punto de haber vivido un cuarto de mi vida, y no sé cómo quiero pasar los demás. No sé para qué estoy en el mundo, puede que todo sea una broma y lo único que puedes hacer es tratar de disfrutarlo todo cuanto puedas, puede que esta idea me haya sido suministrada por un mensaje subliminal que quiere que disfrute y consuma como buen borrego, puede que lo único que valga la pena en el mundo sea echar unas risas con unos amigos y amar a una persona. Puede que mis genes me hagan entender qué cosas me deben resultar agradables porque ayudan a prolongar la estirpe, que los genes sean unos egoístas de mierda. Es muy seguro que mañana todo esto me parezca una estupidez, que me he dejado muchos puntos sin tratar que echan por tierra todas estas elucubraciones. Sin duda. Pero me ha gustado escribirlo, me ha gustado sentir algo temblando en mi estómago mientras lo escribía, y ese nudo en la garganta que anticipa el llanto. La furia con la que golpeo las teclas, mi violenta forma de respirar. Saludos

2 comentarios:

Imil dijo...

hay cosas muy internas que nos harán llorar de alegría, hay un sentimiento interior que nos llama para algo eterno, algo más allá de lo puramente temporal... Todo el mundo parece moverse igual y todo el mundo dice lo mismo: que no pertenece a ningún rebaño. Quizás estamos adentrándonos en esa etapa de "la fugacidad de la vida" o algo así...

Supongo que al final... All you need is love :) [y no sólo parejísticamente hablando]

No te frustres ;) no puedes dejar que sea tu alrededor y la forma de comportarse el que decida si estarás feliz o no :)

hala, perdona por escribir tanto es que me ha parecido bastante interesante, más que nada porque también rondan por mi cabecita cosas así últimamente ^^ un biquiño.

Algunenano dijo...

Desde hace un tiempo vengo pensando, y confirmando, que la gente no actúa cual borrego porque sea tonta. La gente no es tonta. La gente se da cuenta de muchas más cosas de lo que parece. Lo que pasa es que es más fácil hacer como si no pasase nada que enfrentarse a los problemas.