jueves, 3 de diciembre de 2009

La Chanson de Roland

La chanson de Roland (El Cantar de Rolando o Roldán) es el cantar de gesta europeo escrito en romance más antiguo. Se escribió a finales del siglo XI (aunque ya se contaban historias de Roland y Carlomagno desde antes de que se escribiera, como en la batalla de Hastings, en el 1066) y es anónimo, aunque su autoría se atribuye a un monje normando llamado Turoldus (Turoldo). Consta de 4.002 versos decasílabos, organizados en 291 tiradas o estrofas. Como todo cantar de gesta, narra hazañas bélicas, en este caso nos cuenta la batalla de Roncesvalles, que tuvo lugar el 15 de agosto del 788. Al haber sido escrito unos tres siglos después de los hechos históricos, la deformación es muy exagerada. Vamos a contar los hechos históricos, lo que ocurrió en realidad:

Carlomagno, que aún era un joven rey, tenía interés en el territorio hispánico, y cuando se enteró de que el gobernador de Zaragoza, Sulayman al-Arabi, se había sublevado contra Abderramán I, acordó aliarse con él a cambio de que le cediera la ciudad de Zaragoza. Entre mayo y junio del 778 Carlomagno se adentró en la península con sus tropas. Cuando llegó a Pamplona, la ciudad se rindió. Carlomagno continuó hasta Zaragoza, pero Sulayman se negó a rendir la ciudad. Carlomagno puso asedio a Zaragoza. Por desgracia, le llegaron noticias sobre una revuelta de los sajones y se vio obligado a regresar rápidamente, abandonando el asedio. Suponemos que Carlomagno estaba bastante cabreado por haber hecho un viaje tan largo y peliagudo para nada, de modo que al volver a pasar por Pamplona, destruyó totalmente la ciudad y siguió su camino.

Al regresar por el desfiladero de Valcarlos (se llamaría así más tarde en referencia a Carlomagno), la retaguardia de su ejército fue emboscada por unos atacantes misteriosos, no queda claro si eran vascos en su totalidad o si también participaron musulmanes (lo que no sería descabellado, dada la alianza entre los caudillos pamploneses y la familia Banu Qasi del valle del Ebro). El caso es que la retaguardia, atrapada en un desfiladero estrecho y hostigada continuamente por piedras y flechas, no pudo hacer mucho por defenderse, y murió Roland, prefecto de la Marca de Bretaña, que comandaba la retaguardia. Los atacantes se desperdigaron por el bosque y no se pudo hacer nada por vengar la muerte de los francos.


Hasta aquí los hechos históricos. En el cantar de gesta, tres siglos después, nos encontramos con una historia de acción y valentía llena de milagros y exageración. Recordad lo que os he dicho que pasó en realidad y comparadlo con esto:
Carlomagno, ya entrado en años, ha conquistado la península por completo tras siete años de cruzada, y sólo queda la ciudad de Zaragoza en poder musulmán. En ella gobierna el rey Marsilio, que envía una propuesta de paz. Carlomagno discute con sus doce Pares qué es lo que debe hacer (entre ellos está Roland, que ahora es su sobrino en vez del prefecto de la Marca de Bretaña). Roland propone mandar a su padrastro Ganelón como embajador. Ganelón odia a Roland y piensa que lo están enviando a la muerte. De modo que Ganelón se alía con Marsilio en secreto, consigue que los francos se vayan y que Roland sea quien mande la retaguardia del ejército. El ejército musulmán se reúne, unos pocos vascones transformados en casi medio millón de soldados musulmanes. Atacan en campo abierto (no en un desfiladero), y los francos, unos 20.000, resisten con valentía. Roland no consiente en tocar su cuerno, el olifante, para pedir ayuda a Carlomagno, a pesar de que su amigo Oliveros se lo pide (Oliveros es un personaje totalmente ficticio).
Tras rechazar oleadas y oleadas de atacantes, Roland toca el olifante, con tanta fuerza que le estallan las sienes (algunos dicen que le explotan los tímpanos). Pero es demasiado tarde, ya han muerto Oliveros y todos los demás caballeros. Roland, herido de muerte, trata de romper su espada Durandarte contra una roca para que no caiga en manos enemigas, pero es la roca la que resulta partida en dos. Muere tras encomendarse a Dios.

Mientras tanto, Carlomagno ha oído el cuerno de Roland y ha adivinado la traición de Ganelón. Lo arresta y lo hace vigilar por 100 hombres, que le propinan cuatro bofetadas cada uno (400 bofetadas son muchas bofetadas). Carlomagno y su ejército regresan al galope y persiguen a los musulmanes que están huyendo. Como va a caer la noche y la persecución tendrá que interrumpirse, Carlomagno pide a Dios un milagro. Por supuesto, el Sol se detiene y el día dura lo suficiente como para que Carlomagno extermine a los musulmanes.

Pero aún hay más. Marsilio, el rey de Zaragoza, ha pedido ayuda a Babilonia, y ha llegado el emir Baligant con un nuevo ejército “Allí se veían moros, turcos, gigantes y monstruos de toda clase, pero los corazones de los francos eran animosos y no sentían miedo alguno”. Carlomagno, que ha enterrado a los valientes que murieron en Roncesvalles, derrota tranquilamente a este nuevo ejército y mata personalmente a Baligant. Para rizar el rizo, llega hasta Zaragoza y la toma sin problemas.

Para terminar, la historia, el traidor Ganelón es juzgado. Y el juicio consiste en un duelo entre Thierry d’Anjou, que sostiene la culpabilidad de Ganelón, y Pinabel, sobrino del traidor. Thierry d’Anjou le abre la cabeza a Pinabel, con lo cual se demuestra que lleva razón, Ganelón es paseado por las calles para sufrir los insultos del pueblo (que a lo mejor ni sabía por qué insultaba a este señor), y muere descuartizado por caballos salvajes. Como remate, treinta parientes de Ganelón son ahorcados en las murallas. ¿Por qué? Ni idea.

1 comentario:

Algunenano dijo...

Mala la hubisteis franceses en esa de Roncesvalles.