jueves, 13 de diciembre de 2007

La última pesadilla de la clase 17 o “English lesson with a zombie expression”

Dedicado a toda la clase JP5BS del curso de verano 2006 del Brittish Council. Por orden de defunción en el relato:

Ignacio Fernández De La Peña
Elian López Cantalejo
Miguel Díaz Bauluz
El menda
Carlos Gamarra Cortina
Marina Fernández Cano
Marta Anquita Sobrados
Paloma Pavía Rodríguez De Rivera
Elena Porres De La Cruz
Jose Luis Álvarez Fernández
Clara Lucas Guerra
Gonzalo García Silva
Antonio Gil De Gómez Pérez

Este relato es un pequeño guión del proyecto del curso. No deja de ser una secuela de Scary Movie.



La clase 17 del Brittish Council al completo echó a correr hacia las puertas que separaban el edificio de la calle. Para cuando llegaron, la enorme verja estaba cerrada, y no había rastro de los vigilantes. Ni un alma en la calle. Los trece jóvenes se miraron unos a otros, indecisos. Habían estado hablando con Mike hasta hacía muy poco, y las demás clases habían salido ya.

-¿Qué hacemos?- preguntaron las chicas.
-Parece que no quedan alumnos. Habrá que volver y avisar a Mike.- sugirió Gonzalo, temblando como una hoja. Era un joven epiléptico que a menudo sufría crisis nerviosas.
-¿Otra vez ahí dentro? Yo no voy ni loco, bastante les he aguantado ya.- se quejó Antonio. Algunos de sus compañeros le apoyaron.
-Bueno, vamos unos cuantos y ahora traemos a Mike.- zanjó la discusión Carlos L.

Las chicas, Carlos L, Miguel, Jose Luis y Gonzalo volvieron al interior, mientras Antonio, Nacho y Carlos G se quedaban intentando salir. Fue inútil, y pronto se sentaron en un banco. Había empezado a anochecer, y las nubes más negras cubrían el cielo.

El edificio tenía las luces apagadas, y su aspecto era a todas luces inquietante (valga la redundancia). Los jóvenes avanzaron a tientas hasta el piso de arriba. No había nadie en la sala de profesores, así que enviaron a Jose Luis a avisar al resto. Las chicas optaban por pasar la noche en el sombrío edificio, así que fueron a buscar un sitio confortable. Cuando todos estuvieron reunidos en la biblioteca, a Nacho, a quien las tripas le rugían ferozmente, se le ocurrió una idea.

-Seguramente aún queden bocadillos de hoy. ¿Alguien quiere ir a comprobarlo?
El silencio fue sepulcral.
-Vale, vale, iré yo. Caguetas.- Nacho salió de la biblioteca despacio, pero con firmeza.

Nacho pronto encontró una caja de bocadillos en un aula vacía. Antes de volver a la biblioteca, abrió y se zampó uno de paté con queso. Luego, cogió la caja y regresó a la biblioteca. Sin embargo, ninguno de sus compañeros tenía ganas de comer. Nacho, maldiciendo entre dientes, sacó la caja de la biblioteca a patadas y la llevó hasta el aula donde la había encontrado. Entonces, notó algo raro en sus tripas. Se llevó la mano al vientre. Temblaba. Ante sus ojos, su piel se rasgó y algo saltó al suelo. Un bocadillo con dientes y ojos. Nacho cayó al suelo, chorreando sangre por la herida. El bocadillo rugió y trató de morder a Nacho. El joven, arrodillado, tuvo fuerzas para agarrar el bocadillo y lanzarlo contra la pared. El paté con queso se desparramó por todas partes. Nacho intentó gritar para avisar a sus compañeros, pero no tenía energía suficiente. Se dio cuenta de que la caja se agitaba con violencia. Se abrió de repente, y todos los bocadillos antropófagos le atacaron a un tiempo.

Nacho no volvía, pero todo el mundo estaba ya dormido la biblioteca, a pesar del duro suelo. Pensaban que Nacho, enfurruñado porque no habían agradecido su acto de solidaridad, se había ido a dormir a otra parte. En cierto modo, tenían razón. Sin embargo, Elian no podía dormir. Aquel lugar le daba mala espina. Se levantó a dar una vuelta para cerciorarse de que no pasaba nada. Salió de la biblioteca y avanzó por el pasillo. Advirtió que alguien había quitado un extintor de la pared.
-¿Quién habrá sido?- se preguntó la chica.-¡Hay que avisar a los demás de que hay alguien en el edificio!
Elian echó a correr. Dobló la esquina para entrar en la biblioteca, pero alguien la golpeó en la cara con el extintor. Su cráneo se partió en pedazos, y sesos y sangre se desparramaron por las blancas paredes de gotelé.

Miguel se despertó al oír el golpe. Sin desvelar a los demás, salió de la biblioteca a hurtadillas. Al ver el cadáver de Elian en el pasillo, Miguel empezó a gritar. Los demás se despertaron y acudieron a ver qué pasaba.

-¿Miguel? ¿Qué pasa?- preguntó Antonio.
-¡Elian! ¡Está...- el grito de Miguel quedó ahogado de repente. Cuando la clase llegó hasta allí, vieron una figura tras Miguel. Le habían degollado con un largo y afilado cuchillo. La figura se acercó, tras dejar caer a Miguel al suelo, que empezó a cubrirse de sangre.
-Damian? Are you Damian?- preguntó Antonio.
-Yes...and no.- respondió la figura. Ciertamente, parecía Damian, el profesor, pero unos colmillos le sobresalían de la boca, sus orejas eran puntiagudas y sus ojos se habían vuelto rojos. Los chavales retrocedieron, asustados. Una segunda figura apareció junto a Damian. Era Mike.

-Mike! Help us, please! Damian is a vampire!- suplicó Elena. Mike sonrió y se dejó caer al suelo a cuatro patas. Ante los ojos incrédulos de la clase, la camisa de Mike se rasgó al abultarse su musculatura, su rostro se alargó y su cuerpo se cubrió de pelo. El tatuaje de un león rojo que lucía en el hombro desapareció bajo su espeso pelaje. Lo que se incorporó segundos después ya no era Mike. Era un hombre lobo. La clase echó a correr sin más miramientos. Pasaron junto al cadáver degollado de Miguel, el cuerpo descabezado de Elian y el carcomido esqueleto de Nacho, y salieron por patas hacia el piso de arriba. De cada clase salía un batallón de zombies y no-muertos. También vieron a profesores como Kevin McLeod o Liz Tuck, convertidos en espantosas criaturas. Los perseguidores cada vez eran más numerosos, aunque por suerte se movían con una exasperante lentitud. La clase 17 se paró en medio de un pasillo. No se oía ya el arrastrar de pies de los monstruos. Todo había quedado en silencio de nuevo. Antonio y el epiléptico Gonzalo trataron de abrir la puerta de la clase 17, mientras Carlos L., que tenía algo que decir, se situaba frente a los enormes armarios blancos diseminados por las paredes. Durante todo el curso se habían estado preguntando qué ocultarían, y cuál sería la finalidad de las etiquetas con fechas que tenían pegados.

-¡Escuchadme!-dijo Carlos L. -Nos persigue un ejército de monstruos de pesadilla. Por suerte, sé cómo luchar contra ellos. Así que... - Un armario se abrió de golpe tras Carlos L. El chico se giró.

Una mano garruda y putrefacta salió del armario, cogió a Carlos L. por la camiseta y lo arrastró al interior. Los jóvenes pudieron ver cómo docenas de no-muertos allí hacinados lo despedazaban a golpes y se repartían sus restos. Después, el armario se cerró con gran estruendo.

Una hora más tarde, lo que quedaba de la clase 17 estaba atrincherada en dicha clase. Habían asegurado la puerta con sillas y mesas. Las ventanas que daban al exterior estaban cerradas por fuera y reforzadas con una reja. De todas maneras, las chicas rompieron los cristales con sillas y trataron de llamar la atención de alguien a base de chillidos. Fue inútil, pues ya era de noche y no había un alma sobria en la calle, pues era viernes por la noche.

Entonces, decidieron hacer una salida, pues los muertos vivientes no tardarían en volver a atacar, y su mero número podía acabar con todos los alumnos. Ya sólo quedaban Carlos G., Jose Luis, Elena, Paloma, Clara, Marta, el epiléptico Gonzalo, Antonio y Marina, pero eran bastantes para sobrevivir. O eso pensaron. El plan era el siguiente: Carlos G. iría a buscar algo de comer a la máquina de comida, mientras el resto trataba de escapar. Obviamente, el plan había sido ideado por el hambriento Carlos G.

Los alumnos echaron a andar, armados con sillas. Antonio cargaba con un cassette antediluviano. A pesar de ir armados, caminaban temerosamente y tratando de escudriñar la oscuridad. Cuando llegaron al piso de abajo, Carlos G se separó del grupo. Llevaba varias monedas en la mano, que introdujo en la máquina. Entonces vio, reflejado en el cristal, al hombre lobo McDonald. Carlos G se giró, aterrado, y trató de golpearle con su silla. El hombre lobo detuvo fácilmente el golpe y arrojó la silla lejos de él. Acto seguido, agarró a Carlos G por la espalda con sus afiladas garras y lo levantó. Lo dejó caer sobre su rodilla mientras chillaba, de manera que sus costillas se partieron. Después, lo levantó de nuevo y lo incrustó de cabeza en la máquina de comida. Allí lo dejó, entre tanta comida que no había podido probar. Los hierros que sujetaban la comida se habían incrustado en su cráneo, así como trocitos del cristal. Carlos G., antes de morir, sacó la lengua para tratar de lamer el chocolate de un Chipicao, pero no lo consiguió. Mike McDonald echó a correr a cuatro patas tras las presas restantes.

El resto de los alumnos siguieron su camino. Marina iba rezagada, así que nadie notó su ausencia cuando Mike la agarró bruscamente. Le tapó la boca con la mano y la arrastró por el pasillo hasta llegar a la biblioteca. La impresora estaba allí, encendida. Mike colocó la cabeza de la aterrorizada Marina en la impresora, levantó la pesada tapa y la bajó con todas sus fuerzas, al tiempo que pulsaba el botón. Varias fotocopias salieron de la máquina. Mike cogió una fotocopia. La sangre de Marina resbalaba por la impresora. El hombre lobo examinó la fotocopia mientras mostraba sus colmillos.- “It’s a very good picture. Extremely realistic.”- dijo con voz cavernosa.

Marta, Elena y Paloma se habían dado cuenta de la desaparición de Marina, así que también se separaron del grupo. Las desdichadas pronto se vieron rodeadas por docenas de muertos vivientes. No podían escapar. Damian el vampiro se abrió paso entre los cadáveres andantes y se situó ante las jóvenes aterradas. Mostró los dientes, abrió la boca y...
-¡Uh!- las tres chicas cayeron al suelo del susto, llevándose la mano al pecho. El vampiro, incrédulo, comprobó que estaban muertas. Ante una muerte tan insípida, el vampiro no pudo menos que, de un certero golpe de cuchillo, sacarles los corazones y devorarlos con insana avidez (lógico, por otra parte, ya que el vampiro está previsto de una sed de sangre y matanza sin fin, debido a que es símbolo de las más bajas pasiones humanas). Se echó a reír a carcajadas y continuó persiguiendo al grupo.

Mike se alzaba ante los supervivientes. La única chica del grupo, Clara, se adelantó y le propinó una patada de kung-fu. Después, avanzó hacia el caído Mike y le asestó varios golpes con los puños. Finalmente, mientras el hombre lobo trataba de ponerse en pie, Clara se arrancó un colgante de plata en forma de puñal que llevaba al cuello y lo clavó en el corazón de Mike. El hombre lobo aulló lastimeramente y murió. Los chicos la miraban asombrados.

Entonces, los zombies, antiguos alumnos revoltosos del Brittish Council aparecieron ante ellos. Los jóvenes reconocieron a Elian, Carlos G., Marina, Marta, Elena y Paloma. Clara sonrió y dijo:
-Jose Luis, Gonzalo, Antonio, marchaos. Yo acabaré con ellos.
Gonzalo y Antonio echaron a correr. Un vampiro con rastas había aparecido. Clara se había quedado estupefacta, mirando a la criatura completamente embobada. El vampiro se acercó con cautela, pero Clara no suponía ningún peligro. Los rastafaris la volvían loca. El vampiro se relamió los labios y se lanzó sobre su cuello. Mientras el vampiro sorbía toda la sangre que era capaz, Clara, extasiada, se dejó caer al suelo. Cuando hubo acabado, el vampiro se levantó y, pasando por encima del cadáver de Clara, salió tras los tres alumnos restantes.

Gonzalo, Jose Luis y Antonio se habían perdido y, perseguidos por los no-muertos, habían acabado en el primero piso de nuevo. El vampiro rastafari se acercó a ellos. Avanzó hasta Jose Luis y le arrancó la cabeza de cuajo. Después, miró fijamente a Gonzalo, el epiléptico, mientras alzaba una mano. Gonzalo entró en trance y empezó a temblar más de lo normal. Acto seguido, aullando como un loco, salió corriendo hacia una clase, entró y se arrojó contra la ventana. Dio al traste con la reja y cayó al suelo, matándose en el acto. Antonio se abalanzó entonces contra el vampiro rastafari, y le aplastó la cabeza con el radiocassette.

Los no-muertos rodearon a Antonio. El decapitado Jose Luis se levantó y se unió a ellos. De entre la masa de amenazantes zombies surgió Damian el vampiro. En la mano llevaba el cuchillo. Lo acercó a su cara y lo lamió con ansia. Caminó hasta quedar a pocos centímetros de la cara de Antonio. Abrió la boca y dijo...

-Antonio!! Were you sleeping in class?- Antonio se despertó sobresaltado.
-Eeeh...¡no! Sorry, Damian. -Antonio se incorporó y se restregó los ojos con la mano.
-The course has finished. You can go home.- dijo Damian, sonriendo amablemente. No quedaba nadie más en la clase, todos se habían ido ya.
-Oh, thank you!- dijo Antonio, contento.

Antonio se levantó y se fue. No se dio cuenta de que la cabeza de Damian le miraba, hasta quedar completamente girada hacia atrás. Cuando Antonio se fue, Damian se echó a reír con maldad y se fue en pos de él, mientras sus colmillos surgían de su boca y sacaba el cuchillo. Las puertas del Brittish Council se cerraron con gran estrépito.

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