domingo, 3 de mayo de 2009

Hormigas

Todos sabemos lo que se dice de las hormigas: son trabajadoras (La Cigarra y la Hormiga), pueden levantar cincuenta veces su peso (Cariño, he encogido a los niños), defienden la colonia del enemigo pero no porque sean valientes sino porque no pueden decidir como Héctor, hijo de Príamo, rey de Troya (Ética para Amador), los saltamontes les tienen tirria (Bichos), las rojas son unas hijas de fulana (esto es sabiduría popular), etcétera, etcétera. Pero yo os pregunto, ¿no se parece nuestra vida a la de una hormiga? Todo lo que hacemos, todo en lo que trabajamos y por lo que luchamos, que amontonamos poco a poco, se puede ver destruido en un instante, años de intenso trabajo y paciencia sobrehumana tirados por el retrete. Y eso es igual que el hormiguero, obra de ingeniería brutal y muy superior a todo lo que pueda hacer un humano, donde las hormigas acumulan comida, se crean un lugar donde vivir, un lugar que defienden…pero que en cualquier momento puede verse aplastado por un estúpido niño con la misma facilidad con la que yo escribo estas líneas (mucha). Hay un hormiguero en Garbajosa, un hormiguero bestial, enorme, en el que un niño pequeño podría hundirse. Podéis ver a las hormigas correteando dentro y fuera de su hogar, casi da la impresión de que el hormiguero es un ser vivo. Una vez a alguien se le ocurrió meter un palo en ese hormiguero. La reacción fue instantánea y violenta. Lo que parecía un ser vivo ahora lo era, millones de hormigas formando una superficie uniforme, lanzándose a por el intruso. Indefectiblemente, salíamos corriendo porque las hormigas nos estaban ganando. Empezaba a ser inquietante el que se nos subieran por las piernas. Sabiendo esto, y que antiguamente una de las muertes más horribles era untarte de melaza y atarte cerca de la entrada de un hormiguero (aunque otra de las feas es atarte en un pantano con sanguijuelas, y por supuesto el empalamiento, porque si tuviera que hablar de torturas escribiría un blog entero, rezumante y asqueroso), la moraleja es: si bien las hormigas pueden parecer idiotas por hacer tantos esfuerzos que se pueden destruir tranquilamente, es mejor no tocar sus insectiles pelotas porque te puedes llevar una desagradable sorpresa.

3 comentarios:

Neza dijo...

Hoy la prima hormiga ha tenido una de esas. Harta de que los inútiles de sus compañeros te tocasen los bemoles, el último que lo intentó (Cuque) se ha llevado tal bofetón en medio de clase que todos mis compañeros se han quedado callados (ninún profesor lo había conseguido hasta ahora) y el profesor, en vez de regañarme, me ha felicitado.
Para que la próxima se atrevan a meterse con esta hormiga

TalesLoscer dijo...

Me encanta. Según tengo entendido, se han vuelto un poco macarras esos dos, no?

Anónimo dijo...

Una de las mejores reflexiones que he visto desde hace tiempo, enorabuena