martes, 29 de septiembre de 2009

Nod your head, the Charles is coming back.

Lo sé. Ha llegado la hora. Con la vuelta al cole, llega la vuelta al blog. Y la vuelta a las reflexiones: Hoy tengo dos puntos principales.
He estado en un curso de francés con gente de 25 años para arriba. Y en los descansos, las conversaciones no me han gustado nada. Es más, me han asustado un poco. Nada de charlas sobre libros, películas o música, ni siquiera temas banales. Todo se redujo a conversaciones bañadas en humo de cigarrillo sobre la bolsa de trabajo, la banca o los telediarios. Lo siento, pero eso no es para mí. Demasiada inmersión en el mundo real y muy pocas vías de escape espiritual. Gente que se ha resignado y ha visto que tiene que aceptar el mundo, que no intentan cambiarlo ni huir de él. Acabé bastante harto. ¡Yo no quiero terminar así! Sin originalidad, ilusión ni inocencia, sólo buscando el dinero, la enajenación voluntaria, el último truco para engañar a los demás en beneficio propio.
He leído un par de textos del “generoso” pack de Civilización B I (inglés), sobre tres matrimonios que se comportan como si vivieran en la década de 1940, 1950 y 1960, respectivamente. Decían que les horrorizaba el mundo de hoy en día, que no veían la televisión ni leían periódicos, que vestían a la moda de la época, sólo se relacionaban con gente como ellos (¡!) y que la mujer se centraba en arreglar la casa, hacer la comida y resultar atractiva a su marido, que es quien lleva dinero a casa, se ocupa del coche y del bricolaje. Alegaban que hoy día la mujer quiere parecerse lo más posible al hombre, y que eso a lo único que lleva es a un desorden en el hogar. Si ambos tienen claros sus roles, el orden está garantizado. Lo que es obvio es que hoy en día hay un problema con la sociedad. No sé definirlo, tal vez porque sea difícil de abarcar, pero todos (creo) sabemos que algo va mal. Hay dos maneras de evitarlo: Enfrentarse a ello o huir. Se puede huir de muchas formas: Puedes convertir tu casa en un hogar de los 40, meterte en una comuna hippy, hacerte monje, pegarte un tiro, o simplemente encerrarte en tu casa con muchas latas de comida. En mi opinión, cualquiera de ellas es propia de cobardes. Por otro lado, enfrentarse a ello es una estupidez: ¿cómo vas resolver un problema que no puedes definir? Vaya, me estoy quedando sin vías de escape. A lo mejor es que no las hay, y que estamos dirigiéndonos al desastre con nuestra política de: Cada vez más grande, más placentero, más espectacular, más arriesgado. Tal vez huir no sea tan cobarde o, aunque lo sea, sea también la única solución: Vivir a tu manera, resignándote a dejar que el mundo siga tu curso, afectándote cuanto menos mejor.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Si bien mi primera reacción ha sido algo como...¿ya has empezado a leerlo?? You FR**K! Luego he llegado a la reflexión de las ultimas lineas y debo admitir que aunque es irritante, exasperante y no da muchas alegrías, es cierto.

Anónimo dijo...

Loscer! volviendo a las andadas asi me gusta! Respecto a la entrada, solo decirte que tienes mucha razon pero bueno es lo que hay, sabes lo que te digoooo!XD

Neza dijo...

Ese es mi primo, mamma mía.
Yo creo que hay que organizar una revolución, ponernos de acuerdo y revindicar algunas cosas...







(di no a copiar enunciados, no vale para nada)

Alitzia dijo...

¡Cuánta razón llevas!
Nos empeñamos en creer que la felicidad aumenta conforme mayor sea lo que poseamos, pero lo peor de todo es que nos dedicamos más a mirar lo ajeno y anhelarlo que a conformarnos con lo que tenemos y ser felices con ello.
Ante esta esta sociedad encaminada al desastre moral y humano, creo que tan solo nos queda mantenernos firmes en nuestras creencias y nuestro código moral e intentar pasar estos valores de generación en generación. Esperemos que surta efecto.

=)